Danny (Heath Ledger)
I was waiting...
Danny (Heath Ledger)
Nota: cómo hacer estupideces una noche de sábado
Weekend after you, or it, whatever
Desde entonces no he tocado más el libro que siempre huele a ti. Aunque perfectamente sé que no es otra cosa que la magnifica realidad de tu aun palpable existencia. Tu existencia en mi librero. En la música del siglo XIX. Y en todas las pequeñas cosas con sabor agridulce y añejo. Hará unos meses tuve noticias tuyas, y no hice más que reír, eso, y todo el día. Me senté por horas en la silla acostumbrada. Tenemos esta inexorable forma de vivir a través de los ojos. Te lo expliqué muchas veces. Fue como el primer día que conversamos. No te miento si confieso: extraño a veces esos días. Días de fotografía. Días de café y cigarrillos a las cuatro de la tarde. De esas épocas donde estuve cerca de comprender como era vivir dentro de mi cuerpo. El desgastado. El torpe. El doloroso. No hacía más que resignarme a que la gente no me agradará nunca. Tú más que nadie lo sabes. Días de amigos. No tenía que preocuparme por las situaciones de ahora. Y quisiera contártelo todo. Ya no voy a pedirte que vengas. De sobra sé que no lo harás. Y supongo que tampoco lo necesito. Una cosa es clara: sucede que he intentado de alguna forma, remplazar la ausencia de tus días. Pero por supuesto que “desde entonces” he llegado a la conclusión de que es inútil. Nadie es tan prosaico como tú a la hora de escribirme, ni tampoco tan complejo. Por lo tanto, tampoco tan poético. Así que en noches como esta, uno sabe de esas cosas. Al menos trato de escribírtelo fuerte y claro. Ya no pido que vengas. Si acaso es el libro que se posa atolondrado sobre mis piernas. Y no puedo fumar más. Ni besar ya mis paredes. Mi casa es la misma has de saber, todavía así, no me has escrito. Por eso tengo tristeza sureña ahora, y desde que sé que no vendrás, que no vienes, qué sin duda no vienes…no hago más que huir de los aeropuertos…
…………
Recibo una llamada la noche de viernes. Eres tú. Quieres saber si estaré libre el domingo después de las doce. Preguntas “¿cómo estás?”. Yo te doy mis respuestas usuales “Tú sabes, no sé, si estoy viva para entonces, claro. Sí”. Y lo estarás, ¡tienes que estarlo! .. “si, bueno..je ne sais pas, todo depende de la noche de sábado”. Luego, me llamas el día pactado. Ahora dices que estás enferma. Para entonces ya he decidido ir, mas tarde, claro. Los domingos siempre tienen un pedal qué para o sigue. Depende del clima. Un domingo caluroso no es más que una tortura depresiva si no hay playa o lentes de sol. Pero si llueve, si las horas se prestan, si hay té, cigarros…y tu olor, tu cara enferma, la cama de tu madre, bueno, seguro algo podríamos hacer.
Despierto: Todavía puedo soñar contigo. Puedo tomar mi cuerpo y colocarlo a orillas de la cama, garabatear un abismo entre el suelo y mis pies. Y soñarte. Soñarte como si aun estuvieras, o estuviste antes. Y sé que nunca será después. Aun puedo encender el televisor. Decirle que no al porno. Apagarlo. Arroparme bien bajo mis sabanas. Morderme mucho la boca como nuevo gesto adoptado. Verás, procuro explicarme toda esta situación. El por qué soñar contigo cuando diariamente no hay nada que me recuerde a ti. Pues no hago más que vivir como dice la gente que se hace. Tomar un transporte. Escuchar música y no ver a nadie que no sea del sexo femenino. Sonreírle a esa mujer, al hombre, a la nueva psicóloga. Qué es tan personal, si yo lo quiero. Sin embargo, despierto día a día a la misma hora, tarde, como hoy, domingo, y me repito, muy egoísta: “todavía puedo soñar…” (Si pongo “contigo”, rima, y sabes perfectamente, que no me gusta rimar…).
Dinámicas inofensivas del silencio II
- Y bueno, el amor qué, tú y el amor qué…
Estúpida pregunta. Pienso. La miro fumar y beber café. Y le respondo mientras juego con mi bolígrafo.
- Creo que él y yo nunca nos hemos llevado muy bien…
Se acerca con aire burlón, la muy cínica.
- Creí que el problema era que se llevaban demasiado bien…
Me alejo hacia el respaldo de la silla. – Nunca lo pensé de ese modo, pero es cuestión de percepciones claro, de cualquier forma eso no va, al menos por el momento…
- “Este momento” – hace una pausa, suspira – el momento que parece has prolongado toda tu vida. En eso qué…sí. Tu búsqueda de la “perfección posible”, son humanos Waltz, pides demasiado…te dije tantas veces que no existe…
- No he insinuado tal cosa – le digo indiferentemente.
- Bueno, de cualquier modo, enamorarse es tan sobrevalorado. Es inútil. No sé siquiera si lo he sentido alguna vez.
Contemplo sus manos. Son realmente grandes, blancas, pálidas. Como hilos de hielo que se funden con la mesa de metal.
- En eso te equivocas, en lo de inútil, claro – sonrío para ella –
- Te sirvió de algo, ¿waltz?
Tendría que pensar la respuesta. Lo suficiente. Intento voltear hacia la calle, estamos justo a lado de una avenida. Los transeúntes siempre tienen una mirada para gente como yo, ella dice.
- Si te refieres a estarlo, sí. Me sirvió – hago una pausa – Decírtelo, nunca. No. No me sirvió de nada. Pero no esperaba que eso me sirviese de algo. He ahí la libertad del acto. La libertad mía que tú ni nadie puede tocar. Tampoco pienso en su utilidad por supuesto. Más bien lo pienso como un lapso, de muchos años, pero eso, un lapso, un vado…
Su mirada interrumpe mi monologo. Ahora todo su rostro se ha descompuesto. Hace todas las muecas sin hacerlas. Así, con un remolino de mementos en su cabeza, una piensa que tal vez se desmayará, entonces dice:
- Pensé que no íbamos a tocar ni remotamente ese tema – lo dice azotando la cuchara, mirando hacia la mesa inmóvil que sostiene sus manos - .
- ¿Qué cosa? ¿qué tema? La parte donde te mezclo a ti con el amor, o que…
- Cállate Jazmín – ordena mirando cualquier cosa que no sea yo -.
Entonces, cuando dice así “cállate Jazmín”, sé que el silencio gobernará unos cuantos minutos. Y era pues mejor callarse. Pronto diré “tengo que irme”, o ella dirá “me voy ahora”. Me busco en el bolsillo cualquier billete para abandonar cerca del servilletero. Me preparo para verle por última vez. Verle sin darle un beso. Ya he dicho que jamás nos tocamos. Regalarle, quizá, un boleto para el subterráneo, pedirle que esta vez se vaya, de una vez, y para siempre…
- No quiero irme aun, espera unos minutos, carajo Waltz…
Y maldice con desdén. O a decir verdad, ya no sé por qué maldice. De repente se acerca, pretende preguntarme algo. Coloca las palmas de sus manos sobre la mesa, quiere la verdad…
- ¿Ya no me amas, Jazmín?
Tengo que acercarme a su pequeña oreja traslucida. Aspirar genuinamente su perfume. Lo hago más por maldad. Más por lascivia. Más por dolor.
- Te amo mucho, y de verdad, bien sabes…que eso tampoco nos sirve…
Se aleja. Tiene esa risilla de satisfacción.
- Naturalmente.
- La diferencia es que hoy, ya no estoy, cómo es que dicen, ah sí… enamorada de ti. Pude por supuesto, y si existe ese del que vos hablaste tanto un día, y él sabe que pude hacerlo, qué digo hacerlo ¡estarlo!, y por siempre, pero bueno, tampoco iba ser infiel a tu deseo.
- Y cual exactamente era mi deseo, según tú
- Qué no lo estuviese, lo dijiste tantas veces. Todas iguales como balas que se alojan en el tórax. Luego en los brazos, en las piernas, y ya, cuando no te puedes mover, piensas un poco en dejarte ir. Lo haces, te vences…porque después de todo, bueno…después de todo, es lo que tú quieres, o mejor dicho “querías”…
- ¡Qué sabes tú de lo que yo quería!
- Sólo lo que tú me decías, o me permitías saber, lo siento…
- Claro, sacando conclusiones como te arrancas un cabello, ¿no?
Bebe café. Fuma. Aun tiene en la cara huellas de la arrogancia que contiene. Yo me detengo por que sé que es lo más sano. Decir nada. Minutos después levanta la mirada, me mira fijamente.
- … y cómo sabes, que ya no estás enamorada de una persona… - Ella traga saliva de vez en vez. Oprime sus labios. Tiene un semblante apacible, tierno.
- Uhmm pues, no sé como sea para alguien que no sea yo. Es simplemente que ahora puedo convivir más con el mundo. Él y yo. Una sola batalla. Luego, bueno, duermo más. O mejor, eso, sobre todo. – Ríe un poco entre dientes – Puedo pasar un día sabiendo que a lo mejor será como yo lo espero. Es decir, puedo hacer de él lo que quiera. No vas a venir tú desde abajo. Al final de todo. En algún bar, con cualquier gente. Cuando veo una obra, voy a un recital, leo un buen libro, no estoy pensando nada más en ti, ni deseo sólo llegar a casa para decirte, o querer hacerlo todo contigo. No me estoy muriendo porque cuando más te amo no estás. Ni porque en el fondo sé que planeas tu vida y hasta el último peldaño me encuentro yo, y para mí, tú podías estar antes que todo, tan fácilmente. Ya no estás más en las canciones. Eso es definitivo. Y sobre todo…- silencio – ya no me importa que tú no lo estés. Qué ni siquiera pienses que lo estés…porque claro, está, jodidamente sobrevalorado…
- Uhmm…- lentamente coloca su cabeza sobre sus manos, inexplicablemente tan fijas a la mesa. Su respiración era profunda. Tranquila. Parecía que el fin del mundo se asomaba por sus fosas nasales.
Relatos de cocina II
¿Y si me dices nada?
A posteriori
Vimos ese documental acerca del mar abierto.
Es increíble ver todos esos icebergs prolongarse
a lo largo de Atlántico y súbitamente, sentir un
frío serpenteando la yugular.
Vimos ese documental y, ella me dio un beso,
un tibio beso sobre mis jóvenes arrugas de la frente;
me dijo: dame un minuto, ya casi están tus acelgas.
Ya tengo en mente darle mi falsa inmortalidad.
……………………………............…Si. Sí. Ella no lo sabe.
Entre otras cosas siempre tenemos la televisión y
las torres de libros. Los juguetes de madera,
los instrumentos de plástico rojo.
Tiene su pingüino de peluche,
tiene su camioneta vieja.
Las sodas dietéticas y el magro olor medicinal.
Vimos ese documental, me alimentó
como nadie lo había hecho en siglos,
y digo: sí. Me digo por fin…
que llegué a casa…
De verdad que No.
No estoy viendo hacia tu casa,
ni tampoco al camino que va directo
…………………………...........a su ciudad.
Estoy pensando: Hace frío.
Hace un frío desolador. Y estoy dejando
por fin la nicotina. Qué decisión pendeja, cierto.
Moriré de los vicios de cualquier manera.
Llámese mujer, llámese hombre…
,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,O cigarro.
Pero llamémosle soledad. Estamos perdidos.
A toda hora. En todas las posiciones.
A orilla del precipicio. En huelga de hambre.
En las miradas de disimulo entre dos gentes.
No es verdad que languidecemos todos
sobre esta crisis de sed. De ser supremos.
No es cierto que extraño nuestro juego masoquista,
ni que quiero una nueva histeria que me haga
escribir mi guión americano.
Tampoco te propongo que no trepes la ventana
si es que te hace feliz la causa perdida que represento.
Cómo decir que No, cuando todo te invita a mi vida:
mi perfume nuevo
(he optado por usar alguna vez)
Los aretes de mariposa.
Y qué más. Esto es planeado al azar
con el giro de monedas al aire,
como el tiempo que te da un reloj de arena,
y unos labios, y el susurro de mi voz
que no te gusta.
La verdad es el único camino.
Pero solo extiendo mis ramas, y abro mis ojos
te grito: ven, ven…
de verdad,
que no te estoy mintiendo...
Inventario de un duelo (1)
Todos los niños con sus zapatos bien lustrados.
Todos los ojos.
Todas las mochilas y todos los cuadernos.
Todas las horas.
Todo el dinero.
Todos los motivos por los que tenemos hambre.
Todas las caderas que empiezan a ensancharse.
Todos los hombres, y todas las mujeres.
Todas las veces que sin duda, te amé.
Todas las ausencias.
Todas las fracturas.
Todos los momentos que no pasamos por ese puente…
Toda tú.
Todos los autobuses.
Todos los adioses.
Todas las ventanas empañadas de vapor.
Todos los labios mordidos.
Toda la sangre tuya y todos los huesos míos.
Todas las cartas a medias.
Todas las canciones en idiomas diferentes.
Todos los violines que abren sus vientres por la noche.
Todo yo.
Todas las lágrimas.
Todos los bolígrafos.
Todas las hojas, de todos los árboles.
Todos los patios llenos de verde pasto.
Todas las llamadas.
Todas las muertes.
Todos los avisos clasificados.
Todas las abuelas.
Todos los funerales.
Todos los ataúdes.
Todos mis padres.
Todos los tíos.
Todo el aliento.
Todas las sobras.
................................
Y llorar todos los días…
Diario. De "diario"
………….
Tengo la leve sospecha de que le gusto a mi vecino. O será, quizá, que empieza a gustarme a mí, raramente, y me oculto en este tipo de aseveraciones. Ya sabes, es como cuando decían: “Tú puteas con todo el mundo”. Y yo tendría que aclarar la situación: No, ellas y ellos putean conmigo. Qué es diferente, ¿viste? . Y bueno, todo esto obviamente habría de suceder. Sin esperarlo. Años atrás le comparabas con Daniel Radcliffe en las primeras películas de esa saga de Harry Potter. Entonces era menos idiota, usaba pequeños lentes. Un delgado armazón. Ahora, a sus probables diecisiete, usa de contacto grises que combinan con su pantalón preparatoriano. Eso lo noté esta tarde, o era medio día, ¡bah! No lo sé. Y es que me mira con miedo...parecido al miedo. Parecido al “siempre quiero saludarte pero no me atrevo”.Qué carajo. Mañana estará laborando en el negocio de mi madre. Y mi madre no está, y yo estoy a cargo. Y yo le voy a pagar. Y tal vez, durante esas varias horas de angustia, se oculte en la barra del fondo del local, y yo le de ordenes, alguien le traerá un Tupper con comida (digo, su Jefa siniestra no lo vaya a envenenar) y de pronto le mire desde el cubículo de la caja, con el rabillo del ojo, y vuelva a sospechar, escribir, alguna nota inútil como lo es: tengo la leve sospecha de que le gusto a mi vecino.
No te permito dos cosas: Primero; No me gusta que cuando estoy viendo videos musicales con ese chico de playera roja, pases detrás de mí. No a través. Por encima. Por encima de mi espalda. Es decir, no te permito que me pases de largo. Detente. Di mi nombre con tu voz de mármol. Ríete. Sonrójate. Luego voltea como lo hacen los grandes asesinos. Después rebordéate con tus taciturnos ojos delante de mi casa. Necesita venir. Saludarme. Mirarme de lejos como la otra mañana, cuando te di una amplia sonrisa y ahora, si lo recuerdo bien, podría ser que ni siquiera me saludaste. Sufro de alucinaciones si no duermo bien, no lo sabes.
Y Segundo; responde cuando te hablo. Cuando yo te hablo. Aquél día de diciembre te reclamé porque abandonaste a tu perro durante tres días y desde entonces, ignoras mis comentarios vacíos. Claro, para ti vacíos. Sólo agachaste la cabeza, pateaste un bote, y seguiste tus pasos. No quiero tus monosílabos. Ni el “sí”, ni el “no”, y mucho menos “toda”. Si acaso, “Te quiero toda”. Pero vamos…ya sé que eso nunca nos va a suceder….
Esa noche...
Fightless
Necesito decirte dos palabras: Para siempre.
Y para siempre, es mucho tiempo.
Demasiados días multiplicados
por siglos infinitos. Y tu cabello
no será eternamente del mismo color.
Tendríamos que pintarlo un día.
No necesito tener veintiocho
ni treinta y cinco para estar segura.
……………¿Jalaste el gatillo?
Tenemos ahora un hermoso lecho.
Carmín. Te gusta el carmín.
Sobre todo en mi cuerpo.
Now, listen. Este es el plan:
Tú vas a dejarme morir.
Yo lo quiero. Yo así lo quiero.
Quiero esta herida demente
a las ocho con quince,
quiero decirte para siempre
y con los dientes rojos.
Vas a dejarme de mentir, al menos
hasta mi muerte...
Lo único que importa
te lo he dicho después de diez
palabras al empezar este texto.
Déjame tragar saliva.
Permíteme que te diga: Para siempre.
Como si ya me estuviese muriendo…
Y no olvides…
…………..(siempre supiste,
………………..yo he visto demasiadas películas).
Todo lo demás es de cartón. Incluso, a veces
tu silueta saliendo de la cantina, parafraseando calladamente a poetas
con el suficiente valor de decir: me rindo.
Se trata de desear a cada segundo un beso de labios fríos, de alguien
con nombre raro, o que se le considere “raro”. Llámese igual.
a las once de la mañana mientras alguien desnudo se pasea por
el pasillo hasta la habitación. Y qué alguien, del otro lado del mar
te crea asombroso, genial, estupendo, acojonante, que te diga:
Bravo. Permíteme aplaudir.
Seguir los pasos. Ver tu casa sola, sola. Y tú, sola, sola, sola.
De esas cartas, del deseo que te hace temblar y respirar profundo.
Del juguete nuevo, como dice ese chico coreano, quizá…
Me estás partiendo la humanidad con tu sigilo de sierra
en dos, en tres…
…………………………………………(lo que sea necesario).












