Estoy
ideando una forma de cerrar esto, cerrar esto antes de abrirlo.
Antes
de que solamente te vayas. Estoy transformando toda manera de sentir,
revolucionando emociones. Que no sea nunca lo mismo de ayer, por si te distraes. Ninguna ilusión reciclada nos sirve para estos fines. Eliminé versiones
antiguas de mí misma. Es que verás, cariño, me desconozco. Dime que estoy loca,
por favor. Dime qué me dé prisa. O mejor, mejor dime que me detenga, antes de
asesinarte. Antes de que sucumbas de verdad. Hazme frenar. Te estoy rompiendo
también. Pero me miras desde lejos. El
tiempo se desvanece entre el agua roja de tus manos que yo misma drené. Me hice
duna en tus efluvios, y en ellos, me ahogué después. Supe quedarme un minuto de
pie. Eso te mata. Te observo. Igual, estás inamovible. Siento tu ausencia. Siento
tu presencia. Y eres ardor en mi pecho, temblor en mi sangre. Un silencio absoluto.
Aunque por dentro sigo gritando con los ojos bien cerrados. Estoy repitiendo tu
nombre, no puedo parar. Se tropieza entre mi lengua y los labios, cada que
quiere salir de mi boca. Te enredaste en mis dientes. Saboreo tu vida
disolverse en mi paladar. Abriste mis sentidos. Me enajenaste. Me emancipaste
de mí. Otra vez siento como me habita alguien que no conozco. Estoy marchándome
contigo en mí.
¿Cómo
volverás a ti mismo cuando me aburras?
Quizá
deba buscar otra forma de quererte. Es quererte ¿más? O ¿quererte menos?
El
otro día capturé una nube en este pueblo de montañas. Pensé escribir: te traje
una nube. Borré. Volví a escribir: no te traje nada, te odio. Borré. La nube
se fue, y me quedé llorando sin que nadie me viera. Pero salté charcos y
encontré guijarros en mi mirada perdida. Reviví el instante donde me lo dijiste
primero. Fue una mentira. I didn’t belive it. Estoy desvariando una forma
de cerrar esto, antes de abrirlo. Antes de vaciarlo en tu boca. Antes de
comerme tu boca. Antes de pronunciarte y no pueda regresar a cerrar mis puertas
otra vez. Quema esto después de leer.
Realmente no es tan tarde allí, quiero
decir, la noche ha caído, pero su profundidad, ese abismo desvelado, aun es
alcanzable. No es amor, me repito, de modo que me detengo; necesito
que sea amor. Entonces caigo en un sueño errático. En él, hay mesas en
medio de la carretera, su mano discreta apretando la mía durante una cena
improvisada en una de esas cantinas de paso; me regala miradas que no se dicen
más; no le confieso el ínfimo secreto que yo tuve.No es amor, me repito; y suceden tragedias
en los días posteriores.
Un autobús nos abandona quince
minutos después. Luego me hundo. En ese espacio donde sé dolerme, tan común equivocarme
si no abro bien los ojos. Y realmente es mi culpa; perder la hora de partida,
no saber qué hacer ni qué decir porque no hay mucho qué haga la diferencia ante
mi poca funcionalidad.
Lo horrible y lo maravilloso que me
ha sucedido en la vida es porque sí. Algo, alguien, me lo quiso regalar de
alguna manera. No merezco nada, ni a nadie. Pero los tengo. Existen. Un hombre
o una mujer necesita levantarse, hacer el desayuno o la cena, cortar uñas de pequeños
sucios pies. Regar el jardín, amarrar la buganvilia que ya explota de
primavera. Alguien necesita entender a los árboles, el ritmo de la siega, pagar
una tarjeta de crédito. Manejar a Puebla. Alguien necesita hacer todas esas
cosas que sirven para que todo lo demás siga existiendo.
[¿Qué NO es, todo lo demás?
Todo lo demás para lo que
puedo ser útil. Es inútil.]
Nada de esto es amor. Saberlo
me parte en dos y me provoca dolores en las costillas durante las semanas
siguientes. Mi dolor, que se anidó a un costado de mi espalda, se extiende hasta
la nariz y en los dientes en forma de infección. Voy a viajar así, no me
importa. Pero aún no es tan tarde. Aún tenemos tiempo. Vas a decirme eso. Lo
sé. Voy a cambiar de ritmos otra vez. Esperaremos la cosecha y renovaremos
los votos con la tierra.
Voy a enterrar mi cuerpo allí.
Esperando florecer en otra época.
No me disculpo.
Abandono.
Tú también.
Pero esto no se trata de ti. Le
damos la bienvenida al espacio donde no somos. No para los otros sino para uno
mismo. El vínculo se rompe primero desde las entrañas para dar paso a la nada, y
es tal la desconexión con el todo, que no podemos más que sentirnos perdidos y
podridos, porque no podemos encontrarnos.