miércoles, 17 de junio de 2026

Love letter (burn after read)


 

Por Natalie

(Hoy no es, mañana tampoco, pero pasará.

Te lo prometo.)

 

Estoy ideando una forma de cerrar esto, cerrar esto antes de abrirlo.

Antes de que solamente te vayas. Estoy transformando toda manera de sentir, revolucionando emociones. Que no sea nunca lo mismo de ayer, por si te distraes. Ninguna ilusión reciclada nos sirve para estos fines. Eliminé versiones antiguas de mí misma. Es que verás, cariño, me desconozco. Dime que estoy loca, por favor. Dime qué me dé prisa. O mejor, mejor dime que me detenga, antes de asesinarte. Antes de que sucumbas de verdad. Hazme frenar. Te estoy rompiendo también.  Pero me miras desde lejos. El tiempo se desvanece entre el agua roja de tus manos que yo misma drené. Me hice duna en tus efluvios, y en ellos, me ahogué después. Supe quedarme un minuto de pie. Eso te mata. Te observo. Igual, estás inamovible. Siento tu ausencia. Siento tu presencia. Y eres ardor en mi pecho, temblor en mi sangre. Un silencio absoluto. Aunque por dentro sigo gritando con los ojos bien cerrados. Estoy repitiendo tu nombre, no puedo parar. Se tropieza entre mi lengua y los labios, cada que quiere salir de mi boca. Te enredaste en mis dientes. Saboreo tu vida disolverse en mi paladar. Abriste mis sentidos. Me enajenaste. Me emancipaste de mí. Otra vez siento como me habita alguien que no conozco. Estoy marchándome contigo en mí.

¿Cómo volverás a ti mismo cuando me aburras?

Quizá deba buscar otra forma de quererte. Es quererte ¿más? O ¿quererte menos?

El otro día capturé una nube en este pueblo de montañas. Pensé escribir: te traje una nube. Borré. Volví a escribir: no te traje nada, te odio. Borré. La nube se fue, y me quedé llorando sin que nadie me viera. Pero salté charcos y encontré guijarros en mi mirada perdida. Reviví el instante donde me lo dijiste primero. Fue una mentira. I didn’t belive it. Estoy desvariando una forma de cerrar esto, antes de abrirlo. Antes de vaciarlo en tu boca. Antes de comerme tu boca. Antes de pronunciarte y no pueda regresar a cerrar mis puertas otra vez. Quema esto después de leer.

Es una carta de amor.


domingo, 29 de marzo de 2026

Old lovers

 




Realmente no es tan tarde allí, quiero decir, la noche ha caído, pero su profundidad, ese abismo desvelado, aun es alcanzable. No es amor, me repito, de modo que me detengo; necesito que sea amor. Entonces caigo en un sueño errático. En él, hay mesas en medio de la carretera, su mano discreta apretando la mía durante una cena improvisada en una de esas cantinas de paso; me regala miradas que no se dicen más; no le confieso el ínfimo secreto que yo tuve.  No es amor, me repito; y suceden tragedias en los días posteriores.

Un autobús nos abandona quince minutos después. Luego me hundo. En ese espacio donde sé dolerme, tan común equivocarme si no abro bien los ojos. Y realmente es mi culpa; perder la hora de partida, no saber qué hacer ni qué decir porque no hay mucho qué haga la diferencia ante mi poca funcionalidad.

Lo horrible y lo maravilloso que me ha sucedido en la vida es porque sí. Algo, alguien, me lo quiso regalar de alguna manera. No merezco nada, ni a nadie. Pero los tengo. Existen. Un hombre o una mujer necesita levantarse, hacer el desayuno o la cena, cortar uñas de pequeños sucios pies. Regar el jardín, amarrar la buganvilia que ya explota de primavera. Alguien necesita entender a los árboles, el ritmo de la siega, pagar una tarjeta de crédito. Manejar a Puebla. Alguien necesita hacer todas esas cosas que sirven para que todo lo demás siga existiendo.

[¿Qué NO es, todo lo demás?

Todo lo demás para lo que puedo ser útil. Es inútil.]

Nada de esto es amor. Saberlo me parte en dos y me provoca dolores en las costillas durante las semanas siguientes. Mi dolor, que se anidó a un costado de mi espalda, se extiende hasta la nariz y en los dientes en forma de infección. Voy a viajar así, no me importa. Pero aún no es tan tarde. Aún tenemos tiempo. Vas a decirme eso. Lo sé. Voy a cambiar de ritmos otra vez. Esperaremos la cosecha y renovaremos los votos con la tierra.

                                                                   Voy a enterrar mi cuerpo allí.

Esperando florecer en otra época.

                             No me disculpo.

Abandono.

 

Tú también.

Pero esto no se trata de ti. Le damos la bienvenida al espacio donde no somos. No para los otros sino para uno mismo. El vínculo se rompe primero desde las entrañas para dar paso a la nada, y es tal la desconexión con el todo, que no podemos más que sentirnos perdidos y podridos, porque no podemos encontrarnos.