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lunes, 6 de septiembre de 2010

De lluvia y vino


Déjame explicarte cómo funciona. Tú no lo sabes todavía. Pues eres de llegar lentamente. Eres irse. Tomar un paraguas inútil, y caminar bajo la lluvia que ha dejado de caer hace dos horas. Tú conoces mi caminar.  Voy por allí, y nadie voltea a verme. Y soy muy feliz con eso. Pero entrar a la vinatería. Ser una sombra. Pagar rápidamente. Es un acto natural. Entrar a casa, saludar a mi madre. Habrá vino por si apeteces. Quitarme los zapatos. Llenar la copa. Una ducha efímera después. Tocarse despacio como un gesto de amor tardío. Pensar entonces que el amor no puede ser más fácil que dejarse tocar y beber vino tinto. Como asumir un devaneo de notas musicales chocando contra todas las paredes y sus colores. Lo mismo acariciarme las piernas, seguir bebiendo y escribir. A veces asumo mis crueles posiciones. A veces acepto el gran ser de crueldad que soy. Lo sé. Lo sé. No vamos a parar en esa esquina. Empiezo a no sentirme la boca. Lo cual es siempre difícil. Recuerdas esas noches de tirarse en la cama, y llorar. Arañar muros. Vomitar. Gritar tu nombre. Viejos dolores de cabeza. Dejarse caer cruelmente en el vacío inocuo de tus frialdades. O ahora simplemente palidecer. Parpadear allí, en la sombra. Continuar con soledad voluptuosa y alegrarse. Llueve aun, y hay mucho vino. 

martes, 10 de marzo de 2009

Relatos de cocina II

Carajo. Creí que había metido los cigarros en este bolso. Y no. Queda caminar el resto de la cuadra. Virar a la derecha. Saludar a tu padre con un “amor y paz” Después de subir por tabaco, sentarse en las escaleras. Mirar de lejos a tu vecino. De nuevo de rojo. Eso te saca una risilla sarcástica. Luego, sentir el día domingo en las rodillas, se hace evidente. ¿Me entiendes? El domingo es así. Entras a tu casa. Vas directo a la cocina. Preparas una taza de leche con chocolate. Pones a Debussy en el aparato musical. Llámale por su apellido, como se les habla a las gentes en las universidades. Por supuesto que te llora la boca a falta de ojos. Dejas caer tu cuerpo sobre la repisa. Parece estar hinchado. Sientes que Debussy tiene todas las respuestas ante esta situación. Entonces es tu imagen hacia arriba, a las habitaciones, con una taza en la mano muy de “te amo mamá”. Prendes las luces. Digo: prendo las luces. Aquí todavía es navidad. Dentro de esta pieza es navidad, siempre. Sigues con Debussy. Cepillas tu cabello treinta y cinco veces. Me limpio los ojos y la boca. Bebo de esa taza. Y lo más importante: saber qué lo único realmente bueno de este lapso cigarros-calle-papá-casa-cocina-cuerpo hinchado- lo mejor, es esta leche sabor chocolate que preparaste en la cocina y saboreas mordiéndote el labio inferior mientras escuchas a Debussy…

martes, 3 de marzo de 2009

¿Y si me dices nada?

Veo tu perfil entre las persianas de este local. En realidad, es que no estás lejos, ni demasiado cerca. Obviamente no volteaste ni un centímetro cuando pasé a tu lado. Es patético ponerme a pensar siquiera si espiabas esta cara mía con lentes postizos, viejos, nuevos, qué más da. No tenía planeado venir a esta hora. Tampoco decir esto, verte en las persianas, pensar que quizá podría hablarte del trabajo, decirte que no me gusta ni un poco. Porque bueno, a decir verdad no sé si algo de hecho me gusta. Es como cuando le cuento a Diana que yo soy infeliz en cualquier lado, y que no quiero hacer algo conmigo, sólo quiero mirar y mirar. Todo eso muy al estilo mío de negación y profunda ignorancia hacia la vida. Que a nadie concierne, mas que a mi. Lo sé, lo sé…no te rías. No me gusta nada que tenga que hacerse con fines lucrativos, los cuales por efecto, me ayuden a encontrar la razón de mi existencia. Cuando salga de acá voy a buscar un cigarrillo. Una boca también. Mañana no quiero ser, no quiero ser…pero habrá que levantarse antes de las seis de la mañana, esperar un autobús. Qué el auto, ya has visto. Además que no tengo. Tengo lo que te dije el otro día: Libros. Muchos libros. Mucho cine. Y eso que jamás es demasiado. Quiero invitarte a salir de este establecimiento. Decirte cuánto me duelen los pies y que no puedo ser suficientemente mujer para que me queden las zapatillas. Invitarte a la banqueta. Comprar esa caja de cigarros. Inducirte a las drogas. Sé poco de ello, but, c’mon. De adicciones sé algo. La vehemencia con la que te hablo, por supuesto, es muy débil. Igual me gustaría. Tú sabes, me gustaría. Porque si fuera precisamente como quiero, ni siquiera lo querría aun siendo mi última opción. Ah. Creo que ya te has ido. Ya te has ido, sí. O creo que ya te vas. Esta vez si volteaste, lo sé. Te vistes de rojo y de pupilas, siempre. Grises. Absolutamente grises. La nariz perfecta en las persianas. A cinco gentes. A cuatro metros como días hábiles. No. Todavía veo tu perfil entre las persianas. Veo que tendré que apretar muy bien el bolso cuando salga de aquí. Sucede el viento, eso sucede. Sucede que ya te fuiste. Sucede nada. No me dices algo. Me queda el pulgar en la barbilla y voltear hacia la ventana nuevamente. Algo después. Algún tiempo después, adoraré reírme como buena imbécil cada vez que repase mi escrito. (Todavía no te vas, todavía…)

domingo, 22 de febrero de 2009

Vimos ese documental acerca del mar abierto.
Es increíble ver todos esos icebergs
 prolongarse a lo largo de Atlántico
y súbitamente,
sentir un frío serpenteando la yugular.

Vimos ese documental y,
ella me dio un beso,
un tibio beso
sobre mis jóvenes arrugas de la frente;
me dijo: dame un minuto, ya casi están tus acelgas.

Ya tengo en mente darle mi falsa inmortalidad. ……………………………
............…Si. Sí. Ella no lo sabe.
Entre otras cosas siempre tenemos la televisión
y las torres de libros. Los juguetes de madera,
los instrumentos de plástico rojo.
Tiene su pingüino de peluche, tiene su camioneta vieja.
Las sodas dietéticas y el magro olor medicinal.

Vimos ese documental,
me alimentó como nadie lo había hecho en siglos,
y digo: sí. Me digo por fin… que llegué a casa…
::::::::::::



De verdad que No.
No estoy viendo hacia tu casa,
tampoco al camino que va directo
  …………………………...........a su ciudad.
Estoy pensando: Hace frío.
Hace un frío desolador.
Y estoy dejando por fin la nicotina.
Qué decisión pendeja, cierto.
Moriré de los vicios de cualquier manera.
Llámese mujer, llámese hombre…
  ,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,O cigarro.
Pero llamémosle soledad.
Estamos perdidos. A toda hora.
En todas las posiciones.
A orilla del precipicio.
En huelga de hambre.
En las miradas de disimulo entre dos gentes.
No es verdad que languidecemos todos
sobre esta crisis de sed.
De ser supremos.
No es cierto que extraño nuestro juego masoquista,
ni que quiero una nueva histeria
que me haga escribir mi guión americano.
Tampoco te propongo que no trepes la ventana
si es que te hace feliz la causa perdida que represento.
Cómo decir que No, cuando todo te invita a mi vida:
mi perfume nuevo (he optado por usar alguna vez)
Los aretes de mariposa. Y qué más.
Esto es planeado al azar
con el giro de monedas al aire,
como el tiempo que te da un reloj de arena,
y unos labios,
y el susurro de mi voz que no te gusta.

La verdad es el único camino.
Pero solo extiendo mis ramas,
y abro mis ojos te grito: ven, ven…
de verdad, que no te estoy mintiendo...

martes, 10 de febrero de 2009

Diario. De "diario"

No voy a ir a tu puta ciudad. Ni a otra jodida ciudad, de otra puta mujer, por el resto de mi puta vida. Cómo comprendes que para el medio día siga con la cara cenicienta y para la noche, tuviese que terminar con la botella azul y caerme en medio de la calle a la vista de mis insípidos vecinos. Cómo te atreves. Y vale, bien. Bien, no todo es tu culpa. No te invité a m fiesta de luces y largas faldas. No bailaste con los tambores como ella. Esta. Ni ultrajaste mis panderos. Pero igual, a que le decía a ella que pintáramos tu nombre noventa y cinco veces sobre la pared.
………….
Tengo la leve sospecha de que le gusto a mi vecino. O será, quizá, que empieza a gustarme a mí, raramente, y me oculto en este tipo de aseveraciones. Ya sabes, es como cuando decían: “Tú puteas con todo el mundo”. Y yo tendría que aclarar la situación: No, ellas y ellos putean conmigo. Qué es diferente, ¿viste? . Y bueno, todo esto obviamente habría de suceder. Sin esperarlo. Años atrás le comparabas con Daniel Radcliffe en las primeras películas de esa saga de Harry Potter. Entonces era menos idiota, usaba pequeños lentes. Un delgado armazón. Ahora, a sus probables diecisiete, usa de contacto grises que combinan con su pantalón preparatoriano. Eso lo noté esta tarde, o era medio día, ¡bah! No lo sé. Y es que me mira con miedo...parecido al miedo. Parecido al “siempre quiero saludarte pero no me atrevo”.Qué carajo. Mañana estará laborando en el negocio de mi madre. Y mi madre no está, y yo estoy a cargo. Y yo le voy a pagar. Y tal vez, durante esas varias horas de angustia, se oculte en la barra del fondo del local, y yo le de ordenes, alguien le traerá un Tupper con comida (digo, su Jefa siniestra no lo vaya a envenenar) y de pronto le mire desde el cubículo de la caja, con el rabillo del ojo, y vuelva a sospechar, escribir, alguna nota inútil como lo es: tengo la leve sospecha de que le gusto a mi vecino.
………….
No te permito dos cosas: Primero; No me gusta que cuando estoy viendo videos musicales con ese chico de playera roja, pases detrás de mí. No a través. Por encima. Por encima de mi espalda. Es decir, no te permito que me pases de largo. Detente. Di mi nombre con tu voz de mármol. Ríete. Sonrójate. Luego voltea como lo hacen los grandes asesinos. Después rebordéate con tus taciturnos ojos delante de mi casa. Necesita venir. Saludarme. Mirarme de lejos como la otra mañana, cuando te di una amplia sonrisa y ahora, si lo recuerdo bien, podría ser que ni siquiera me saludaste. Sufro de alucinaciones si no duermo bien, no lo sabes. Y Segundo; responde cuando te hablo. Cuando yo te hablo. Aquél día de diciembre te reclamé porque abandonaste a tu perro durante tres días y desde entonces, ignoras mis comentarios vacíos. Claro, para ti vacíos. Sólo agachaste la cabeza, pateaste un bote, y seguiste tus pasos. No quiero tus monosílabos. Ni el “sí”, ni el “no”, y mucho menos “toda”. Si acaso, “Te quiero toda”. Pero vamos…ya sé que eso nunca nos va a suceder….