Te
regalaré un abismo (dijo ella)
pero de tan sutil manera que solo lo percibirás
cuando hayan pasado muchos años
y estés lejos de México y de mí.
Cuando más lo necesites lo descubrirás
y ese no será
el final feliz
pero si un instante de vacío y de felicidad
y tal vez entonces te acuerdes de mí
aunque no mucho.
Roberto
Bolaño
I
Voy a hablarte
como si no existiera distancia alguna. Como si solamente estuvieras dormido,
quizá roncando, justo al lado de mí. Y yo no quisiera despertar tus ímpetus, y
fingiera ser un pequeño ronroneo para que sepas que te quiero, pero sigo siendo
algo lejano, delicado, suficientemente sigiloso, para no despertarte jamás. ¿Qué
te diría? Te diría que deseo sostener este momento mucho más; en él, lo
ignoramos todo todavía. Nos mantenemos expectantes, imaginando, suponiendo,
deseando. En este momento, consideras aun, que tengo un gramo de perfección, y
yo también: Te miro y admiro, como la persona más libre que conozco.
Me haces reír, a veces a carcajadas. Pero también haces sonrojarme y dar ocho mil trescientas veinticinco vueltas en la cama. O ¿eran veintiséis? Por deseo o por penumbra, en una habitación de hotel. Y en este precioso instante sostenido, también sé sin duda alguna, que eres bueno. La sonrisa que haces cuando me miras, te delata. ¿Crees que no lo noto? Lo hice desde el primer día en que volviste. Es una ternura que reconozco, pero distinta, añejada. ¿Cómo podría no reconocerte? Conozco tus ojos de memoria a través de tus fotografías. Las colecciono desde el dos mil once. Quizá antes. No sé si lo haces con alguien más. Tampoco quiero saberlo. Pero me volví otro escaparate. Prueba fehaciente de que estuviste allí, y yo también de algún modo, contigo, cuando me las compartes. ¿Es lo que quieres decirme con ello? Pues, me hace mirar fijamente el horizonte y sonreír.
Eres hedonista, más que yo. Otra cosa en la que eres bueno. Pero te preocupa la justicia. La desigualdad que nos destruye. Y sonrío justo más por eso, porque no eres estúpido. Nunca le tuve mucho afecto a los hombres, a decir verdad. Tengo testigos y testimonios. Siempre me han gustado más las mujeres. Son más empáticas, más redondas. Más llenas de magia. Exactamente igual a mí. ¿Puedes verlo ya? Sentir mi ausencia es solamente el principio. Después te recetaré un destierro, si te descuidas. Te estoy inventando ahora mismo un lenguaje para que me encuentres en su nuevo país.
Así que voy a hablarte ignorando nuestras naciones distintas.
Sin límites, ni fronteras o husos horarios. Habitando una tierra nueva, diferente. En este idílico mundo imaginario, puedes tomar mi patria cuando tú quieras, pero en este siglo, yo conquistaré la tuya. Derribaré ciudades y me quedaré con los niños. Pero dejaré que conserves tu nombre. Puedes llamarme por el mío, cuando más lo desees. MI nombre, el que pocos conocen. Ese qué te habla de agua o fuego.
Es natural que sientas terror. Sólo conozco estas formas violentas.