martes, 3 de junio de 2008

Heridas


Siento, como si fuese
a llorar mucho y tú
no sabes.
Estás lloviendo sobre
otras cosas: violines,
pianos, hombres
o yo que voy a saber.
La soledad es ambigua
en estos colores,
un tema de Piazzola
o la mugre que teje
tu ausencia siempre
beligerante.

Y para consolarme
escribo un poco.
Nada nuevo,
la misma mierda, pero
igual, como esperando
a que pase todo esto,
que nos culpa y aún
nos sobrevive cada mes
y de pronto cada año.

Voy a guardar esas silabas
de cuando callo nuestras
verdades inconclusas.

Así, quizá y olvido,
esa lagrima que se desprende,
como una gota de sangre desde
mi eterna herida con tu nombre,

como una infección de odio,

que no termina nunca de sanar.