lunes, 25 de febrero de 2008

Avenida ausencia II




Te aviento un grito desvergonzado
hacia ese lugar de oro,
donde habita tu nombre

y pregunto a las cosas por tus huellas,

como la nube que va y choca con
el muro que nace desde las sobras
no comidas por el perro
más viejo de todas las calles.

- Es esta la cicatriz que no sana sin tus huesos –
me digo mientras la muerte
recorre con su dedo congelado
el borde
de mi omoplato derecho,

y todo es sombra y desastre

el parque, las cartas, tus ojos gitanos

y la mandarina mordida
sobre la acera.

Te aviento mis ojos a la avenida
de nuestra nada,

a ver si hoy regresas fresca
como las gotas que escurren
de las ventanas cuando todo es gris
y llueve tanto.