lunes, 6 de octubre de 2008

Llamarte/desangrarte

Amor, amanece en el autobús. Te llamo. Es un poco nublado. Apenas algo de sol. Es temprano, las seis. Oscuro y mucho. Así que mejor dicho; trato de escribir: te llamo. Primer escrito más al sur. Me consuela poder contemplar este cuaderno abierto. Aunque en realidad no veo lo que escribo. Te llamo y he dormido muy poco. He de tener la cara escurrida de angustia de pensarte. Amor, he visto cómo y cuándo comienzan y terminan los pueblecitos rurales. Y he memorizado varios letreros. Vi tantos caminos de asfalto y laderas. Y a pesar de la oscuridad, las tenues luces redondeaban el verde de la hierba a la orilla alrededor. En la oscuridad, todos los caminos son iguales. Amor, toda la noche te he llamado. No sé si tú lo haces. No sé si tú me buscas, si desde el abdomen vienes buscándome. Si se abre un ojo en el cielo, ¿eres tú?; si alguien rasguña tu ventana con un no me olvides, no forzado. Para después ir, estar decepcionada de ir, y el tiempo, el aire, la humedad. Escribes mi nombre en la ventana o si lo desdibujas. Yo no sé, amor. Hará unos minutos tenía una mano sobre mi pecho para contener cierto dolor. Pero me venía una melancolía por todo el mundo. Por quien está, por quien no está. Ya hay más luz, y está más nublado, ahora puedo verlo. Pero me viene el sudor a los ojos de pensarte. Repito: yo no sé si tú me llamas. Si desde el pulmón izquierdo, me llamas con un pensamiento, hondo, constriñendo a cerrar los ojos, y el In the dark of garage. O Story, todo tan Story. Como que es cierto que desde hace siglos te amo. Y ocurre amor, que me tienes una nostalgia tan grande, que me cuesta a veces respirar. Me es difícil no observar mi mano en el pecho de nuevo. No traerte desde arriba, a una ventana de autobús. Llamarte, con el color rojo, y de las venas, desangrándote. Amor, me tienes el recuerdo y la ausencia. Hasta que ya no puedo, simplemente, llamarte por tu nombre.