30 de Septiembre
Te has ido hace cincuenta y dos minutos. De nuevo lamento tanto las ausencias. No me dijiste mucho hoy, sólo sonreías y veías sereno hacia la puerta, frente a la estética amarilla. La calle por donde pasan esos niños todos los días a las siete y treinta de la mañana. Bajé muy tarde. Apenas cerca de cuarenta y cinco palabras. Y tu mirada a la puerta. Mi abrazo siempre igual y mi nariz en tu cabello todavía bastante negro. Espero heredar de ti esas pocas canas a los cincuenta y cuatro años de edad. Yo te dije “nos vemos pronto”. Pronto, espero. Al menos no me sucedió como hace unos treinta y seis meses. Tuve que llorar mucho, porque era de esas veces donde es necesario aprender a rezar para que vuelvas. Para que vengas otra vez. Sano y fuerte. No te dije, pero, me dolió verte un poco mas cojo. Y cansado talvez. Arrastras la pierna izquierda, es verdad. Te operaron la rodilla cuando mis seis años. No me senté en tus piernas por semanas lo recuerdo bien. Cojeas más y ayer pude verlo. Fue hermoso caminar hasta la plaza, y que me hablaras del abuelo que ya no está. Fue hermoso, te digo, verte como siendo tú. Los mismos ojos. La misma boca. Como que mucho antes yo fui tú. Y te habité. Me llevabas dentro, como mamá, y tú eres mi papá. Me habitas. Y otra vez tomas una pequeña valija y tu boleto del autobús azul. Yo escribo. Casi no me observaste hoy. Apenas un beso en la frente y el riguroso “cuídate mucho allá en el sur”.
Amado padre, hago una pausa. Quiero llorar.
Me consuelan esas pequeñas fotos tuyas en mi cámara plateada. Empezaba a oscurecer de pronto. Y una lámpara con su luz naranja te brillaba a lo lejos. Te brillaba. Te has ido ya hace una hora. La gente está comiendo, y llegan otras, y espero otras. Pero tú no estás. Sólo, algunas pequeñas fotos tuyas, colgando de mis ojos. Sólo tú, colgado de mi brazo. Doliendo un poco, oliendo a ausencia. Tan pocas palabras hoy, tan poco de todo. A lo mejor debí levantarme mas temprano, tomarle una foto a mi nariz que se achata contra tu cabeza. Olerte padre, nada más. Hasta que vuelvas. Noviembre. Madrugada. Lo sé.
Te espera siempre, Jazmín.