Me iré de viaje. A lo mejor ya no vengo más al menos por un tiempo. Quiero decir, que incluso aquí, será todo ausencia. Más ausencia. Nos vamos a veces por huidas. Lo cierto es que hoy, no estoy huyendo de nadie. Ni de nada. Si acaso de mí. Me esperan los campos verdes, olas, ríos, nuevas lluvias. Olor a hierba y mucha tierra. Zaguanes llenos de juguetes viejos con melancólico sabor a moho que hace capullo bajo la lengua. Estará esa casa apocalíptica donde casi no hay electricidad. Los cuadernos amarillentos. Otras ciudades. La música céltica, francesa e italiana muy de los abuelos. Café con pan a las ocho de la noche. Y estoy feliz y desesperadamente triste. Normal. Me esperan nuevos libros y mucho que escribir. Así que pueda ser que intente robar un poco de dinero para seguirte trazando pasos. No lo sé muy bien aun. Temo mucho la añoranza de las cosas que cotidianamente aborrezco. Pero igual, está todo bien. Me veo ya con Yann Tiersen llenando mis oídos al arribar a ese pueblo arcaico. Les retrouvailles. Y lloraré, es cierto. Lloraré mucho. La abuela no sabrá que pasa, pero estará feliz como voy a estarlo. Me dirá: mira amor....está es tu casa. Y los vecinos jamás podrían reconocerme. Por que ocurre que se tiene que seguir a los padres cuando se es muy niño, aunque la manita y la cabeza, y los ojos lacrimosos digan “¡no, no…mamá, no!”. O “¡papá no, no te vayas…!”. “Abuelita, ven conmigo…”. Y ver llorar al abuelo mientras poda el césped. Esas cosas duelen a esta hora, justo a esta hora, y tan lejos del ayer. Todavía no hago las maletas, ni grabo todos mis discos. Pero estoy aquí, rindiendo cuentas. A veces uno lee tanto la vida de alguien que es como, muy nuestro. Como conocernos. Como esperarnos a cierta hora. Ah mira, a Waltz le da mucha guerra el amor. O alguna cosa así. Waltz ya no se emborracha seguido. Le gusta la lluvia, espera siempre algo. A Waltz le gusta escribir y la música grave.
Querida Brecha, verdad qué no somos inútiles. Verdad, que está necesidad absurda de dominar el mundo no es vano…Verdad, que vas a extrañarme. Tú vas a extrañarme, aunque todos los días te sirvas mis pies y yo por la mañana, ahora, tenga que limpiar un patio o comer flores amarillas. Yo veré, la nueva forma de venir, mientras tanto escribo. Quedan tantas cosas…y el camino enfrente…