viento, mucho viento
y quizá llueva
y si llueve quizá nos crezcan
fuertes raíces desde los dedos,
entonces puede ser que nos
quedemos ahí, paradas
besándonos, admitiéndonos
este amor que duele y no,
el único amor que sentimos
mordiéndonos el alma,
riéndose apartado
en una orilla, medio sucio
de barro y oxido, susurrando
entre dientes: son tan tontas.
Y cuando llevemos mucho,
tiempo – espacio ocupándonos,
pueda ser que bailemos
sobre los charcos como
Ella, ella, y nosotras
no usaremos
zapatos nunca más.
Viviremos en pausa con
los pies desparpajados
ante los suelos hostiles
en verano, y si es verano
quizá, pueda ser,
que yo te lleve a la playa
medio refunfuñando
amarguras. Cómo explicarle
a los demás lo que no existe.
Y si vamos a la playa a lo mejor
seamos arena unos momentos,
te muerdo, te huelo, te haces
soluble en mis manos, polvo
en mis manos, agua y aire
en el cuerpo, luego seremos
agua y luego viento mojado,
viento que seduce a una ventana
que va a dar a una niña sentada
escribiendo cartas que a lo mejor
hablan de lluvia, de ti o del mismo
viento.