jueves, 4 de febrero de 2010

Certezas

Tuve la tonta sensación de quedarme contigo. Era más bien, un deseo. Una certeza . Pero sabemos ahora que era sólo una ceguera temprana, en la mañana. A las seis.

.........................................[Era ese momento frágil al admirar tu boca de mandarina y presentirla agridulce.]

Estabas quieta a las once de la noche. Creo, presentía tu quietud. Y entre el hedor y la fragancia -tan bilateral entre tú y yo- te extinguías , como una sombra debajo de la mesa. Hubiésemos amarrado entonces los pies a la madera, entre nosotros, los seres, la vida en dos cuerpos afligidos, atorados, distintos. Y desnudos.

Era esa facultad tuya. El suelo es frío y te gustaba. Era la vulnerabilidad al azufre y a las peras muy verdes. O a las fresas muy ácidas. O que me llame Jazmín en lugar de Ana y pueda tener muchos más nombres. Y que pueda llegar, decirte, escribirte, desearte a todas las horas y en todo lugar.

Murmurarte en el olvido: No existíamos. No estamos a las diez de la mañana.