domingo, 21 de septiembre de 2008

De Heartbreak Wonderland

Mira, yo voy a estar aquí. Y tú, tú me vas a buscar. Por ahora vas a quedarte a la orilla. Pero va a ser ir, decirme: He venido, dame tu mano, Ofelia. Y ven conmigo. Probablemente para entonces pueda yo darte la mano. Pero no sé. Yo voy a estar allí y tú vas a buscarme. Vas a esperarme. Ya tú sabías mi narcisismo, y lo demás. Muy inútil, cierto. Ya tú sabías, que debajo de todo, pero debajo….muy, sonrío. Espero también alguna cosa. Me guardo adentro del ombligo latitudes. Son como soñar las flores amarillas de todos esos campos al final del pasillo. Mira, te digo: A veces aquí hay muchas puertas y me enfermo de mí. He estado sobre esa silla el día entero, consumiéndome la boca, y es que a momentos no me sirve la lengua para eso de escribir. O algo sucede con las nuevas libretas que compré ayer, no dicen nada. Son todas brumosas, costuradas de su lomo. Como yo. La abuela me ha pincelado una mariposa que no vuela, se retuerce sobre mi hombro y sigo aquí, aquí, donde voy a estarme. Donde tú me vas a buscar. A lo mejor en uno de esos días donde predomina el color viejo, tú vengas. Allí hay un bosque, justo al final de aquél túnel. Le crece verde musgo en las esquinas. Me nublo, redoblo los sonidos. Sigo buscando las voces perfectas que pronuncien mi nombre. Pueda ser, después de brincar al precipicio, seas tú. Pero después, mucho después de todo. Por ahora, yo voy a estar aquí. Y tú, tú me vas a buscar. Vas a transgredirme. Hundirte. Traicionarte. Y mira, cuando eso suceda, prometo vendarte los ojos. Tú y yo, como que no habíamos pactado nada. Como si a cualquier hora que llegaras, no fuera demasiado tarde. Ni demasiado pronto. Para lo sencillo de decir: He venido, dame tu mano, Ofelia.