
Vas a faltarme este invierno. Quién diría, que después de cuatro años, vendría, yo, muy yo, a escribirte cosas que jamás vas a leer. He visto televisión toda la tarde, y he escrito. A veces, también recuerdo cuando nosotras mirábamos televisión y por horas, en tu viejo televisor 27’ pulgadas. Ahora tu madre tiene un cuadro con un bote y una pantalla flat. Tú sabes, ella siempre quiere todo nuevo. Al contrario de mi hogar. Que es todo tan viejo y único, siempre, siempre igual como las cosas simples. Tú ya no podrías vivir aquí, de sobra lo sé. Transitas por las calles de Los Ángeles, tienes una hija que se parece mucho a ti. Y ya nunca nada se parecería a nosotras. No me habita ese amor que me conoces. Ni me pinto mucho la boca, o me gustan chicos pelirrojos mientras viajo en autobús. Ahora ya no hay tantas cosas. Tengo un perro nuevo que es protagonista de un drama shakesperiano. Y caminamos muy solos, atravesamos las calles que fueron tan nuestras cuando los dieciséis. Cuando las bufandas, las tardes en tu casa y su luz amarilla. Ese aroma tan tuyo, la sonrisa perfecta, las piernas largas. Vas a faltarme en noviembre, en diciembre y en enero. Ahora lo sé. Me vienes tan pronta a la memoria; fresca, como si al salir…tocara tu puerta aquí a lado, me vieras, me besaras, me dejaras untarte bálsamo en tu rodilla arrugada y café. Me vienes como el invierno del dos mil dos. De golpe y herida. De sangre. Y amores primeros. Vas a faltarme por que ya no seré yo muy pronto. Ni tendremos el televisor y los canales, incluso la misma casa. Ahora comienza el frío, yo haré mis maletas y todo, todo será destierro.