miércoles, 26 de junio de 2013

Juegos Sentimentales - Parte Final

Te fuiste un 10 de junio. Todo quedó así, colgando. Indefinido. Averiado. Roto. Igual desprendiendose de la madera de los escritorios, junto a mi libro de Marguerite Duras. Detrás del cuadro de La habitación de Arles. Abajo del calendario. Junto a un catalogo de productos industriales. O en esos recovecos de tu voz cuando hablamos. Puedo casi definir una textura tersa en ellos. Como un pensamiento inolvidable de ternura, que no reconozco, más que dentro del calor en medio de unas piernas. O tu risa. O tu silencio, ese, cuando ya no me podías decir nada. O tu respiración mientras ríes. ¿Qué piensas entonces? Quizá es que no te fuiste. Era mas bien, antes que todo, la idea de tu llegada. Una suposición sin terminar. Era eso, sí. Ya le he dicho a tu amigo que yo sé. Que todos saben, que ese febril encanto tuyo se esfumó. Era mi aburrimiento total, y tu voz. Lo que no entiendo son las incoherencias. Ya debí aprender que los chicos adoran estos juegos. A las niñas nos siguen dejando vacías. Es parecida la sensación de tener inflamados los ojos, y el día apenas se abre en el dolor o la extrañeza de ver el mundo una y otra vez con los mismos matices. 

Es posible que ante esto sea demasiado romántica. Lenta. Sin peso. Es posible que todo me lo haya inventado. Qué sea mi culpa la distancia por no aferrarme a ti. Someterte cuando todos se marchaban. En las esquinas, al fondo, en el comedor. Esperar. Esperar tus ojos dentro del cristal. Diluirlos sobre mi cuerpo, y tu presencia que ya me desangraba todo. Aferrarme a ti nuevamente. Tendría que ser un canto desesperado. Este escrito quedó parpadeando por días: Te fuiste un 10 de junio||| . . .

Me parece poco el dolor ahora. Supongo que no es más que una tontísima desilusión de plástico. Qué te vayas así, pensar, fingir, que no puedo evitarlo. Como si ya hubiésemos vivido tantas cosas. Como si fuese necesario que voltearas y decidieras quedarte. Es que no es nada en absoluto. Un día entero, pero quedarte, ya incluso ahora no tiene sentido. Nunca lo tuvo. Era la idea de tu llegada como una puerta necesaria, para soportar el olvido dentro, la desgana o el aburrimiento de esta dinámica insulsa que es vivir diariamente, sin tener ganas de hacer, algo, cualquier cosa. Ya te encuentras en algún lugar sin nombre porque no alcanzamos a hablarle a los rincones de un abismo. Qué tonto. Qué tontos hemos sido. Encontraré los ecos tuyos brincando paredes por las tardes. A veces una sonrisa nada más. Por ti. Por la casualidad. Y por si vuelves.

viernes, 21 de junio de 2013

Summer Waltz I



[Hay días que pueden resumirse perfectamente 
con una canción de Regina Spektor. 
Bienvenido verano, tan cruel. 
Tan hermoso y tan cruel. No sé tú.]



Summer in the city 
means cleavage, cleavage, cleavage

And I started miss you, baby, sometimes

I've been staying up drinking
In the late night establishments

Telling strangers personal things


Summer in the city
I'm so lonely, lonely, lonely

So I went to a protest
Just to rub up against strangers
And I did feel like coming 
But I also felt like crying
And it doesn't seem so worth it right now


And the castrated ones stand in the corner smoking
They want to feel the bulges in their pants start to rise


At the sight of a beautiful woman
They feel nothing 
But anger
Her skin makes them sick in the night

Nauseous, nauseous, nauseous

Summer in the city
I'm so lonely, lonely, lonely

I've been hallucinating you, babe

At the backs of other women
And I tap 'em on the shoulder 
And they turn around smiling but
There's no recognition in their eyes

Oh, summer in the city!
Means cleavage, cleavage, cleavage

Don't get me wrong, dear

In general I'm doing quite fine

It's just when it's summer in the city
And you are so long gone from the city 

I start to miss you, baby, sometimes

When it's summer in the city 
And you are so long gone from the city
I start to miss you, baby, sometimes

Oh, I start to miss you, baby, sometimes

Oh, I start to miss you, baby, sometimes

domingo, 16 de junio de 2013

Acerca de mi padre


[Intentos, no son más que intentos pero no logro nada. 
Eso es que duele mucho o soy inútil. Cualquiera de las dos. 
Es que cuando viene me quedo llena de letras.
Pero no sé, no me ordeno. No puedo. Tú juzga. ]

Abril

Noches de plaza

I

Vine a este lugar por ti. Te seguí. Pocas veces se ha seguido a alguien de esta manera desde que desaparecieron los grandes líderes. Los árboles siguen aquí desde ayer. Escucho su movimiento. El cielo también prevalece. Es común, pero enciendo un cigarrillo. Hay abuelos y nietos pululando. Barullo de plaza de pueblo. La iglesia está cerrada, no sé porqué. Hay esos muchachos y sus patinetas. Estoy muy vieja para ellos y ninguno me mira. ¿Dónde estás? No veo esa mochila con letras blancas que dicen “Katherine”, y a ti, ignorando quien es ella. 

Desde que recuerdo he ido a todo lugar por ti. Permanezco. Porque un día tú así lo quisiste. Hubo esa disposición. Los seguí a ambos. Ahora no entiendo porque tanto nerviosismo o tabaco. Bueno, hay gente por doquier. Podría ir al hotel y preguntar si te han visto. Si es verdad que estabas borracho. A lo mejor has olvidado el teléfono. Si acaso has partido ya. El sol ha desaparecido. No contengo ni la respiración ni los sentimientos. Ya. Han llamado a misa. Pero ni tus oídos ni los santos me parecen tan reales. Me pellizco los brazos de escuchar “papá”  en la voz de un niño que corre.  Y tengo un corazón que ya se rompe de verte.  Creo que jamás puse tanta atención en la plaza.  Es poco el corazón de la ciudad. Con un latir que son esas voces de todos, como siendo testigos de esta muerte. Tu estancia de hotel, mis pasos de cemento, esta soledad de banca de parque.

Voy a levantarme de este lugar por ti. En el camino me encontraré un bazar, diré que me esperen. Que me esperas tú o que debo encontrarte. Es sencillo imaginarte en la bañera desangrando de nosotros,  del destierro. La distancia es muy cruel y un juego del que siempre he tomado parte. A veces pienso que escojo a mis amantes por su imposibilidad de tocarme. Encaja, tiene sentido. Reconozco el amor como la imposibilidad perpetua de una felicidad constante. Tengo un corazón que ya se me rompe de verte.



 Junio

 (estos son esbozos a medias en la moleskine)

10:00 A.M
The day was so full of happiness. En el pueblo caía esa luz, tibia, tocando las paredes. Las escuelas dormidas en domingo, roncaban. Yo los conozco a todos. A veces hay vida afuera los domingos si es contigo. Todavía recuerdo los pájaros ridículos cantando. Anunciaban mis pasos apresurados para llegar a ti. Ahora. Ahora. Fuimos a la barbershop. Teníamos dinero. No mucho dinero, pero dinero. Te cortaban el cabello y yo leía El amante de la China del norte. Todos decían “que bella y educada es su hija”. Bueno, no sé si lo dijeron, pero debieron decirlo. Venga. Queremos hacerlo feliz. Venga. El pueblo es pequeño. Y te quiero tanto. En el hotel te conocen y te felicitan también. Es barato e insípido y tiene en las paredes fotografías de indios Cherokee. Me quieres tanto.

2:00 PM
Hay esas comidas fuera de casa. Bebés recién nacidos. Abuelos besándolos. No le he llamado a los míos. Soy de lo peor estos días. La progresión de las conversaciones en un ritmo indescifrable. Pero es sólo benevolencia y risas. Después del alcohol es llanto.

7:00 P.M.

El pasillo hacia la puerta de hotel, se abría como el camino de la muerte. Como el que recorre el condenado antes de la inyección letal. Dead woman walking. Siempre es caminar con tus maletas hacia un taxi amarillo. Un abrazo rápido. Mi llanto silencioso. Deambular por la casa. Respirar la música del viento para que permanezcas otra vez. Supongo que mientras escriba no me moriré en ti. Ni tú en mi, ni yo en nadie.

viernes, 7 de junio de 2013

Ni amor ni olvido (juegos sentimentales varios)



[Antes que otra cosa,
 agradezco al lector ese que nunca falta, 
por las mañanas o en las tardes. 
Me haces seguir publicando en este jodido burdel. 

**Anexo mi cara de cínica no sé porque, no encontré otra cosa. ]



NOCHES 
La primera vez que hice el amor con alguien, después de quererte, lloré. Qué cosa más extraña este mecanismo del cuerpo cuando se rompe. Él se preguntaba sí era verdad ser tan buen amante o si acaso, era sostenible mi depresión.  Pero seguimos haciéndolo. Yo ya no sé ser el amante de nadie. No comprendo cómo gritarle a él te amo en su oído. Sus aromas diferentes. Incluso sin recordar de cierto los tuyos. Imagino que tú lloras también. Más por mi que por otra, lo has hecho. Sé que lloraste como yo lo hice cuando él o ella te hizo café o te provocó tartamudear un te quiero sordo. Cuando bajó con su boca hasta tu rodilla, y detrás, y por enfrente y te volviste loca. Sé que quisieras también que nada de esto hubiese ocurrido. Que todavía llegara el día de besarnos. Qué me desearas aún. Que existiese ese hecho absoluto de vaciarme en tu boca.  Mientras asumes la centrífuga de mi espalda. Infinitas respiraciones pausando las piruetas de la tierra. Sé que a nadie has deseado de este modo. Esperas un día amarillo. Uno lleno de mí. Necesitas venir y sin embargo. La puerta está cerrada. Alguien la aruña para sacarte de mi hasta por el ombligo. A veces a mordidas frente al espejo. Algunos son mayores o menores. Ser joven tal vez es bastante sobre valorado. Pero todos me desean. No como tú, porque no me tienes. Más posible. Más tangible. Hasta el mareo. Él, y él y ella se preguntan todos los días como puedo ser tan cruel. Yo también me lo pregunto. Qué cosa más extraña el auto-sabotaje. Nombrarte dentro de los cuerpos de otros. Como siempre, deberías estar satisfecha. Estos juegos se simplifican una vez te rindes ante lo real. Por ahora lo único real es la noche que atravieso. Este sentimiento de culpa o las ganas de que él, quién sea, me lo vuelva a hacer a modo de dormitar en la penumbra. 


ENSAYOS
Digamos que todo era simplemente un ensayo. Qué puedo hablar de ti como he hablado de otros y mañana, pasado, dentro de un año, cuando ya no esté más aquí; podré hablar de alguien más y no me recordarás. Muy probablemente yo tampoco. Las otras personas me alabaran como suelen hacerlo; perfectamente entenderé que se trata de su tonta idealización ante alguien que no existe. Alguien que se han creado en su cabeza. La realidad, como bien pudiste verla, es esta. No soy más que una tipa cualquiera. Intentando, como todos, permanecer en la tierra como si fuese necesario. No nos han dicho que esto es de cierta forma impuesto, y que todos los días nos creamos responsabilidades que no queremos; pero que seguimos siendo cobardes para renunciar a ellas. Es que a veces significa arriesgarlo todo. Y qué más da. También es miedo a la felicidad. O estar totalmente perdido. A que no siga nada después, pero después de todo. Que solamente sea matar el tiempo, antes de que el tiempo nos mate. 






sábado, 1 de junio de 2013

Juegos sentimentales - Parte 3



Llegaste un lunes trece de mayo. Eran alrededor de las seis de la tarde; y me hablaste tres veces o más, en el día. Te regañé, te dije que manejabas pésimo. Me reprendieron a mí por maltratarte tanto. Yo les dije cuanto a mí me encantaba tu carisma. O era la singularidad tuya de soportar mis homicidios. Escucharte era tu manera de anunciar que llegabas. Espérame, estoy llegando. No sé si fue alerta de distancias o de orgasmos. Luego lo arruinamos todo. Claro.  A pesar de tu olor embriagante o la ridícula camiseta a cuadros que pude comer a dentelladas. Uso lentes Ralph Lauren y tú Prada. Y todos decían de pronto que debíamos quedarnos juntos. Pero yo te olvidé durante muchos meses de muchos días. Incluso cuando sonaba In a sentimental mood. Normalmente logro olvidarme de todo. Es fácil una vez te has desprendido de nimiedades del existir. Del orgullo, de la maldad y hasta de la inteligencia. Cuando te alejaste del ruido de la gente. Puedes decir una y otra vez “no soy”, “no existo”. Luego callar. Apartarse de todo. Es posible. Si has obviado las leyes de convivencia social. O retado el concepto de estoico. Tengo estos pensamientos. Logro extender los brazos cuando las paredes se amplían a la vez. Vuelven esos vórtices. Como ventanas huecas a no sé qué jardín. Todo esto es posible dentro. Afuera. Lejos. Pequeños engranajes llevando el peso del universo. Repitiéndome. 

Imagino que tú me olvidas también todas las veces. Sobre todo cuando piensas en ella. Siempre hay una ella. Sin embargo tienes el cinismo suficiente como los demás. Te he llamado casualmente. Sin esperarlo. Como todo aquél que necesita del otro, o necesita de ti. Como yo necesito de ti. Preguntarte cosas. Requerirle la voz. Repetirme en tu voz como un trece de mayo. Grave. Estentórea. Sin final.  Con el eco más largo. Como el fémur en tu pierna. Hoy te he escuchado con ese delirio húmedo y casual.

Y tú mintiéndome porque dices me esperabas.
Y casi tengo la debilidad de creerte el hipnotismo como un trece de mayo.

[...] 

miércoles, 29 de mayo de 2013

domingo, 26 de mayo de 2013

Sunday calling






He de pedirte que seas razonable. No me dejes de querer. Ni así. Aunque me odies. Aunque necesites rutinariamente verme ir y venir y hacer que gozo el amor con tantos otros.
                                                                      Autres

                                             Autres                                             a u t r e s.

Ya muchas veces hemos hablado sobre estas posibilidades banales. Pero no me escuches. No, no lo hagas. Es que me gusta callar cuando empieza a llover. El verano se acerca con su agua de muerte. También es la vida cuando era niña. La otra noche le dije a él, después de llorar mucho, que mi infancia se resumía en eso; hojas verdes, tierra mojada y charcos. Algunos barcos de papel por si me daban ganas de partir de la tierra. Y tenía siete. Tengo que repetirlo porque lo sueño todas las  noches.  Había esas cascadas de terror. Y yo las observaba por horas entendiendo la hidráulica como un concepto más de caída. Profundidades verdes y azules donde cabíamos. Ya hablaba de ti sin conocerte. Mar abierto. Suavidad. Destierro. Como éramos cuando me amaste. Sonaba Akira Kosemura, no sentía el peso de fantasmas en mi colchón, no les preguntaba “¿estás aquí?” “¿estás aquí, has vuelto?”. No eran cristales partiéndose a polvo sobre mis hombros. Yo te pido desde este dolor de útero, que vuelvas. No que vuelvas a mí. Yo sé que soy inolvidable. Vuelve a darme los colores. Es que me los han arrebatado todos. Vuelve a ser. Ya no puedo más con las manos adivinando vacíos. Hago como si atrapara el aire. Es que el día que descubrí que no podía jamás entender el espacio y sus partículas tan leves, sentí pánico. Tengo ese sentimiento otra vez de no encontrarte. Pero callamos todo. Principalmente los verbos conjugados en amor o esperanza. Realmente no sé las razones de este mutismo inoportuno. Desconozco huellas  inclementes; es como el viento. Una tarde, domingo, húmeda como tus ojos ante la luz. Húmeda y gris para derretirse sobre mi cuerpo, porque te gustaba imprescindiblemente mi felicidad de mujer triste. Un pulgar borrando mi boca que no hacía más que hablar teorías innombrables; ¿qué te explicaba?

| Lo blanco del techo.       |  El té se enfría.          |Ser como una                         ……………………………………………………......................…definición o textura de lo blanco.  

Debo llamarle a mi abuela pronto. Julio viene azotando las puertas después de Junio. De volcanes o tierra abriéndose. Deja un estruendo detrás que sólo puede confundirse con otros desastres. Menos certeros. Ahora lloverá todos los días. No hay puentes ni luces de donde colgarse. Creo que haré esa dinámica de rogarte con el susurro de mi recuerdo. Yo ya no tengo nada. Ni esa incompleta capacidad de armarte cuando estabas rota. Pero no te pierdas por mí. Tampoco sé dónde me encuentro. Ven. Ven aunque no me lo digas. 

martes, 21 de mayo de 2013

Alguien que...

cuide de mí (como la canción)
que me lleve a cenar
que me despierte
con quien desayunar
hacer ejercicio
que me visite

pero sobre todo que me lleve a cenar
y que pueda recordar las noches
donde una botella de vino, viento, sofá
o casa de campo
son suficientes,
y amanecer así una y otra vez
para recordar
q u i é n    c a r a j o   s o y


Solicitudes mandarlas al e-mail o no las mande.

Gracias.

viernes, 17 de mayo de 2013

Juegos sentimentales parte 2


Los días pasarán, otra vez, imperceptiblemente. Estoy intentando olvidar ese placer mío que obtuve desde tus ojos. O al ver tus ojos a través del cristal. Esa posibilidad turbia de la noche. Ya sé que él te ha preguntado por mí, y que no has negado nada. Es como si la presencia del tacto siguiese vigente aun sin existir. Como si nos escucharan de a poco esas risas que intentamos un día.  Tal vez es porque sabes que él también me quiere, y no podrías ofenderme en su cara. Pero no lo sé. Si la frialdad tuya es relativa a la mía. Espero que sí. Que todo lo hayas aprendido el lunes, de golpe. Que te hayas sentido tan mal al ir a la cama. Casi triste. Desamparado. Estos juegos sentimentales son únicamente de esta forma. Y yo pensando que había dejado atrás la crueldad hace años. Ahora todo sería más fácil, más sencillo. Tenemos la edad suficiente para abrirnos a la vida y los deseos. Caminar en soledad y sin preguntas. ¿Sabes cómo? Era un calor mientras buscaba no sé que cosas frente a él. En el auto. Pero ya no entendí muy bien esa mañana. Decían que sólo venías a despedirte. Ella lo dijo, mi amiga. Dijiste en alto mi nombre mientras te daba la espalda. Como si no quisiera voltear y decirte; ven, anda, lamento lo de la cena. Tuve dolor de pecho por dejarte allí. No me malentiendas. Siempre rompo las expectativas. Soy un ciclo de derrotas continuas.  Tengo la tonta idea de que ya lo sabes. Que no necesito repetírtelo cuando vuelvas a casa. No podía quedarme todavía. Me habita un pánico de niña por la libertad. Las habitaciones de hotel. Algo que me recuerda que mi futuro no es lo que soñaba. Nadie lo sabe. Pero me crece ese ardor o el salto del cuerpo cuando suena el teléfono. En una de esas eres tú. Con ese acento adulador de centro del país. Luego me nublo donde todo suena, menos aquí, a mi lado. Un ringing que lo hace todo eterno en un segundo. 

lunes, 13 de mayo de 2013

Sentimental




Solamente té verde y cigarrillos mentol. Bien lo dice ella, mi amiga, soy un fraude. Lo primero que haré cuando cobre mi cheque es comprar Chardonnay y reparar este asunto de no poder beber vino llegando a casa. Por eso té verde y cigarrillos mentol. Por eso no haberte besado o visto a la cara el tiempo suficiente para que supieras que soy yo, eso, idealizado. Eso que pensabas. La playa o el boulevard iluminado. Sobre tus lentes o los míos. A que yo podría hacer tu vida mejor. Sí, estoy segura. Quitarte esa sencillez anonadada que me provocaba reír en silencio. A hurtadillas, cerca del baño. A lado del refrigerador. Entre cajas de almacén. Por eso no sé si decir que estabas con los nervios o sí el único motivo del viaje era yo. O no. Y te he dejado allí, con ellos, como si nada. Como si no quisieras hablar de Jean Pierre Jeunet otra vez. O estar aquí dentro, nadar entre esta colección de imágenes rojas y verdes. Presentarte la ropa que utilicé. Con la que ya no podrías dormir. Según tú así. Pero es mentira. Seguro le celebrabas a tu madre el día diez. Por eso sólo escribías unas líneas. Por eso no supe de ti una semana. Pero es extraño todo esto. Sentir los pies airosos por volver. Preguntarme si escuchas In a sentimental mood y te arrepientes de no estar conmigo. Contemplar el mismo espacio a kilómetros cortos. Tu habitación de hotel viajero. Ese perfume que inundaba los cubículos. Seguro de marca, para que no olvidara la primera ves que me viste. Es que lo inundó todo; las paredes de madera. Incluso mi cuadro de Van Gogh, La habitación de Arles, que la llevo a todo sitio que voy porque me recuerda a ella. Supongo que ambos estamos igual de perdidos. Aunque a tu vida le encuentro más sentido que a esto. Yo siempre mal logro todos estos negocios. Por eso tampoco pudiste hablarme. Por eso han puesto una barrera entre nosotros. Nadie dijo que esto estaba supuesto a suceder. Yo le digo a ella, mi amiga, que entre más huya de los amantes, ellos llegarán para enjuiciarme cualquier día. Ella vuelve a decirme que no le ayudo a mi vida ni un poco. Al final creo que me siento muy triste cuando no vivo todos estos frenesís. Que son posibles contigo o con alguien más. Sólo tengo una botella de té y la amargura, estatua de ceniza. Me queda ese tabaco. Observar el barrio con las mismas lucecillas pálidas que estremecen en mis ojos. Frecuentemente es el llanto o yo jugando a que se ocultan. Abriéndose y cerrándose. Un buen poeta me dijo hace años “tú vas de más a menos y viceversa”. Creo que ahora es un político y médico especializado. Supongo que realmente lo que sucede, es que él me imaginaba con todos los matices de la oscuridad a los veinte. Tú querías la hora o a lo mejor no querías nada. Querías la luz. A lo mejor no estás leyendo sobre posibilidades. Ni pensando en esa manera leve de ignorar tu presencia. Quizá solamente duermes en tu habitación de motel. Mañana volverás a manejar y cuando vuelvas no hablaremos más, ni de dinero. Yo bueno, tengo todas las versiones de In a sentimental mood. No sé con cual extrañarte. Me vienen muchas noches de remordimientos. Eso puede ser algo positivo, verás. Huele a mentol o a cigarro. A noches como pequeñas sombras que contengo como un temblor de rodillas. En todas escribo porque es probable que aquí, entre las letras existas. Y yo también contigo. Si vale la pena decirlo. 

sábado, 11 de mayo de 2013

That sparkle in your eyes it's gone




“Recuerdo bien tus ojos”, escribiste. Se lo dijiste a él como si yo ya hubiese dejado de existir hace tiempo. Era un poco verdad. Aunque ya sé, toda verdad es absoluta porque si no, deja de serlo. Digamos que ya había dejado de existir hace tiempo, y aunque era sábado, y yo cantase lo que fuese, “You’ve changed, the sparkle in your eyes it’s gone”, tu boca roja no era mía sino de él. Aunque recordarás bien mis ojos o mi crueldad de las seis de la tarde.  O si yo te contara sobre aquella lectora que me lo dijo muy cerca “me encanta lo que haces”, que le respondí  - y exactamente qué es lo que hago; - Escribir, claro. Cómo lo haces y por que lo haces. Y yo me paré y me fui. Ahora me lee en secreto. Pero le cuenta a la gente que soy muy engreída cuando nunca voy a ganarme un premio.  Qué no soy nada guapa y no sé qué otras cosas. Tú sabes que miente, sobre lo del premio, claro.  Tú como nadie me leíste, y te revolcaste entre mis palabras para que te tocase al menos ese desprecio. Supongo que era más para encontrar un motivo o un camino. Ya sabemos que no vale de mucho, pero para nosotras fue el mundo. Una sonrisa o la palabra “each” de My funny Valentine. Y es que nadie entiende eso por estos días. Por la tarde de sábado, hoy, alguien hurga en mis palabras y busco algo en la nevera que no encuentro.  Es como esa desazón de tu “recuerdo bien tus ojos” ajeno. Como si yo te quisiera todavía, imagínate.  Un frío sobre la cara en pleno verano que termina por destruirte los pulmones. He vuelto a fumar, es un ciclo de destrucción incontrolable. En la oficina no puede irme peor o mejor. Me topo en cada rincón con que hay vida lejos de ti, lejos de todo, pero de todo. Con sus olores y sus miradas de adultos que me desnudan en segundos. Quiero correr. Quiero escapar de todos ellos. Es inútil adaptarse a la vida para sobrevivir. Hay momentos como ese crepitar en tu voz de despedida. Recuerdo tus ojos. Los recuerdo porque no eran del norte o del sur. Ni de occidente u oriente. Tenían una oscuridad inmensa a la que tenías que saltar  y caer dentro indefinidamente. Que tú no eras de ningún lugar. Y luego los demás murmurando que yo tampoco. El acento francés era de mi abuela, pero no.   Probablemente hay un sello de extranjero implícito en cada acto. Es realmente un hambre insaciable de algo que siempre desconozco. Quiero cantar hasta quedarme sin voz. O que haya demasiada luz para quedarme sin ver, y luego que suene tanto una trompeta para no escuchar más.  Hablo de ti por la mañana que tuve. Quería un sábado de ventanas y besos. Pero ya del amor no sé mucho. Tampoco lo supe cuando estabas tú. Empiezo a creer que todo es como la música que amo, y vivir sucede allí. Todo cambia. Ella lo hizo.  She´s breaking my heart.

domingo, 5 de mayo de 2013

Delirios I y II

- A propósito de mis charlas mentales y delirios, 
alguien de mirada curiosa o que echo de menos escribir.
 Lo pego sin ediciones, ni siquiera mentales -



Me gustaste para decirte:
¿Ya te vas?,
¿Tan pronto?

The sky was blue, and the beach was nearby.  
[Olas aquí y allá bla bla bla, la brisa de tu pelo
nadando hasta la orilla
la orilla de todo
despertar, de-sumergir
dentro del agua
 orilla de ti]

Hace tanto calor, te dije. Mi falda no se podía levantar más, ni los brazos, ni el ego. Ni este olor a aceite tibio sobre el cuerpo. Aceite de almendras o Karité dice. Casi un sabor dulce a primavera meciéndote en sus brazos. Ese transpirar en los hombros. Parecemos salvajes en estas situaciones premeditadas. Hay infinitos tactos que no sentimos si son a través de la boca. Una vez un hombre quitó mi sudor con su dedo, y fue la cosa más terrible que alguien pudo hacer frente a mí. Y él, es sólo agua, y ella “es que no pudo detenerse, le gustas”. Prefiero una conversación, le dije. Y no sé porque sentirme caliente de pronto si lo recuerdo. Qué quieras irte, que no pueda detenerte, que no vaya a hacerlo. Que así, tan débilmente, me mires venir hacia ti. With your wishful thinking.  No sé dónde estás. No sé dónde has ido.

[yo trepando, rapaz, con los dientes
y que la boca es
murmullo de fresas
o estrellas
devorando
como un fuego
intenso]
[medimos el calor en temperatura y grados Celsius
todo depende hacia donde gire el mundo
todo fuego es intenso

voraz

no hay términos exactos para describir
evanescer
ni en cenizas]


tic
tic tic tic
-          She used to smoke, do you?
-          sometimes, when I’m nervious
-          So, always, don’t you?
-          Yeah, you got me –dibujé una sonrisa aquí-
-          I think I wanna make love to you
-          Oh, really? Why’s that?
-          You remind me to her
-          How come?
-          You’re lost, I’ll  have to find you



Pero suena una guitarra que es como nombrarte en la huida  No sé qué clase de juego es pensar. Sería más fácil resolverlo todo con los labios o con esta entrega insana. Mi cabeza en charola o abril.  Abrir tanto el cuerpo para que puedas pasar. Y tus pasos, resonar de bocas mordidas y néctar. Olor a flores.  Ojala todos sintieran como nosotros. Pero los murmullos son momentos o delirios para mí. Creo que me estaré en el patio toda la tarde. Ellos están allí. Alguien pasará y me dirá “qué suaves tus piernas” mientras las toca. No podré defenderme. Me duele el estómago o la inmovilidad de la suerte. Quiero besarte hasta que la vida comience.

II

Siento la necesidad de sonreírte, porque eres una niña.
Tu padre no te suelta. Supongo que me tiene miedo.
Es inútil, no voy ni ha tocarlo con mis ojos.
Creo, me surgen estos sentimientos en domingo.
Hay que sonreírle a los niños. Pagar a los pobres.
Ir a la misa dominical. Darse baños de sol.
Aunque la sombra transparente sobre nuestra casa.
Cantarle a Jesús, aunque suene a blasfemia.
Tengo terror a la inocencia de no saber distinguir
si ya he logrado mi misión en la vida.
No puede ser esto.
¿qué hacen los demás  en domingo?




Lucidez extrema







  • ¿Amor? No, amor la verdad no necesito, de eso siempre tuve bastante. A mi lo que me hace falta es alguien que dentro de cómoda posición, se levante y salga a comprar mis botellas de vino. Hasta los domingos.




lunes, 29 de abril de 2013

"Aquél que salva una vida salva al mundo entero"




No soy más que una cobarde. Nuevamente me he aterrado del mundo. Recuerdas cuando te dije que el mundo es una porquería; y aunque te conozca y existas en él, y seas lo más perfecto que camina sus senderos, sigue siéndolo. Hoy, tuve el cine de la tarde, ese de cuando te vas y el día se termina justo a las cuatro. Y en mi terrible posición de clase media lo he observado desde el sofá, con mis perros, recién bañados con jabón “Consentidor” y con el estómago lleno y no pude más que sentir vergüenza. Ese tonto dolor indescriptible en mi humanidad. Cuando al menos debería hacer foto periodismo o haberme ido de voluntaria al Congo como tantas veces lo quise. Cuidar de los animales o hacer militancia porque todos somos tan infelices. ¿No te lo conté? Ella y yo queríamos irnos África, con los huérfanos. Pero prefirió irse a Israel, con los suyos. Luego se fue y eso también. Yo también lo hubiese hecho. Lo he recordado esta noche. A ella sin demasiada trascendencia. No entiendo mi estúpido llanto de sofá. Como si con eso se limpiara la suciedad de los sentimientos humanos. Y sus masacres. He pensado en qué raza soy yo. No soy lo suficientemente morena ni blanca. Mis antepasados son mitad mulatos, mestizos y españoles. Amo inexplicablemente a todas las culturas ancestrales que han habitado la tierra. Tengo apellido cubano. Mi bisabuela Carmen dejó que sus hijos murieran de hambre. Pero tampoco he luchado por nuestros indígenas, ni por la libertad. Ni por el amor. O la igualdad. Siempre me pensé tan individualista. ¿Qué estamos haciendo? Mamá pasa frente a mí y me observa llorar otra vez. Me dieron ganas de abofetearme. Como si llorar engendrara mas gente común haciendo cosas grandes, como el personaje de Don Cheadle en Hotel Rwanda. O si fuese tan glorioso como esa escena de Schindler’s List cuando se dice asimismo que pudo haber salvado a alguien más.  Si es que todavía valemos algo, cualquiera de nosotros. Pienso que esa gente existe pero rara vez se habla de ellas. Aunque tú y yo no hablemos sobre lo que han hecho. Pienso que a ellos les importa poco que tu y yo lo discutamos. La noche continúa. Como si mañana no tuviese que preocuparme por pruebas hidrostáticas o la presión que soporta el bronce a ciertas temperaturas. Cuando todos los días ya no sabemos por donde pasar para que no nos alcancen las balas. Amor, he llorado porque no me he muerto en la lucha. Porque no hago nada. Ni mi padre ni mi madre tampoco. Él se mudó de esa ciudad donde me dijo que habían empezado a asesinar chicos por cada rufián que muere. Y mi madre se lamenta porque no puede comprarse otro carro. ¿Por qué? No hay explicaciones para estas miserias absurdas. Sé que alguien puede leer esto creyendo que tiene cierta importancia. Yo sólo te las digo a ti porque tengo que decírtelas. Porque debes saberlas. Me sucede sentir que de a poco todos nos morimos y nosotras seguimos sin equilibrar el mundo. Pero ya es tarde. Ellos vienen por mí. Con sus ocupaciones y papeles donde debo poner mi firma. Y cuando ya sea casi inútil la cambiaran por otra. Pero tú, por favor, espérame. No te nubles con estos pensamientos. Yo sigo pretendiendo que la vida es eso que sucede hasta que llega el domingo.


J.

viernes, 26 de abril de 2013

Tracklist y asociados


-          Hola Licenciada ¿cómo está? Habla Marco Carranza de Industrial Omega
-          Hola Marco, estoy, y ¿usted?
-          ¿Cómo es eso Licenciada? ¿No se encuentra bien?
-          No, bueno, no es eso. Pero sí creo que la gente que dice “Estoy bien”, “el día es excelente”, frecuentemente miente
-          Mire usted ¿por qué cree eso?
-          Es muy simple, eso es así
-          Creo que la gente puede estar bien aunque usted no, o yo no, ¿no le parece?
-          Vamos, pueda que sí. Realmente me sucede esto, creo que los demás deberían ser sinceros; quiero decir que quizá estoy ansiosa, triste, aterrada, caliente, insoportable o sin expectativas…y debería decirlo; pero eso no queda entre gente como nosotros. Claro, eso en el supuesto que a usted de verdad le interesa saber cómo es que estoy
-          Licenciada, le gustaría que le preguntara mejor, ¿qué hace?
-          Sí, eso sirve más. He escuchado música desde que desperté
-          Ah bien…y sobre…
-          Ya, era temprano, primero hice escuchar algo que imitara mi felicidad de despertar, “Alright” de Supergrass, fue lento…despertar I mean., me desperté muy temprano pero el silencio. O será el eco de alguien… Luego intenté la idea del amor, para emocionarme ya ve, y puse algo como Paul Anka “Put yourhead on my shoulder”, como si en serio le cantase a alguien, junto al ropero. Cantarle a alguien como usted, por ejemplo
-          Y…
-          Y después eso me recordó a Corinne Bailey Rae, por aquella canción de “Put your records on”, que no me gusta tanto, pero escuché otras. "Like a star", "Trouble sleeping" y que esa me sale muy bien. Tengo la voz así de dulce, ese cover tambien de "Is this love", no sé, dulce ¿entiende?
-          Claro
-          Pero tuve que salir de casa, hay una espera extraña mientras llega el autobús  ¿sabe? Luego me gustó escuchar a Dido, algo como Hasta que descanses aquí conmigo... y es que perdí en las últimas vacaciones el aparato ese donde lo escuchaba; pero cuando mi padre vino me dejo un discman, y tiene cierto encanto eso de la retrospectiva y que me vean de re ojo como si no supiera que es 2013. Tengo pocos discos originales porque esa cosa no da para MP3
-          Ajá…
-          El otro día me hice de una ganga en un Waldo’s Mart, Primeras grabaciones de Jorge Drexler, y tiene como una luz de mañana en su voz, hay que escucharle. Disfruté mucho que traigo en la cabeza así “nos delata el equipaje, y la duda al caminar…” o “la niebla de Barcelona”…qué no sé, no sé cómo estoy Ing. Marco. No sé...
-          Qué interesante es usted Licenciada, y bueno, sobre esos precios que le di…

viernes, 5 de abril de 2013

I'm allright






Te complacería saber que estoy muy bien. Qué sé perfectamente como te sientes, porque me pasa lo mismo. Alargar este sentimiento amargo o insípido de duda. Mera existencia del recuerdo. Reminiscencias, como mis sueños diurnos, a veces. Aunque tengo muchos sueños por las noches también, así que no estoy durmiendo lo que debo. Hoy le dije discretamente a un hombre que soñé con Oscar Wilde el día que volví a casa. No se lo había dicho a nadie. Solamente a él. Después me platicó que amaba la trova. Se rió muy tímidamente, fascinado. Es que Wilde es su favorito. Y yo me reía de la ironía. Es que han pasado muchas cosas que ya no me conoces. Ignoro si me lo dijo porque sí, lo de Wilde, como se hacen estos asuntos de adultos. O si es verdad y tenía que decírselo a él, lo del sueño. Pero estoy bien. No me sucede el mal humor, ni la desesperación o desesperanza. No puedo sostener esto. Los días se diluyen como el agua tibia que no resulta mucho al final. Insatisfacciones. Se lo digo a todos, por teléfono o en persona, pero no comprenden demasiado. 

Todo es continuo, como sobre rieles, y al menos, hoy me regalaron un poema, un almuerzo y también me han invitado a la feria. Pienso en decir que sí. Podré quedarme en casa de ella, como alguna vez lo pensé. Su novio la ha abandonado, y probablemente, se rinda ante la idea de que la hago reír mucho, cuento historias geniales de mi infancia, y son todas verdaderas. Aunque de eso no estoy muy segura. De ella, es decir. Tiene la tesitura de la niñez de la cual tengo en mí suficiente. Yo, a media tarde escucho trompetas y respiro profundo. Doy gracias porque a mi alrededor hay gente que me quiere un poco. Por mi madre que vive y no podría estar completamente sola mientras ella exista. Luego me pongo triste por mi padre. Aunque seguro él está más que bien. Pienso que la vida es así. Que uno de estos días vamos a sonreír mucho, estilo Charles Chaplin. O viene el amor que lo hace todo nuevo cada vez. Estoy bien, de veras, pero me gustaría una mano en la oscuridad. Una que acaricia con la lentitud del jazz de este tema que escuchamos. Con el escalofrío temprano cuando no sabes el final de la historia. Me sirve sólo alguien que sonría con la mirada mientras escucha. Me preocupa la soledad. O pintar la habitación. Un nuevo librero que ya no sé dónde extenderme entre todo el cachivache. Sigo observando a mi tortuga nadar durante horas como un acto verdugo. Pero qué puedo hacer si ya está conmigo. Me voy a obsesionar con los  acuarios como en Rumble Fish, y que yo también terminaré muriéndome. 

Te alegra saber que estoy muy bien, ¿cierto? Yo sé que tú lo estás. A lo mejor me piensas en un acto repetido o porque no has olvidado como hacerlo aun. Todo va bien. Sólo que a veces me quedo pensando antes de dormir, si alguien estará soñando conmigo aunque me muera. Me imagino que existen como tú hiciste alguna vez. Y quieren llegar temprano a besar mis pestañas. Cuidarme en los destierros. Tocarme en mi penumbra. Pero nadie llega ni por casualidad. Estoy aquí y allá. Aunque lloro de emoción cuando escucho a Madeleine Peryroux todo el día. Y me llena de una diminuta y extrañísima ilusión. He venido a decirte “I’m allright. I’ve been lonely before”. 

miércoles, 3 de abril de 2013

Vacaciones



He de volver en mayo. Cuando las ciruelas sean de un tono rojizo o amarillo. Cuando el árbol rebosante de la primavera este lleno. Esperándome. A esta hora ya sólo quedan los niños en el jardín, jugando a no aburrirse, y los adultos en su cansancio buscan las siestas después de pescar hasta medio día. O él frente a mí. Imitando mi indiferencia. O el sol o el aire y todo lo que no se dice mientras ella duerme. Ayer veía un atardecer perfecto en lugares que nunca conocí. Toscana o un rincón apartado de todos, en la costa, a kilómetros. Nada deben envidiarle al mediterráneo. Un sitio, el sitio, donde te ofrecen la vida en copas; ese subsistir ebrio. Como si no faltase nada más que hacer ridículos o dejar ir el cuerpo. Aquí las cortinas se inflan una y otra vez para anunciar perfecciones. O es que han dejado las ventanas desnudas para que las miren en un acto salvaje y exhibicionista. Afuera cae la tarde. He perdido las fotografías de una vez. Quisiera decir algo tan simple como que el día no terminara; como si observar todo lo que no existe o existe tanto, pero no lo crees tan real. Y casi, casi no lo es. Por eso te mantienes de este lado de la ventana. Viéndoles. Pretendiendo que ya no recuerdas nada.  A salvo de la tristeza de marcharte. De no pensar en nadie. De no extrañar a nadie. Si acaso, precisar una boca dulce antes de marcharte a la cama. Quizá la de Mikél, a quien no conocemos. Pero lo soñamos la primera noche. Hacer eso de abrirle los ojos más con la boca, menos con la luz en la voz. Eso muy temprano en la mañana. Porque no puedes dormir más, es casi un dolor de espalda o el ansia de ver al día amanecer. Amanecerle. Una taza de café y luego el sol hasta las rodillas, ahogándote, con la misma permanencia del agua. Con la misma muerte o el absolutismo de un amor corrosivo. Con la embriaguez similar a abrazarle con las piernas mientras flotas. Lo recuerdas. Es un sabor salado emanando desde la piel, para no olvidarlo. Que no puede resistirse. He de volver en mayo y serán más días. Contaremos las piedras sobre la espalda o las veces que saltamos para liberarnos al aire. También para sentir menos, y no llorar. Nunca es suficiente. Es que cuando menos lo crees ya ha oscurecido. Todo vuelve a comenzar de una forma distinta. La luz es diferente cada vez. Como si unas horas fuesen las exactas y has trabajado, vivido, soñado, comido, dormido simplemente para sentir estas horas y no más. Y hemos caminado tanto y abierto de tal manera los ojos para dejar pasar la belleza a través. Quisiéramos hacer música o llanto. Pero ya nada, nada nos alcanza.


[Creo que alguien me llevó un vaso de cerveza o era la merienda, no sé, que no lo he terminado. ]

domingo, 24 de marzo de 2013

Agosto en C




Quería el vértigo en el calor. Y el devaneo de estar así, otra vez, preguntándonos los nombres. Como si aun no terminaran de lacerarnos con la euforia de vivir, y aun así encontrarnos. Pero, casi es incierto. Te vi solamente un día para comprender que este mundo, tiene cosas así de exactas. Que hay maneras de fluctuar salvajes por una ciudad enardecida de placeres. Y que tú, casi no los tocas, sólo te alimentas. Aterrizas en ocasiones para saber de mí, y de los otros a momentos. Para saber de vanidades fortuitas. Para conocer aquellos cuerpos como palacios. Quería que llegaras aquí. Desatar este hipnotismo. Nunca fui otra cosa que un estoico. Tenías esa idea sobre mí, verás, yo nunca logré comprenderla. Me da gusto ahora, decir, que hubo muchas cosas que tampoco comprendiste. Mi salvajismo, y cuando te hablé del dolor que iba a causarte. Dijiste: prefiero que seas tú. Pero lo dijiste en cambio para marcharte. Mira, no encuentro lógica en esos actos.  Es como esa canción de Devotchka: and you said you loved me, I thought you loved me.  Y nadie te cree ese jueguito presuntuoso jamás. Tengo esta nostalgia de ti como si de verdad te hubiese querido. Y no sé quién me ha heredado esta nostalgia. Si te hablo de ella, te pronunciaría la palabra  s i l e n c i o. Y  todo se oscurecería así, de repente. Absorbiendo la felicidad del mundo como si nada. Quería hablarte de la gente que me quiso. Todos convergen a la misma repetitiva y estúpida idea: tuvieron que olvidarme. Me pregunto si acaso me quisiste de verdad, así, como lo dijiste. Al píe de aquél piano. Y hacía dos horas que te hablé de Mr. Lawrance.  Qué no podías creerlo, casi gritando. La soledad nos había llevado hasta allí, un domingo redondo y tu nombre que iniciaba con la letra “c” o con "a", como corazón y consuelo. También pude comerme tu voz. Partir en la insatisfacción de decirte tantas mentiras. Voltear la cara para besar tu emoción. Y que sonriéramos a las cuatro de la mañana porque la luz era pequeña, tu estómago rugía tanto. No podía con el humo de la noche y la incerteza del despertar. Nunca he sido más sabía o más dulce. Me hubiese gustado hablarte de perfil y soplar en tu mejilla. Me hubiesen gustado tantas cosas.

 El domingo a la tarde es muy cruel. Quería que recordaras aquella vez que te leí y suspiraste como un niño. Ya no escucho esos suspiros por ningún lugar. Los busco indefinidamente en las librerías, y en mis estantes. En las cocinas y en los chinos. Casualmente en el té, bajo las cenizas y en Andrei Machado. Ahora tengo que fumar. Quería decírtelo, somos incompatibles. Pero deseaba ese calor de ti. Me he olvidado hace mucho de varias cosas; cómo resbala la saliva por la garganta si te ríes de tanta felicidad, el olor a vainilla en un beso –el tuyo- y a morirme de ternura debajo de las sabanas.  

Pero ya lo ves, era yo como esa canción de Devotchka. Bajo un cielo mexicano.

Rumble fishes



No puedo dormir. Estoy muy enamorada de Mickey Rourke en Rumble fishes. 

sábado, 16 de marzo de 2013

Jeux jeux, mon cour





Juego con mi corazón. Juego a que no está furioso o a que no arde como las estrellas.

A que es un músculo como todos los músculos, aunque no. Pretendo no recetarle soledad. A pesar de las largas horas impacientes de mutismo y frío. A pesar de su rebeldía de humano o su inconformidad con las pausas. Me gusta pensar en las adolescentes que van por la vida con el corazón remendado con goma de mascar. Y pienso en el mío, tan infame, incrédulo, pero valiente. Pienso en sus cicatrices de guerra como una montaña llena de rocas antiguas, más viejas que las piernas de Dio-s, en las que se sostiene el mundo. Juego con él. Le hago trampas diariamente. Incauto, le inserto una vida que no quiero. La desprecio. Hablo con gente sin substancia ni voz. Incluso me es insoportable el sonido del lenguaje. Cuando todo lo que quiero es agua. Agua en mis oídos. Luz en los ojos. Nieve en las manos. O los glúteos de ella para poder dormir. Qué más da que deteste nuestros juegos. Nos encontró un día cuando llorábamos mucho, él y yo. Incontrolables, y por supuesto, incandescentes. Nuestra llama le habló de sombras y destierros. Hizo quedarse atrapada en nuestras historias de niños salvajes. O de nubes, y destellos de diamantes que nos partían las manos. Toda belleza tiene algo de incomprensible. Como este sonido de olas en una inmersión artificial. Una habitación con una ventana pequeña. Con ese desapego al existir o existir tanto, un asombro de Greg Haines bajo todas las cosas. Estar así debajo. Desistir. Juego a respirar. Mi corazón y yo jugamos a que se detiene. Y luego vuelve a comenzar en los días más certeros. Cada despertar es otra era. Otra yo. Mejor, más inhumana, más monstruo. Más abominable. Y en cada ocasión amo un poco más o un poco menos. Las demás personas no existen y corren despavoridas en el horror de nuestro sonar incomprensible.

A veces jugamos a la niebla o a las mudanzas. Nos gusta la decoración de interiores y el frío matutino. Hacer humo para perderse en él. Como un verde que nunca se seca, amamos los exilios que nos dicen que nunca partimos si nunca llegamos realmente. También jugamos a los barcos de papel y a las cometas. Nadan por los canales intravenosos llevando sueños a lo profundo, que luego se disparaban hacia arriba. No sé donde. Es un continuo vértigo donde no comprendemos la dinámica de compartir espacio y tiempo, si siempre estamos en sitios diferentes. Pero todo parece ser producto de una vida anterior. Más simple. Queremos creer que siempre estuvo ese amigo de ojos celestes acompañándonos en todo. Costuraba los orificios que hacían las piedritas del juego de la tarde. Las piedras como balanzas del mar para que no termináramos ahogándonos. Los mismos barcos nos dejan llevándose todo, a no sé donde.

Mi corazón se defiende ante mi tiranía. Hace la música o el drama teatral para convencerme que la vida no es esto. Me paraliza cuando menos lo espero. Invade todos los sistemas y todos los diagramas de mi cuerpo. Por eso invento su juventud o su vejez. En grandes festines pasamos horas cultivando flores o bebiendo alcohol para que se olvide un poco del verbo pretérito. De los agujeros en los zapatos o los jardines que de a poco se incendian porque no estoy, no estamos verdaderamente aquí. Quiere entender porque lo odio tanto. Porque abrir los brazos y cerrarlos como esperando el toque, el abrazo, la colisión mía con la eternidad prácticamente imperdurable. Quiero separarme de él. Hay sonoros días donde su veneración poética, irascible, se apropia del viento. Juntos me juegan el cabello y las orejas. Me distraen durante todo el día y no puedo con los conocidos, los comedores, las esperas que son filas de supermercado. No puedo esa separación de los pasos o las huellas. Sale triunfador dejando piltrafas, tiritas de piel, pedazos de carne. Inútiles.

Juego con mi corazón. A que es un niño o un pájaro.

Y que vuela igual o que no tiene nada más que hacer que esperar la hora del té o la lluvia. Pero ya se cansa cuando llega la noche o la mañana, y no nos hemos mudado; ni partido, ni redecorado, ni ahogado, y seguimos siendo los mismos. Y lo consuelo un poco porque no se ha congelado todavía.

Juego a que es gran amigo del tiempo, y a que no está siendo devorado por él.

[…]