martes, 29 de julio de 2008
Escribir un domingo y la TV
sábado, 26 de julio de 2008
Alejandra, algo sabe
Hace unas horas le conté a Alejandra cómo me volví a enamorar de ti, y en un solo día. Quién lo iba a decir. Quién iba decir, en un viernes a las 7:48 de la tarde, que a orillas de una ventanilla de automóvil todo el asunto sería tan rotundo. El chofer me dejó fumar mientras se subían los demás pasajeros, ya sabes; “fúmele señorita, pero cuando se suba alguien lo apaga de favor”. Ha de ser que me veo más bien como un hombre simpático, o un tío cualquiera. Un tío, que cuando ya está muy ebrio le dice al de a lado “te quiero un chingo güey”. Y no es que yo no lo diga, tú sabes. Es solamente un ejemplo. Tú aún no entiendes mi concepto de estar enamorada. Será, tal vez, que nunca hemos dado una madrugada de esas muy tuyas y muy mías para explicárnoslo, pero explicárnoslo bien, de claro. De definitivo, y con una sinceridad que sobrecoge al más discreto. O al más cojonudo. O a la mentira más acojonante. Alejandra, vuelve a mí como vuelven las cosas que se van, y nunca esperan. Vuelve de una manera privilegiada, de esas cuando no transcurre el tiempo entre dos personas muy amigas, sin conocerse demasiado en realidad. Ella es apta y perfecta para saber como me volví a enamorar de ti, y en un solo día. Y quién lo iba a decir. Quién iba decir que en un día, si antes me tomó mucho tiempo. Meses, la verdad no recuerdo. O si, quizá fue ese día explosivo en que te conocí. Desde las primeras tres palabras. Lo que tarda uno mismo, en darse cuenta. No sé. Igual, debió ser mucho. Es muy grande el espacio entre un te quiero, y un te amo, en medio de un te espero, un te extraño, o ¿qué día es hoy? Ah sí, sí. Una brecha que siempre, entre tú y yo, se abre y se cierra. Como los pulmones se llenan, se vacían y también se enferman. Hay de casos a casos. Pero no le conté a Alejandra que hoy me tropecé muchas veces y que la gente se rió, se rió y yo volteé nunca la mirada. Existían eso sí, los ojos intensos que dicen me ha heredado mi padre, y que a él se los regalo el abuelo y así. Todo eso existía a través de las calles. Y las manitas en los bolsillos. Una carita acomodada de tal forma para que se pudiera pretender, que si tú no ves a nadie, nadie te ve. Alejandra tampoco supo de mis palabras masticadas durante todo el día; “¿quieres casarte conmigo?, estaremos de Luna de miel hasta que me dejes”. Luego fingiremos un divorcio apresurado. Alegando diferencias irreconciliables. Por que de Al Pacino yo prefiero Scarface y tú El padrino II o Carlitos’s way. Que yo elijo a Yann Tiersen y a Morricone, tú a John Williams, Hans Zimmer, o a Danny Elfman. O lo que es peor, es que no conoces a ninguno de los nombres mencionados. Algo tendríamos que inventar. Dicen de nosotras; dos mujeres impresionantemente acojonantes. Pero todavía no sabes de mi definición de estar enamorada y hoy no te la voy a decir, pues hoy sería muy prematuro. Nuestro amor, hoy sábado, es tan prematuro. Como lo fue mucho antes de todo eso tan rotundo recargado en la ventanilla de automóvil. Y lo que vino después, algo así como una duda añejada de “qué rayos somos”. Yo me cubría la cara cuando se me venia de golpe la mirada o la sonrisa tuya, con la pálida luz de esa habitación color blanco. Ella no me preguntó algo, es natural en ella darse cuenta de a poco y en silencio. Al menos eso creo, ya sucedió antes. Pienso en Alejandra calidamente, sin más, sólo se enteró de primera mano como me volví a enamorar de ti, sin decir una palabra. En un solo día, y quién iba a decirlo. Quién iba decir que sería ella la primera en descubrirlo tácitamente. O que pienso más en ella justo ahora que te escribo, aunque te ame a ti tanto, tan fucking so much, y tú no sepas cómo es hacerlo. Manejarlo. Como es estar enamorada así. Y que hace unas horas, te confieso, era mucho…pero mucho, mucho menos.
jueves, 24 de julio de 2008
Cartas III
domingo, 20 de julio de 2008
Integrations/Integraciones de Pablo Neruda
Translation by William O'Daly
Integraciones
Después de todo te amaré
miércoles, 16 de julio de 2008
Fragmentos simples
domingo, 13 de julio de 2008
Y papá, allí, bien ido.
En su sofá con el vado,
y la panza saltona.
Pienso que,
efectivamente me parezco a él,
¡ah! tantos gritos…
Mi planta acuática ha muerto.
Le pregunto a mi madre,
“qué putas con mi planta,
el martes crecía bien bonita,
y mírala, toda muerta”
Ella no sabe, o pretende no saber.
Qué mierda. A veces pienso que los gritos,
son como el llanto del silencio.
La gente acá para cansada de vivir.
Del dinero, de los gastos.
Hasta de la lluvia, pero yo de la lluvia no me canso.
Aunque te arrastre como el otro día,
y hasta el asco.
Ah, como grita mi madre.
O como me grita a mi.
Luego le da pena mi cara de “ah bueno..”
y me dice muchas veces “hija, ven…hija”.
Y papá allá en su sofá con el vado,
y la panza saltona.
Viendo Discovery Channel,
o el de la Historia,
yo
que
voy
a
saber.
jueves, 10 de julio de 2008
Quedarse dentro
Cómo no llamarle por su nombre a las “cosas”.
Y te sigues así, detrás del párrafo y sus tildes,
escribes, por si aciertas: “ani ohev otaj”
en cualquier vidrio mojado,
te estremeces mientras te fumas un rojo
entre la sombras,
…………y, ¿qué queda?
Vas por ahí jalando tus hilos del desastre,
como un títere entre carpas incendiadas,
enseñando la lengua a los arlequines.
Cómo no llamarle a esto “necesidad oblicua”
o necedad, enfermedad,
o algún desorden alimenticio.
Cómo respetar el silencio que trae consigo
la muerte de mis ganas.
Lanzar esa mirada de te amo, pero te odio,
luego reírte por que de nuevo perdimos el partido.
Ah y ya sabes, luego they say; yeah, you know,
para explicar algo que no se explica.
Ah si, sí. Pero cómo le explicas que te estas muriendo.
Que el puto cartero no llega,
que la colonia Moscú se inundó
con esta piltrafa de huracán que se formó en el Atlántico.
Que los relojes nos comen. Y así.
Pero, cómo sobrevives al día, sin música.
Del ella, música. Del ella, poesía.
Cómo no llamarle poesía, a lo que es poesía.
Oh, pero si estas jodida. Y que desastre eres.
Marcela te dice que seguro el estómago, te sangra.
Yo pienso que si de algún lado sangro, ha de ser por ti.
Cómo, cómo, cómo.
Mi cuerpo se aferra a las preguntas, siempre.
Lo mío es complicar lo simple por ejemplo
decir “quiero coger”, y no coger.
Y qué lenguaje de camionero tienes.
Ah si, sí. Cómo arde. Cómo duele,
llamarte y despolvarte de mi mente sinuosa.
Llamarte como decir cosa, o costumbre.
O “me pasas el cenicero”, “me lastima el Jazz,
el Bossa y más, Debussy”.
Cómo rematar, este jodido poema,
que no es poema, pero lo he hecho yo.
Oh, y llueve. Me llueves, llovemos.
Cómo decir que dan ganas
de meterse a un charco,
buscarte allí, transgredirte,
raptarte,
cambiarte el nombre
fundirnos un poco,
hasta no buscarnos nunca,
y quedarse, amor, dentro
.....................dentro.
martes, 8 de julio de 2008
07.07.08
miércoles, 2 de julio de 2008
Alborada
Llámame “amada”,
llámame “hora”,
“luz apagada”,
“corredor vacío”.
Llámame desde donde no sale más,
el lamento con que nos necesitamos,
tan fuerte, tan violento
como sólo tú y yo sabemos
vengar la ausencia.
Llueve mucho estos días,
apenas julio
caen
…..caen,
lentamente
todas nuestras pertenencias
a no sé donde.
La humedad en las paredes
me hace llorar.
Y el oxido,
que no sabe que
ya es muy viejo,
no se cansa de ser,
de brotar bajo la lluvia.
Como un vaho raquítico e insistente,
como el aliento desde la boca
de lo ya muerto.
Estoy cansada de ser nadie.
Si me hablas, llámame
“sombra”, “nube”
“ojos caídos”.
Lo que nunca tengo
ni se deja ver.
Llámame “amada”,
llámame “hora”,
“luz apagada”,
“corredor vacío”.
Pero no me llames así,
sin un nombre.
Como si no fuera tuya,
como si no temblara
cuando te acercas
sigilosamente
desde una esquina,
dolorosa y fatal.
viernes, 27 de junio de 2008
Seremos nunca

Luego vienes desesperada. Conmigo y sin mí. Y yo sin mi también, o alguna cosa enajenada de ser nadie. Después vengo odiándome, y con todo eso llega mi madre a odiarme aún más. Y nada es eso, qué es eso, sino nada. Acá, los días van mordiendo peldaños. Licor, cerveza, vodka, cigarro, la vida que arde. Luego te dicen que el mundo es así, que si tu cuerpo imperfecto y los dientes torcidos, o imposible quedarse en el polo sur una temporada. Alejada de ti y de todos. Nunca seremos vestigios del gran emperador, ni huellas, ni hastío. Seremos nunca y nada más. Pero luego yo vendré con la angustia fundiendo mis ojos, y las manos, cualquier situación que caliente una cama muy fría. Correré, correré por las orillas al final de la ciudad, de nuestra ciudad sin dueño. Miraré tus ojos, comeré tus ojos y lo que no existe. Y voy a cansarme de ser nadie, de ese nadie enfermo que es ser yo. Sobrevolaremos el bosque mortífero donde jamás danzamos, ni tragamos lluvia, ni nos masturbamos con las manos de la lluvia, o lamimos los pezones de las hojas. Es tan fácil darse cuenta que, tenemos nada. Cansado es, no contar las esquinas donde no nos vendimos a ciento ochenta pesos, por sentir nada más un poco, solamente un poco. Castigar al dolor con sangre. A carne cruda. Y eso es horrible, ofrecerme es horrible. Sentarme no es justo, o que me arañen las piernas con aires de que “aquí es de otro tipo de talón”. De talonear. Luego tú vienes desesperada sin saberlo, a tocar fuertemente mis puertas. Me dices desde allá cuánto detestas que sea yo, eso. Aquello infame que es ser yo, carcomiendo los instantes donde guardas silencio. Y yo lo sé, pero también me vuelvo silente. Como Chaplin y El chico. Hoy imprimí una foto de ambos. Sin ellos. Te digo que sin ellos en realidad, por que ya no existen. Pero las fotos siempre serán las fotos. Tener lo ausente. Nosotros entendemos las fotos, y las cámaras, los flashes, cualquier mísera realidad que pueda tenerse por un segundo, o dos, o tres, dependiendo la velocidad. A lo mejor tú no sabes de eso. Pero yo si. Yo sé por ejemplo de cuando vienes como desesperada, o estás desesperada y no vienes. Exhausta de odiarme hasta el tuétano. De callar, de los momentos incómodos o de los nervios. De lo tibio que se siente allá abajo si me piensas así, como soy yo, lo que sea ser yo; mirándote de una manera redonda y sin tregua cada uno de tus lugares vergonzosos. Viviendo desnuda, donde te enjuagas el vientre. Rindiéndote, conmigo, sin mí; cuando ya ha pasado todo el tiempo que hay que ocultar bajo una falda. Luego cruza el desdén, la calle , nos olvidamos. Olvidamos como es eso de sernos nadie. Decir ella es nadie y no sé donde vive. Ni donde duerme, ni con quién se está matando las ganas. Y la ciudad va, nos sobrevive. Las luces nunca son iguales cuando se regresa a casa, no sé si lo has notado, tú, que no eres nadie. Jamás y nunca, serán iguales. Pasa, que tenemos el descaro de sufrirnos y yo de trazarte soberbia, así, como desesperada. Y quitarme del camino.
viernes, 20 de junio de 2008
Well it's been a long time...
jueves, 19 de junio de 2008

martes, 17 de junio de 2008
Recado (dos puntos)

Quiero decirte que estoy muy contenta. Hoy fue un día de la puta madre, pero te vi varias veces y eso me sirvió mucho o fue simplemente “genial”. Tú dirás que le doy importancia demás a muchas cosas, que ya no me bañe tanto, o discutiremos sobre las diferencias al amar, de mi dolor encarnecido, la cantidad de lágrimas que rodaron hoy. Pero has venido, me has esperado. Y yo te amo más todos los días. Nadie entiende, amada, nadie. Hemos tenido días de gloria, lo sé, tú también lo sabes. La distancia nos hace bien, y esa ausencia de la que tanto te he hablado es tan sana. Por la mañana llovió en este pueblo chueco. Escuché demasiado tango, que de nuevo me siento argentina, sin ánimos de molestar. Salí a mojarme, pero es tan perra la vida que en el momento que salí, paró un poco de llover y yo hasta me había puesto ropa “playera”. Esas son mamadas contra mi libertad. Me duele el trasero ahora, quiero irme a la cama, pero el temor siempre eminente me detiene. Ya terminó Amores perros en la TV, no me gusta tanto, pero esos perros sí, “el chivo”, el deseo de ser indigente. Te hablé de eso hace rato. Pienso en dejarte esto aquí, hablarte, sin pretender nada, olvidarme de mi misma y sólo contemplar mi foto nueva – donde te ríes tan amablemente, cálida, sin miedos -, a lo mejor y rezar un poco por qué nada te pase de aquí a que yo vaya, como si supiera hacerlo. No sé, amada Crown, quería decirte todo esto, que me encuentro con calor interior por llamarte, por estar acá, por decirte cada día con más seguridad que te amo. Que esto que hemos plantado crece enorme entre la tierra a la que llamamos hogar, nuestro hogar enrarecido. Ir, sólo ir, me abraces mucho mientras -interminablemente- sufro por dentro, aquella cosa que tú sabes. Amada Crown, lo importante ahora que es que estoy muy contenta, como si ya estuvieras, como si yo estuviera allá.
jueves, 12 de junio de 2008
"Painfully tie to you"

Estábamos tristes a esa hora. Tú allá y yo acá, pensando. Lo sé. Y queremos salir, no quería el partido a las 7:30 p.m., ni un “muy bien, te ha quedado muy bien”. Quería entender las cosas que no me dices o que me doliera menos mi elección. O tu elección. Dejar de escuchar atenta a k.d. lang cuando dice, “now that you’re gone maybe i wont feel so sad”. Por qué voy en el auto y la gente va también con sus graves voces y su sueño, los celulares, el calor, y yo no entiendo nada. La tarde se vuelve inmensa a través de las ventanas mientras viajamos. Pero, voy hacer de cuenta que no sucedió nada. Para no hacer más ancha la herida o más desdichada mi suerte. Tú no me has dicho lo que sea que hayas dicho. Todo lo demás siempre son conjeturas mías y delirios, o desvaríos. Siempre. Cómo puedo vivir si tú no estás. Has notado – mi amor – ¿qué vivimos atadas a algo que nunca viene? Tú harás de cuenta, como que no pasa nada.
martes, 3 de junio de 2008
Heridas

a llorar mucho y tú
no sabes.
otras cosas: violines,
pianos, hombres
o yo que voy a saber.
en estos colores,
un tema de Piazzola
o la mugre que teje
tu ausencia siempre
beligerante.
Y para consolarme
escribo un poco.
la misma mierda, pero
igual, como esperando
a que pase todo esto,
que nos culpa y aún
nos sobrevive cada mes
y de pronto cada año.
Voy a guardar esas silabas
de cuando callo nuestras
verdades inconclusas.
Así, quizá y olvido,
esa lagrima que se desprende,
como una gota de sangre desde
mi eterna herida con tu nombre,
como una infección de odio,
que no termina nunca de sanar.
viernes, 30 de mayo de 2008
Cartas II

lunes, 26 de mayo de 2008
Las Narnianas, el Triciclo y el Centauro

Ayer vi Las crónicas de Narnia por segunda vez. La del Príncipe que en realidad, no sale tanto. Fuimos las dos. Tuve que llevarla, decirle: querida, tengo que verla de nuevo. Ella sabe que los ojos se me inundan al ver todos esos mundos hechos realidad. Que es tanto como acá, como allá. El mundo de ella y sus flores secas - terciopelo, encaje negro, dibujos que le ha dado su novio - Karina tiene flores secas por toda su habitación. Y lloramos por dentro al ver todo eso. Gritamos POR NARNIA varias veces, hacíamos ruido sin molestar. Alzábamos las manos: ¡Aslan! ¡Aslan! O cuando los árboles atacaban: ¡Los árboles! ¡Los árboles. Y quedamos en que la próxima vez llevamos espadas o un carcaj y yo llevo mi fauno de peluche. Aunque no sé dónde está. Más tarde bajaré desesperada a buscarlo. Mi madre dirá: eso es del diablo Jazmín, eso es del diablo. Y a mi me importara lo que le importa a un niño destruir un hormiguero de arena. Lo más seguro es que Romeo Poulain lo haya ofrecido en sacrificio en el patio de atrás. Pero eso lo veré más tarde. Anoche, hubo que contener el cuerpo de Karina. Se puso muy triste por qué a la mitad de la película se muere un minotauro, y la emoción era mucha, y hubo intermedio y no queríamos café. Ni esas cosas que los vendedores te ponen en frente acosándote. Ellos quieren tu dinero. No les dimos lo que querían. Karina, mi amada y bella Karina, dice que es Aslan, me dice: Mira mi melena Poulain, mira mi melena, yo le digo: La veo. Luego me dice que por qué no vivimos en la Narnia de C.S. Lewis, si me ve tan bella montando un Centauro. Abrazándolo, acariciándole las orejas. Sujetándome de su cabello. A todo le digo que si, por que yo también lo veo. Nos vemos allí. O quizá en la comarca de su buen amigo Tolkien. Ya cuando vamos en el autobús y escuchamos Secret Garden o Malice Mizer, nos preguntamos la una a la otra, si es que somos raras, estúpidas, o algo así. Por qué cuando vimos Harry Potter ella se enamoro de Dumbledore y yo del personaje de Gary Oldman, pero eso era normal en mí. Es Gary. Hacíamos como cuando el muy lover se volvía algo así como un Fénix y yo me achataba la nariz “¿Quién soy?”: el innombrable Poulain, eres el innombrable. Y esas cosas tan nosotras cuando salimos del cine. Nos daba más risa que pensar en cómo somos. Pasamos a otros asuntos. La crisis ambiental no es nada buena, pero vivimos muy lejos, muy lejos, tenemos que tomar el autobús. Para nuestro consuelo pretendíamos ir en triciclo, y cerramos los ojos, movíamos las piernas. A veces me volteaba y le decía: Te amo mucho baby, ¡vira a la derecha! ¡Vira a la derecha! Ella viraba a la derecha y yo le seguía. Prontamente ella me susurraba cerca del oído: ¿a qué huele el centauro Jazmín? Yo le tuve que decir, que esa, es otra historia. O sólo otra crónica de Narnia. Karina dice: Cierto, somos Narnianas. Y pedaleaba más rápido el triciclo. Yo seguía cabalgando un gran centauro.
miércoles, 21 de mayo de 2008
Cómo sería

cómo sería.
Posar, dejarte ver mi cansancio, verme arañar
la sabana verde de los campos de mar.
Contemplarme desnuda de mí. Por sobre todo,
de mí. Cómo sería nombrarte sin tu nombre.
Dejarte, dejarme. Dejar el mundo un minuto.
Quitarme los ojos, ponerme los tuyos.
Mudar de piel, ser música en tu oído.
Tu clásico oído de flora. Ser como quien vive
siempre dentro. Ser una lagrima roja.
Cómo sería decir “enjuaga mis pies, amor”,
cómo sería. Bébeme lento, elévame. Ser arpegio,
un nulo arpegio. Devorarme, devorarte.
Desde la voz hasta aquello donde te escondes,
y donde termina la línea del ombligo. Vientre
de infante inmaculado. Hacia allá, al hospicio.
Liberarme de la duda. Contar lunares huérfanos
amor, encontrarles una forma, plasmarlos sobre
el óleo de tu boca. Comer los lunares, de los
lunares. Lamer, la boca de las bocas. Vaciarme el
agua del cuerpo. Gemir todos los cuerpos.
Cómo sería decir “estoy exhausta, amor”,
cómo sería. Gritar, permitirte ser la palabra
rota entre mis dientes. Cómo sería sernos
abajo. Dejarme y dejarte, ser viento arriba,
ser viento a lado. Ser ambas, cruzando el espacio.
Decir “debo ser polvo, amor”. Ser,
como debiera
ser.
martes, 20 de mayo de 2008

Trato de convencerte de que soy así. Hoy no saldremos a jugar y me mantiene ida o molesta. Absurdamente espiando, para que no nos ganen la caja de arena o el subibaja. De cualquier forma no vamos a jugar y está decidido. Te encuentras buscándome en los libros, revistas o en cualquier bazar. Pueda ser que bajo las piedras muy grandes, en el cabello de una niña muy alta. Por las orillas de cada parque. O pueda que no me busques en realidad. Yo en vano intento persuadirte de que soy así, solo así. Frágil. Como mística, como oscura. No sé. El otro día me imagine que si yo pudiera verterme despacito en el viento ya no habría que explicar nada. Ser así, sólo así. Algo etéreo. Jugaría contigo en cualquier parte, contigo, con cualquiera de tus partes. Pero junto a ti seguro. Hoy no vamos a jugar y probablemente este aburrida pasada ya la noche. Preguntándome porqué en mi walkie talkie solo se escucha un “si vinieras, si tú vinieras”. Si sólo vinieras. Sigo acomodando las palabras al revés para que descifres mi anciana edad y cómo se llama la canción que siempre canto. Trato de convencerte que soy así, pero ya no quieres jugar conmigo. Que soy así, como la música que escucho. Por qué la entiendo, por qué traspasa todo esto perpetuo que soy. Como niña, como adulta. Como la lluvia que cambia de lugar si la sostengo con mi dedo. Trato de convencerte de que soy así, una mujer o algo. Algo así, muy yo, todo lo que dicen que soy yo, ellos. Un poquito feliz y un poquito triste sería. Sí, así sería. O pueda que no.
viernes, 16 de mayo de 2008
Cartas

Me gustaron mujeres antes, creo desde niña, desde muy niña pero para mi es cierta fijación con la perfección. Y con esto no hablo de lo físico que al final no viene importando...sino ser una obra de arte, una mujer puede ser una obra de arte intrínseca. Una mujer como yo, puede amarlas a todas, todas son mujeres dicen. Ellos dicen: todas son hermosas bla bla bla. Simplemente no lo creo así, podría hacerle el amor a cada una probablemente, pero ninguna me gustaría lo suficiente. Incluso atreverme a decirles te amo, sentir que las amo y lo más seguro es que no sea verdad. Me miento siempre, le miento al mundo. Con ella no creo mentirme ahora ni nunca. Jessica Stein me llevó desde la risa al llanto. Me la imaginaba a ella ahí, toda histérica diciéndole a quien sea: ¿te doy asco? no, no, no puede ser, tengo que terminarlo. Me veía a mí siempre exigiéndole más de lo que puede darme o lo que puede permitirse dar. Tantas veces Crown, pedí tanto de ella sin saber o sin ser tan egoísta, me siento egoísta hoy. Siendo que yo la provoque, fui yo quien se aprovecho de su belleza, de ese amor puro e incontrolable que no veía venir, que no sabía descifrar y yo, con afán de alimentarme quise testar y apropiármelo. Te cuento que me dolió verla por que esta vez fue diferente, es todo tan "así". Sé bien que tienes en mente: todo lo que se hace por amor va más allá del bien o del mal. Lo sé, pero nunca seremos ella, ni pensaremos como ella. No tenemos su historia, ni su edad, no tenemos nada de ella. Comienzo a pensar que hasta hoy le amo de veras, completamente y profundamente. Y sé bien como terminará esto, aún así de vez en cuando me invento historias, diminutas historias en mi cabeza del principio, del clímax, del final de todo. Sé que terminara con un viaje eterno, una linda boda y una mujer llorando mil vidas, como si supiera que fue hecha para alguien pero ya no está ni lo estará. A veces me pienso así, que este dolor no ha comenzado siquiera, ni el amor, ni el deseo, ni la impotencia por poseer su boca aún cuando todo lo que hemos tenido ha sido libertad. Por que nunca fui tan libre y me esclavice tanto. Sí amada Crown, ver Jessica Stein me dolió por que me duele. Me retorcí en la cama de angustia, tuve que prender de nuevo la PC, pensar, idear que tenía ganas de escribirte. Como si escribirte fuese posar mi frente en tu ombligo, sentir que me sumerjo en aguas nunca hostiles. Aguas claras y de temperatura hermosa...Oh Crown hasta cuando seré esto que soy. Esto que ama así, que le ama así hasta desear la muerte. A ti y a mi no nos haría bien esto. Construiríamos un abismo ambulante para echar cuesta abajo todas nuestras penas, nuestros holocaustos sin fin ni principio. Me cubría el rostro Crown, gritaba eufonías desesperadamente tristes hacia dentro de mi cuerpo. En un futuro no voy a soportarlo, lloraré, lloraré, moriré un segundo y después despertaré para darme cuenta que sigo llorando algo que si bien no hará ruido toda la vida, seguirá arañando con silencio. Tendré que ser feliz Crown en la medida de lo posible. También reconozco que no será el fin del mundo pero por ahí escuche o leí, que el amor debe de dolerte, debe de dolerte mucho, mucho y debemos estar felices por ello por qué si duele es buena señal.
Hay tantas personas allá afuera que tengo que ver, probar, morder, oler y saborear. Yo lo sé amada Crown, yo lo sé. Pero tal cuando sin titubeo me dijiste que con Ana podrías pasar toda tu vida, ahora yo te digo, esto va doler, va doler siempre. Jessica Stein me abrió una pequeña herida ardiente y rosada, no sé por qué ya que es perfecta, seguro son esas palabras que revolotean las sienes diciendo: yo quiero que seas tú, yo quiero que sea ella. ¿Por qué este terrible momento Amada Crown? ¿No debimos? ¿Lo tiro todo a la basura? Ayúdame. Escríbeme. Te extraño. Prometo no hablar más de esto pero ven, dame consuelo. Los días van, no estoy muriendo a diario es un panorama sereno, sólo sucede que esa película hizo su brecha en mi herida y sus pasos, me duelen."
lunes, 12 de mayo de 2008
Llamada de Waltz a Who the fuck is she?
- Hola Waltz, ¿cómo te va?
- Vivo. Aunque, no soy buena con esas preguntas. Nunca sé como estoy, tampoco creo que el mundo lo sepa. Detesto esas respuestas inmediatas programadas, “si, bien, muy bien, más o menos, ¿Y tú?”…Pero yo creo que al menos “estoy”.
- Ja ja ja – te reirías, tendrías que hacerlo - Waltz…tan tú siempre. Ah…y como está esa mujer con la que vives ahora ¿Aneska?
- Si, Aneska.
- Si ella, ¿cómo está?
Tú bien sabes que ahora me acuesto con ella. Que le invento desnuda en cualquier parte de la habitación verde, tú lo sabes, que es muy rubia y alta, moderna, refinada, un poco tonta a veces, lo cual ahora me da igual. Con labios impresionantes. Perfil certero. Sabes que me gusta morderle las piernas sin provocarle dolor. Idolatrarle los pies, desde la punta de la cama, acechando, como siempre lo he hecho como huyendo de quien sea, escondiéndome de a poco por encima de mi propia piel. Deteniéndome. Jugando el perfil mío a través de su dermis pálida y transparente. Y mi cuerpo moreno goza ese vuelco de arena y miel. Reinventando la manera exacta en como debe convulsionarse una mujer entre el medio y el índice. Tú bien sabes – cínica - que ahora me acuesto con ella, pero me preguntas “Si ella, esa mujer”. Si alguien me hubiese dicho que serías tan fresca no me lo creo. En realidad cualquier cosa de ti, no me la creo. Pienso un poco en la situación, en lo que pudo ser, si fueras tú la acuarela que surge en la pared verde musgo. Y no Aneska, mejillas pecosas Aneska. A la que acecho con mi característica hambre paulatina. Adyacente a todos mis sucios pensamientos de mujer apasionada o quién sabe que otra cosa. Pero similar a una mujer. Si fueras tú, si vivieras tú, resucitada en algo más parecido a ti y no a eso que eres, que no contesta el teléfono o que pregunta hostilmente:
Si ella, ¿cómo está? - Aneska está bien, ella te diría “estoy bien”.
- Si, supongo…y tú ¿cómo estás respecto a ella?
- Ja ja ja – me reiría un poco, tendría que reírme un poco
– Me va bien, no es tú, pero supongo que está bien. O tendrá que estarlo, ¿eso es lo que querías oír? -
Lo es si es la verdad. Me dio gusto saludarte M. Waltz, pero alguien espera y ya es tarde. Se me hace tarde. Cuídate siempre y a tu Aneska dale mis saludos.
A veces pienso, querida, que yo diría cualquier cosa que tú quisieras escuchar si tan sólo contestaras. Si elevaras la bocina hacía tus oídos. Pero no lo haces. Probablemente estés dormida, cansada de ti. Y sea cual sea mi pensamiento lo callaría, lo callaría por que podría hacerte daño, todavía más daño. Por ahora no contestas y aún sigo pensando que si habláramos, sería bueno iniciar una conversación semejante a la que pude explicarte aquí. Sin mis desvarío, sin Aneska, sin las respuestas programadas, sin mis enredos existenciales o de hecho sin mí, por que después de todo era verdad, lo único que era verdad, era eso.
viernes, 9 de mayo de 2008
Absurdo

amaneceré feliz, bien feliz
por amarte así, así, de tanto.
Me diré: pero que bella es
la mujer que amo, así, así,
de tanto. Y en nadie he podido
ni podré, recorrer así las venas
y sentir desde la sangre, un arrullo
infeliz y cuarteado. Un derrumbe.
Noches de piedra y sal. Fuego y
hambre. Pero, ¡que rica hambre
en forma de espiral afeminado!
Y lee bien, que solo mañana
tendré revuelta la hora donde
no te extraño. Comeré tu
boca, como haciendo fotos
de tu boca, quemando de
mi lengua oscuridades. Como
si estuvieras acá, cocinando
el desayuno y yo desdibujando
más hambre, siempre hambre.
De ti el eterno ayuno, una famélica
olvidaré el sabor de tu ausencia.
El descuido que arde. Le llamaré
a las horas un disimulo distante,
y únicamente mañana, volveré
a imaginarme muy niña. Con un
overol azul y blusa blanca debajo.
Diciéndote: -tu nombre- , hoy la
pasan en la tele. Como si fuésemos
dos tipas regulares, normales,
en un domingo familiar. Olvidaré
que me ensartas tres dagas en el
pecho cuando dices: te odio tanto
como te amo. Y yo te amo, más y más.
Cuando crece profundo en mí,
un deseo incontrolable,
aniquilando la desgana de tragarse
el espacio donde se desarrollan tus
fauces traicioneras. Y correré
la voz a todas las que habitan
dentro mío, para que no necesiten
todo de ti y se conformen.
Cruelmente, estén felices con lo
que les toca. Tu abismo, tu belleza
terrenal, esos pechos como si
fueran el cielo de gigantes.
O el simple sonido de las manos
como esculpiendo arte sonoro y
con ruedas que viajan a través
de esta ciudad tan grande.
Mañana, mi amor, si existiese un
mañana así, perfecto. Ya no sería.
Sólo un paria errante esclavo de tus
celos y vergüenza. Sólo dos olas
cambiantes al vaivén de tu mar
inmenso. Si existiese mañana, ya
no sería yo. Amándote, así, así
de tanto. Correría martirizada
por algo que desconozco. Ahora.
Que el dolor es la cera que te
forma y te consumes, te consumes
diario, como el sol que nace,
sin falta,
cada
puta
tarde.
miércoles, 7 de mayo de 2008
De las cosas azules o algo así
Me acobardo, me siento
medio marica a veces.
Ayer le conté a mamá
de los hombres verde-azules
y Neftalí le dijo: hey, esta
tipa se droga.
Y ella le dijo: qué no, que yo
algún día los he visto.
Me zangoloteó medio feo
el chaparrito: ¡reacciona,
reacciona, ya no
eres!. El dijo: “ya no eres”.
Pero nunca he sido.
Me acobardo, me siento
medio marica a veces.
Y Rosa le respondió: ¡la vas
a romper!, ¡no la rompas!.
Y Neftalí se detuvo como
un buen verdugo, uno que
otorga perdón. Entonces
yo lloré, lloré tanto. Y el
hombre verde-azul se
comió mi llanto despacito,
como masticando perlas
que se vuelven dientes.
Y ella me cosió un brazo,
me dio un golpecillo en la
cabeza y me dijo: A ver,
¿verdad que eran chiquitos?
Yo dije sollozando: si, bien
chiquitos. Neftalí se rió
un poco agarrando su
inflamada panza, conteniendo
el silencio en sus manos.
Sus grandes y moradas manos.
Y yo oprimí mis labios,
me doblé hacía abajo el cuello.
Rosa finalizo: ¿verdad que eran
azules?, y yo dije: si, medio azules.
Y yo pensaba dentro de mí:
te acobardas, eres medio marica
a veces. Un hombrecito azul
me da un beso en cada uno
de mis tristes ojos,
y las paredes llueven algo
como largas telas desde
el techo al piso, algo
medio verde o quizá rojo…
y lo veo
y me siento ajena,
amorfa o algo así...
martes, 6 de mayo de 2008
¿Puedo ir a verte?
Tú no sabes, pero yo te llamo llorando.
Te digo: ¿Puedo ir a verte?
Tú no estás, me contesta la tocaya
de mi “novia”. No estás, pero llamo
otra vez: ¿puedo ir a verte?
Tú me dirás que si, “si yo quiero verte
también, te extraño tanto”. Y aunque
digas que no, yo iría. Necesito consuelo.
Necesito esos brazos delgados, morenos.
Aunque no me recibieras, yo iría. La calle
es pública y libre. Tu calle de siempre, la
misma calle que amo. No como a ti, pero
parecido. Las hojas, el recuerdo de los
charcos. Las muñecas sangrantes y los
muñecos bastardos. Yo iría. Tú no sabes
pero yo te llamo llorando, pensando, en
que el disco de Radiohead “In rainbows”
es increíble. Y tengo que grabarte nueva
música, yo te llamo llorando, cansada y
aburrida de mi,
y tú no sabes.
domingo, 4 de mayo de 2008
Ventana rota
viento, mucho viento
y quizá llueva
y si llueve quizá nos crezcan
fuertes raíces desde los dedos,
entonces puede ser que nos
quedemos ahí, paradas
besándonos, admitiéndonos
este amor que duele y no,
el único amor que sentimos
mordiéndonos el alma,
riéndose apartado
en una orilla, medio sucio
de barro y oxido, susurrando
entre dientes: son tan tontas.
Y cuando llevemos mucho,
tiempo – espacio ocupándonos,
pueda ser que bailemos
sobre los charcos como
Ella, ella, y nosotras
no usaremos
zapatos nunca más.
Viviremos en pausa con
los pies desparpajados
ante los suelos hostiles
en verano, y si es verano
quizá, pueda ser,
que yo te lleve a la playa
medio refunfuñando
amarguras. Cómo explicarle
a los demás lo que no existe.
Y si vamos a la playa a lo mejor
seamos arena unos momentos,
te muerdo, te huelo, te haces
soluble en mis manos, polvo
en mis manos, agua y aire
en el cuerpo, luego seremos
agua y luego viento mojado,
viento que seduce a una ventana
que va a dar a una niña sentada
escribiendo cartas que a lo mejor
hablan de lluvia, de ti o del mismo
viento.
jueves, 1 de mayo de 2008
El playground verde

Ayer quise oportunamente que tú volvieras. No era común por estos días tornar a rogarle a mi cama petulante, vacía, neurótica. La que todo mundo sabe que yo odio. También ayer, llevé a los niños a aquél playground y todo era verde, te digo, los columpios gastados y las piedras de arena. Lloraba como hacía dentro y gritaba un nombre que no conozco ni ha salido desde mi boca danzando hacía unos oídos que aciertan. Hacia una cabeza que ríe y se balancea arriba y abajo. Te burlabas de mí como se burla un incrédulo ante lo imposible. El sitio era solitario pues el sol era muy blanco y estaba hasta arriba, su luz ardiente iluminaba todo los recovecos del parque para niños. Y todo era verde, muy verde y yo lloraba como hacia dentro esperando la noche. Ellos corrían, corrían lejos y yo quería correr, alcanzarte las huellas. Pero había sogas muy fuertes parecidas a raíces que se amarraban a mi rojo cuerpo vencido ya por las horas. Por qué a diferencia de otras épocas y otras gentes, llega un momento donde a ti no te busco pero hallo lentamente tus dientes bailando sobre la azotea del golpe y el arrullo. Como todo entre nosotras. Nosotras que dolemos. Querer que regreses es encontrar nuevos látigos con que castigarnos. La humanidad y yo juntas, implorando desde el territorio del hambre. Y todo era verde, me lo dicta el pensamiento, mi vestido y las alas, sus juguetes, el sonido y el sueño, y yo lloraba como hacia dentro todavía esperando saber por qué estaba ahí con mis dedos fríos, buscando una tétrica caja de música desde donde se desdoble el agua del mar, como un bosque hace mucho, mucho tiempo –eras, tal vez siglos – encerrado, reventando, en el pecho de alguien.
lunes, 28 de abril de 2008
Cosmovisión de tiempo invertido

Nos ha servido el tiempo,
absolutamente,
………para aguardarnos más.
Para entrar por los grandes
portales de la esperanza
mientras los rostros estallan
de luz resplandeciente
y uno a uno, se cuecen
de alegría en un gran caldero
oloroso a eterna inmortalidad.
Nos ha servido el tiempo,
claramente,
………para amarnos más.
Para olvidar que es la espera
por un beso fatuo en la mejilla,
y sentir las agujas clavadas en
los dedos. Como la noche
moribunda donde se miente
caricias en el pelo abriendo
un cómodo espacio a la duda.
Nos ha servido todo.
Nada ha estado en nuestra
contra. Ni el mar, ni los ojos
de la oscuridad creciente.
Aunque a veces
muerda esa muerte la boca,
ácida lujuria para el regazo
caliente de un sofá acolchonado.
Todo ha sido útil:
Nuestras melodías danzantes,
los vientres espaciados.
Es un acierto incluso tanto
vacío y esporas entre
tu cuerpo y el mío;
desconocerte el ombligo:
…..que marca inverso las horas.
___________________________________________________
Pude escribir de tanto amada Crown. De tanto, del cabaretito, sus ellas hombres y su aparente fracaso cuando no los miro directo a los ojos. Incluso de poemas atrasados y cartas que se trastocan por la falta de luz. Del dolor. De la muerte. Las matrices enfermas. La pelea con papá. Y por último y no menos importante, de la fiebre nocturna y sus tempestades. Pude contarles – aquí - a todos, de cómo pesan los domingos cuando se extraña a campo abierto todo lo que no puedes tener. De cómo atiendo amablemente a los que ya se ven muy viejitos por que si alguien tratará mal a los abuelos sería muy triste, me porto bien, pienso que todos son ellos. Entonces alguien lejos de esta ciudad pobre les tendería la mano al cruzar una avenida, alguien les sonreirá muy lindo y despacio ya que yo no puedo estar. Contar de cómo no duermo y no aprovecho la noche. Permanezco sentada escribiéndote estas líneas con el trasero congelado y la espalda destrozada. La garganta no está mejor. Pensé, de hecho, colocártelo con fonógrafo pero creo que me da miedo crear extrañas expectativas con mi ronca voz. En cambio –amada- termino esto. Me guardo mis ausencias del amor inoportuno y de vez en cuando volteo y escucho al hombre decir “Mi mancherai…mi mancherai” e imagino que te abrazo un día soleado, que te digo “quédate”. Pues has venido a verme, tú has venido a verme y ahora tienes que irte, regresar a tu hogar. Y yo te lloro mucho, realmente lloro desconsolada abrazando mi brazo que no es tu cuerpo. Imagino Stephen como desde niña en esa casa de la que te hablo con desesperación, que te digo: tienes que verme, tienes que verme. Me duele bonito nuestra ausencia. Tú no me haces daño. Y te escribo aquí de esta manera. Pude escribir de tanto pero te elijo a ti. Mi momento de alegría y en domingo – lunes. Habiendo dicho esto espero no se permita decir más.
sábado, 19 de abril de 2008
Antes de irme

Se tiene la poesía cansada, muy cansada, tú estás cansada de ti misma, de descubrir que no existe el silencio absoluto ni el retrato perfecto. Uno donde te besen con mucha ansia el flequillo, besarlo tú a tu manera. Una foto con las piernas entrelazadas, unas largas, unas cortas. Todo a contraluz desde esa ventana de la que hablaste cierta mañana. Y surgen estas cuestiones de “cómo es que soportas el dolor día tras día”. No se sabe, no sabes, pero estás segura que es una manera miserable de vivir la vida.
Especulas –mientras- dentro de tu cabeza: amor, amor, cuánto te amo, dónde estás cuando más te amo. Tengo la desesperación incrustada al pulmón izquierdo. Dónde estás cuando más te amo. Eso es todo, fugazmente todo. Tienes –tenemos- las ganas aferradas a gritar necesidades.
miércoles, 16 de abril de 2008
La habitación de mi pánico

Estaba tan confundido o lúcido Mr. Connors, que pudo hacerme relacionar a Zidane, Mastroianni y a Jobim de sopetón. Me hizo pensar que vivimos a costa de las eras cuando leí el artículo de esa revista con nombre de tormenta. Por qué si yo, como en Réquiem, después de sueños turbios, hubiese caminado por las calles acuosas del puerto e ido a cenar con Fernando, estaría a un paso de esta necesaria redención que no viene aún, por qué quizá todavía no tengo veinte años. Por qué no sé nada de la vida, por qué me embriago hasta no reconocerme y me caigo de la silla, por qué les aplaudo a hombres transgéneros como símbolo de mi amor por la individualidad y lo inverso. Yo les sonrío muy amablemente a ellos, muy estéticos y delgados, vestidos de mujeres, como diciendo: amemos nuestra libertad. Mamá lo hace, papá lo hace, cuestión familiar.
Talvez no viene por qué no sé simplemente escuchar La chica de Ipanema sentada en cualquier bar y disfrutar si una mujer me baila. Pero de acuerdo con Mr. Connors, esto de vivir o la vida, es muy extraño y confuso. Puede ser que no la necesite todavía. Tú estas presente en todas las cosas que identifico como bellas y me hacen llorar.
martes, 15 de abril de 2008
Pausa: Espera.

…………………..son guiños veloces.
La pausa es irreversible,
una queja quebrada,
el engranaje ruidoso de los pasos
que gritan:
No fuimos vida, pero fuimos la espera,
la espera es sentirse más cabron
que los años.
Creerse atentamente propenso a
las posibilidades de crecer a través
de manos gigantes, de caras torcidas
con manchas naranja, de labios grotescos,
dejar un día
las drogas y ponerse zapatos.
Tenemos el camino
y miedo a los relojes:
a sus dos dedos que alcanzan,
a su garganta que gime
estruendosamente:
……………………………ya es tarde.
martes, 8 de abril de 2008
Pensamientos un 7 de abril
años de los que aparentamos.
Ya no somos adultas hoy.
Somos dos cabecitas
inclinadas a las seis y media
de la tarde sobre
cualquier banqueta.
Alguien nos enseñó a fumar
Delicados un día domingo.
Alguien me dijo: no comas
más que fruta, fuma mucho
y bebe té.
Salgo de la casa con prisa,
tú sabes, la habitación es un
abismo cromático con largas
uñas y desde el techo me levanta,
me flagela, quedo pendida del
meñique derecho. Es aburrido
después de unas horas.
La gente no convive con su
alcoba te cuento, a mi me
muerde, es malvada como
mi cama peluda a veces.
Y las personas murmuran:
"es niño o niña, lesbiana o
bisexual". Me desacomodo
el cabello para verme más
normal a mis ojos, ya no
somos hijas del útero frontal
como tantos otros humanos.
Sinceramente yo sólo
me pregunto: “y si el
pantalón no me quedara
largo, si oliera bien,
¿qué sería? Por qué
dicen que aman a esta
cosa tan chiquita y melenuda”
Sostenemos con la espalda,
ciertamente,
más peso que el estómago...
Desde el ruido

Te lo digo ahora y te lo dije antes.
Son nulas las horas, los bailes,
los piecitos mojados.
Todo mi mundo va cuesta abajo,
muy abajo. Soy una tierra gélida
sobre una esteparia visión.
Y quiero arrancarme las pieles
de todos los años, qué vale el alma
si el peso nada hacia la falda del cielo.
Qué valgo yo sin mi cuerpo acorazado.
Vengo desde tu silencio
bandolera, no me alcanza el brazo
para anidar desierta mi soledad.
Y tú vas a saber que allí estuve
espiando, hasta el mínimo
orgasmo del ruido,
tú vas a saber que aquí te amo
como la última nota cansada
en el réquiem de mi existencia
………De verdad que no soy esto,
y si viene al caso, me pasé arrullada
sobre el vientre de tus olas mucho,
mucho tiempo. Son épocas de hastío
muy mustio, tiempos de pobreza
y abundancia de bocas como en las
grandes ciudades.
Yo nazco desde donde tejes tus hilos
que jalan mi manos y hoy ya no pude
callar diez segundos,
decir que no soy esto
con tantas muertes amontonadas
bajo los cabellos del miedo
que grita lamentos,
como si yo
aún me escuchara…
