domingo, 10 de agosto de 2008

Estoy, abandonándome.

Estoy, abandonándome. Te abandono. Pienso en un escrito que te he hecho donde digo “estoy enferma de ella”. A veces es todo muy así. Muy miércoles, jueves y viernes por la noche. Todavía más el viernes. A las seis de la tarde, ensayo para el día de la graduación, y que mierda. Ni siquiera me ven en la fila y cuando de repente sale una maraña con pelo ya saben que estas ahí. Ahí de la única forma en que puedes estarlo, medio, y con ella. Medio ahí y simplemente afuera sentada por última vez en ese estacionamiento. Estoy abandonando todo y tengo un mes con dos semanas para hacerlo. Por ahora vamos en dos autos diferentes a cenar a sitios, que si bien no son buenos restaurantes, tienen unos bonitos faroles dentro y todo mundo anda uniformado, te habla muy de “señorita, qué desea”. Donde, algunas mujeres suenan como si fueran las dueñas de Tampico o al menos de la Zona Dorada. Pero el lugar está bien, la vista está bien. La compañía no está mal ni tampoco la blusa verde. O los zapatos prestados por que pareciera, no soy mujer, sino “algo”. Ya saben que sólo soy algo. Por ahora, nos felicitan desde los escenarios distintos hombres y otros, otros te tocan el cabello. Y tendrías que gritar. Ya como a las cuatro de la mañana tendrías que gritar que no te interesa nadie. Nada más te estas abandonando. Necesitas esas cervezas, admitir de nuevo que si, que si luces un poco alcohólica tres días a las semana. Por qué por ahora vas de bar en bar y de antro en antro para ver qué encuentras. Tal vez para ver qué buscan – y encuentran – todos, que se hacen adictos al estar ahí. Como muy fanáticos de esa vulgar música en vivo, de las canciones ordinarias que por alguna razón todo mundo las sabe. No sé yo.

Sé de lo bellos que son los amigos. Ya en el 4º bar de la noche, el mejor, todos bromean acerca de mis jodidos pechos, que si los presto, los acomodo o los muevo al son del reloj y del baile. Pero son tan bellos, los amigos son tan bellos a esa hora. Se paran tan caballeros, y te invitan a bailar por que jamás irías tú a invitar a alguien, ni tampoco le dirías que sí al de la mesa de junto. Pero igual, nadie va. Y es que he de ser muy fea. Rodrigo debe mentir mucho o estar muy al pedo cuando dice: si me das un beso, te compro tus cigarros. Y es tan rápido mandarlo muy lejos, a pensar mejor lo que dijo. Él está bromeando, lo sé. Ha de ser hermoso cuando miente. No sé yo.

Estoy abandonándome, lo siento, por qué ya como a las cinco nos paramos en cualquier puesto pequeño a pedir de favor me dejen entrar a su baño, claro, Rodrigo lo hace por mi. Después, vuelve a restregarme lo que pierdo rechazando ese beso. Lo bueno que no confío en nadie, ni él tampoco. Y Marcos me pregunta súbitamente por quién lloré el sábado pasado, que él haría cualquier cosa por mí. No le he dicho nada. Con él aún me falta valor o simplemente para todo, a las seis de la mañana y por las calles de está ciudad, no hay ganas para ese “todo” que podría hacerse. Aunque ya te han llevado a comer a Tortas “YOYA” y somos fugitivos de los tipos que manejaban un Jetta. Al pasar frente a la laguna, viendo el amanecer…no sabía dónde me había dejado, no sabía…

jueves, 7 de agosto de 2008

Ah...ahora que recuerdo...

Desde hace tanto, yo sé que ya no vienes. Ya no te escribo, sin embargo hoy te escribo. Hace mucho no lo hacía. Quizá hoy, por qué extraño aquello que era cuando te escribía. No había platos rotos, solo escaleras. Había, esas canciones que te parten el corazón, reventándose en los oídos. Y así después nacer allí mismo, esporas. Donde seguro, se formaba un gran ecosistema de diminutos bichos quienes toda la vida pasaban de fiesta. Había canciones de amor y nada más. Hace tanto que no vienes. Pienso que continúas con tu vida policromática, en ese país de escritores. De grandes poetas al menos. Así no te aburres de la vida como solíamos hacerlo. Pero juntos. Y eso era bueno, veras. Cuando venías los días eran partidos a la mitad, como se les hace a las frutas, o a las mujeres en los circos de la vieja escuela. La primera parte, bailaba a medio paso sobre una cuerda muy delgada. Nos veíamos desde nuestro respectivo extremo, y gritábamos. Nos gritábamos fuerte “hey, me escuchas”; “Sí, te escucho". Así éramos felices la primera mitad del día. La segunda se limitaba a pensar. Pensar, nada más pensar. Y oler los libros. Transitar las calles y oler también la ciudad ya muy noche. Entonces no necesitaba ingerir mucho alcohol cada semana. Estabas, y partíamos los días a la mitad. Ahora nadie te escribe, estoy segura. La única que podía hacerlo siempre fui yo, desde que nací, siempre yo. Tomabas un autobús como a las seis de la mañana y evocabas mi nombre, discreto. Ahora ya no evocas mi nombre, estoy segura. A lo mejor aún tomas el autobús justo a las seis de la mañana, y sigues desayunando taciturno en las cafeterías con largas barras, de esas que tienen mesera, uniforme y todo. Ordenas solamente café negro. O tarta de manzana. Ya no recuerdo qué más pedías. Traerías brincando en el Ipod al artista más bizarro y vanguardista del mes. En cualquier mes que vivas. Eres de las personas que no viven aquí, ni en ningún sitio. Pero de vez en cuando venías a verme, me dabas besos y sentías celos de no sé quien. Ahora ya no vienes y no escuchamos música, ni te canto bajito Fade into you…. Ni tú lloras, ni me llamas, o me dices “Min, Min…te amo min”, tantas veces. Ahora tú no vienes, y nada más.

martes, 5 de agosto de 2008

Yo no puedo, justo ahora.

"I know this love of mine will never die, and I love her." The Beatles
Realmente lo siento. Lamento que me llames así, inconciente de ti. De lo que has dicho, de ese irremediable y mudo “vuelve conmigo, Jazmín, vuelve conmigo”. Hasta se podría decir, cuánto lamento decirte No. Que no puedo. Yo no puedo, justo ahora. Antes tal vez, cuando era mucho “antes”, la vida mía giraba en ese amor sencillo y dulce. Uno que tú puedes ofrecerme sin más, sin preguntas, sin desdén. Sin este dolor obvio que siempre se trasluce por mis letras, las dolorosas letras de Ophelia Waltz. Por que, esto que ves ahora es lo que podría ofrecer. Lo más intenso que alguien puede dar al amar. Mi dolor y yo. A lo mejor no entiendes, y te burlas. El amor supone mucho ser feliz y no dudar, y no sufrir y ser del otro. Aquí no es así, y es muy así. Le pertenezco sin tregua a alguien que no puede ser mía, pero de momento no puedo ser de alguien más. A mi, me gustaría tanto que llegues y yo me llene toda de ti. Sin decir mucho. Quizá sonreírte por que, tú si vendrías sin vacilar ni a la distancia, o al dinero. O al que dirá la madre, el hermano. Eres tan libre como lo son las personas que no se preguntan mucho. Y yo soy libre también, a mi manera. Tengo la opción de ser esto, de decirte que sí o decirte que no. De pensar en cómo sería ahora, amarte. No sería demasiado, no podría. Y nadie merece eso, entiende. Nadie merece a alguien capaz de dudar que el otro le ame tanto y lo destruya. Despacio, como ser adicto a una martirización muy rara. Y mira que yo misma me observo y me detengo para ver cuan triste es que sea verdad. Yo soy así. Todo lo que puedes ver de aquí a las orillas donde aún se percibe mi nombre. Las ropas harapientas y deshechas por el deshielo de mí. De mí al escribirte de esta forma en la que nunca lo he hecho. Por fin, dirás, “por fin”. Esta mujer que antes decía me amaba, por fin me escribe. Y te escribo por que lamento decirte No. Yo no puedo, justo ahora. Este verano sublime y determinante, debo caminar entre viajes, finales y lagrimas. Seríamos otra cosa más bella, si dejaras esa imagen de lo que antes era, de cómo te ame yo. Si bien es cierto que soy una mujer intensa, si se está dispuesta a morder la boca de alguien por más de tres horas, de llamar cuatro veces al día después de sentir como arde…no podría darte eso hoy. Para qué entonces. Si todo lo que vale es lo que no se puede contener. Y ella lo sabe. Pero no conoce de ti. Deberías hablar con ella un día, y preguntarle cómo es esto de llevarme a cuestas y sin ver. Cargando conmigo tal una penitencia muy grande, con aroma de mujer enrarecida de ser mujer. Incluso humana. Rechazar lo que está escrito en pedazos de papel arcaico y que se puede hacer, todo. Ser de todos. Tú no podrías, perdóname. Y yo no podría hacerte esto. De ser mío, llevar mi sello como una enfermedad en la sangre. O un tatuaje corriente sobre la cadera. Sin embargo, acepto que harías cualquier cosa por hacerme muy feliz. Tendría tu voz, diario, seguro. La pasión. Un te amo ajustado a la medida de mis exigencias. Lo sé bien, lo sé bien. Pero la situación está así: yo no puedo, justo ahora. Y si todavía insistes en ese “vuelve conmigo, Jazmín, vuelve conmigo”…lo lamentaré tanto, pero tanto…yo tendría que decirte de nuevo que NO.

domingo, 3 de agosto de 2008

Tanto alcohol moderado

Vamos a ver… Sí, la cosa está así. He descubierto de pronto que “tipo así” me he vuelto alcohólica y ya no me está gustando. Digo, por que todo mundo espera eso de mí… y eso es tan aburrido. El otro día mientras daban Una mente brillante, el chico genio amigo del personaje de Crowe, explica que la “cruda” no es más que un estado donde, en realidad, es como cuando vas a morirte. Luego la resaca matutina mereció un respeto especial. Hice entonces, la cara de Amelie Poulain después de tomar aquellas fotos toda la tarde, mientras mira los desastres provocados en el televisor….el choque, un incendio, el caída de un avión. Sólo Amelie lo entendería…si…Ah sí, la resaca matutina o más bien, de esas a las 12:00 p.m. cuando aún estoy más arriba que abajo. Cuando aún resuena en mi cabeza lo simple que pareces cuando estás muy drogada. Y lo inútil que me hago yo, nada más, por llamarte. Y aún no me levantaba del piso. Ya para cuando llegó Marcos, él sabía que la cosa había estado feroz. Que si toda la botella de Vodka, que si a lo mejor la rubia llevó un hombre, por que ya sabe, que yo por ahí no le pego. Que si ya confesé por fin que eres tú lo que me mata. Si cuando llamé, ella sólo dijo: cuando tú quieras contarme…lo harás. Y que me abrace, así…con el “ya…ya…llora, anda llora”. Es increíble cómo, cómo, cuando estás al pedo te observas desde afuera en una escena muy corriente, diciendo ¿esa soy yo?, esa que llora ahí, ¿soy yo? o...are you talking to me? Oh sí, te ves desde afuera y lloras. La rubia es en ese instante la cosa más adorable que existe sobre la faz de la tierra. Y no pregunta nada, ni dice mucho, si acaso: le hubieras dicho nada más “¡pues chinga tu madre!” y bueno, yo no lo haría. Que a lo mucho digo carajo, o “puta madre”, pero que con la tuya no me meto. Aunque somos tan México. Y me encanta, yo no me voy a ningún lado. A ti te ofrecen el mundo para habitarlo, pero yo, aquí me quedo. Me quedo aquí con mi descubrimiento del alcoholismo, y de cómo el cine me gobierna la vida. Al menos es domingo, por que hoy veo cine japonés a las diez de la noche y de pronto, quizá, me olvide del alcohol, de que no he comido, de que a lo mejor mañana en la universidad me dará un poco de vergüenza ver a la rubia. Ya que, cuando yo reciba un mensaje en el móvil y haga esa típica sonrisa muy Waltz, ella me dirá despacito;

“dile chinga tu madre…respóndele...chinga tu madre”. Y bueno, yo no puedo.

viernes, 1 de agosto de 2008

Cuando a veces pienso

Yo diría aquí, desde aquí, que lo nuestro es como un tumor aferrado. Idílicamente, un amor de esos de los que nos cuentan o pensándolo mejor, de los que casi siempre no nos cuentan. Y no lo minimizo, pero he pensado. Él sabe que he pensado en dejarte. Ser, ser sin mí. Sin esas dudas de mí. Después supongo te lo dejo todo a ti, a que decidas. Sucede que me pregunto cómo es la vida sin ti, también. Sin ti en como eres ahora o como lo has sido siempre. Pero ahora, conmigo. Amándonos así. Con una extraña manera de enterrarnos las uñas y decir entre dientes: sí, eres tú…eres tú. Y que tú lo niegues. Que me digas en mi cara que no puedes. Y yo, llore mucho un sábado allá por la madrugada más por mí que por ti. Más por todo aquello que me ha dolido durante el último año. Y somos tan jóvenes, aún tú más que yo. Pero a esa edad tuya ya eres fatal y asesina. Y me dices a mi asesina alguna vez. Aunque sea por esa fatalidad por que te amo y lo otro. Lo otro que eres tú. Desde lo que envicia, lo cual aún no te explico. Debe ser más que eso dirás, y lo es, te lo juro. Nada más que hoy me invade eso del tumor. Es que a veces soy tan cínica, de pronto pasa que te extraño y la casa está tan vacía. Sólo llena de mis piernas cortas, mi falda, la ausencia de sostén. Los cuadernos. Y tú propia ausencia, que no me explica nada.

martes, 29 de julio de 2008

Escribir un domingo y la TV

Mark Ruffalo es del tipo de hombres que te gustaría toparte en cualquier lavandería. Observándote tímidamente mientras escribes en un cuaderno con hojas rosas, sobre esa mesa de cafetería donde no sirve la maquina para el expreso. O que te invite a pasar habiendo esas pilas de libros en lugar de asientos por toda la casa. Justo como en Mi vida sin mí. Quizá, el típico freak que usa lentes de pasta, de esos que aún escuchan mucho a The Clash y se drogan mientras trabajan, tal como en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Supongo, a pesar de todo esto, ese hombre no sería mi primera opción en absoluto. Y aún no veo aquella película del director brasileño. Pero ah... que sería lindo que se enamorara fatalmente de una agonizante – como yo – como lo hizo del personaje de Sarah Polley. ¿Por qué Mark Ruffalo casi siempre hace de tipos retraídos? Como en Si yo tuviera 30, y ahí era un fotógrafo que antes fue ese niño regordete del que todos se burlaban. Yo pude amar a un hombre así. Supongo, yo me supongo. Uno ve que a ese individuo el amor le duele. Tal vez un hombre como Ruffalo entendería este dolor de ahora. A lo mejor también Daniel, el raro. Junto con esos complejos y cuestiones muy a la Pessoa. Y si estuviera aquí. Si él estuviera aquí no hubiera pasado todo eso. Aquello, lo que fuera que sucedió hace unos días o apenas ayer. Venir en los ratitos libres a escuchar el soundtrack de Spanglish y derrumbarse. Como se deshace una ladera pronunciada o los glaciares en estos tiempos. Esperar a que se hagan las cinco de la tarde para marcharte sola – afortunadamente – a ese cine donde cobran más barato el boleto. Tal vez si fuera con Mark no sería lo mismo cuando entro a este café italiano donde tocan mala trova, donde la señorita que atiende la caja te mira un poco mal, por que sabe que no tienes ni jodida idea de lo que estas haciendo. Eso de ver a la gente y no verla, de decir sin temblar “me da un capuchino grande y frío”. “¿Capuchino frappé o frío?”,…dije frío”. Ah bien. ¿Qué esas mujeres se sienten mejores por que no les afecta el aire acondicionado? O por que usan un sistema automatizado propio de las franquicias, y alguien como yo, ¿se confunde entre tanta gente?...Bah, yo que sé. El punto era que como siempre los domingos veo demás el televisor y pienso en Mark Ruffalo sin pensar realmente en él sino en lo que representa para esa pobre Sarah Polley con un tumor que invade sus dos ovarios. Adorarlo cuando al final de la película le dice “no quiero verte marchar con otro hombre” o “soy un hombre típicamente enamorado”. Y no pensarlo, no pensar que yo tampoco quiero cualquier cosa que implique la palabra: marchar. Y ahora estar enamorada. Por qué lo más seguro es que yo lo haga y tú lo hagas – aquello de marchar -. Pues yo sería del tipo de mujeres, que se abandona con la mugre en cualquier lavandería. Y tú serías quien se duerme en la lavandería y un tipo como Mark te observaría, atentamente.

sábado, 26 de julio de 2008

Alejandra, algo sabe

Hace unas horas le conté a Alejandra cómo me volví a enamorar de ti, y en un solo día. Quién lo iba a decir. Quién iba decir, en un viernes a las 7:48 de la tarde, que a orillas de una ventanilla de automóvil todo el asunto sería tan rotundo. El chofer me dejó fumar mientras se subían los demás pasajeros, ya sabes; “fúmele señorita, pero cuando se suba alguien lo apaga de favor”. Ha de ser que me veo más bien como un hombre simpático, o un tío cualquiera. Un tío, que cuando ya está muy ebrio le dice al de a lado “te quiero un chingo güey”. Y no es que yo no lo diga, tú sabes. Es solamente un ejemplo. Tú aún no entiendes mi concepto de estar enamorada. Será, tal vez, que nunca hemos dado una madrugada de esas muy tuyas y muy mías para explicárnoslo, pero explicárnoslo bien, de claro. De definitivo, y con una sinceridad que sobrecoge al más discreto. O al más cojonudo. O a la mentira más acojonante. Alejandra, vuelve a mí como vuelven las cosas que se van, y nunca esperan. Vuelve de una manera privilegiada, de esas cuando no transcurre el tiempo entre dos personas muy amigas, sin conocerse demasiado en realidad. Ella es apta y perfecta para saber como me volví a enamorar de ti, y en un solo día. Y quién lo iba a decir. Quién iba decir que en un día, si antes me tomó mucho tiempo. Meses, la verdad no recuerdo. O si, quizá fue ese día explosivo en que te conocí. Desde las primeras tres palabras. Lo que tarda uno mismo, en darse cuenta. No sé. Igual, debió ser mucho. Es muy grande el espacio entre un te quiero, y un te amo, en medio de un te espero, un te extraño, o ¿qué día es hoy? Ah sí, sí. Una brecha que siempre, entre tú y yo, se abre y se cierra. Como los pulmones se llenan, se vacían y también se enferman. Hay de casos a casos. Pero no le conté a Alejandra que hoy me tropecé muchas veces y que la gente se rió, se rió y yo volteé nunca la mirada. Existían eso sí, los ojos intensos que dicen me ha heredado mi padre, y que a él se los regalo el abuelo y así. Todo eso existía a través de las calles. Y las manitas en los bolsillos. Una carita acomodada de tal forma para que se pudiera pretender, que si tú no ves a nadie, nadie te ve. Alejandra tampoco supo de mis palabras masticadas durante todo el día; “¿quieres casarte conmigo?, estaremos de Luna de miel hasta que me dejes”. Luego fingiremos un divorcio apresurado. Alegando diferencias irreconciliables. Por que de Al Pacino yo prefiero Scarface y tú El padrino II o Carlitos’s way. Que yo elijo a Yann Tiersen y a Morricone, tú a John Williams, Hans Zimmer, o a Danny Elfman. O lo que es peor, es que no conoces a ninguno de los nombres mencionados. Algo tendríamos que inventar. Dicen de nosotras; dos mujeres impresionantemente acojonantes. Pero todavía no sabes de mi definición de estar enamorada y hoy no te la voy a decir, pues hoy sería muy prematuro. Nuestro amor, hoy sábado, es tan prematuro. Como lo fue mucho antes de todo eso tan rotundo recargado en la ventanilla de automóvil. Y lo que vino después, algo así como una duda añejada de “qué rayos somos”. Yo me cubría la cara cuando se me venia de golpe la mirada o la sonrisa tuya, con la pálida luz de esa habitación color blanco. Ella no me preguntó algo, es natural en ella darse cuenta de a poco y en silencio. Al menos eso creo, ya sucedió antes. Pienso en Alejandra calidamente, sin más, sólo se enteró de primera mano como me volví a enamorar de ti, sin decir una palabra. En un solo día, y quién iba a decirlo. Quién iba decir que sería ella la primera en descubrirlo tácitamente. O que pienso más en ella justo ahora que te escribo, aunque te ame a ti tanto, tan fucking so much, y tú no sepas cómo es hacerlo. Manejarlo. Como es estar enamorada así. Y que hace unas horas, te confieso, era mucho…pero mucho, mucho menos.

jueves, 24 de julio de 2008

Cartas III

No sé quien me dijo que el miércoles era buen día para llevar las cartas al Servicio Postal. No sé, de verdad que no sé. Pero tomo el colectivo unos veinte minutos más temprano para poder llegar a tiempo con el profesor Bermea. O para no tener que viajar en esos largos automóviles Caprice que huelen tan mal estos días de verano. Ayer fue miércoles. De nuevo me senté unos minutos frente a las oficinas del correo. Sobre las aceras polvorientas y agrietadas, ensimismada, con las rodillas muy juntas y unos brazos absolutos como si se quisieran alcanzar hombro con hombro. No sé. Ayer fue miércoles, de eso no hay duda. Y observaba con una total melancolía las 13 motocicletas y las dos camionetas que pertenecen allí. Para las entregas, los repartos, cosas muy del Servicio Postal. Ellos no saben que uno envía el alma ahí. A lo mejor y el destinatario tampoco. Los inocentes carteros no saben, que entre mis planes está, posteriormente, hacerme amiga de cada uno de ellos. Yo les llamo carteros. Y que oficio más noble es. Aunque ellos no saben de mujeres como yo, que se sientan minutos observando uno por uno sus maletines o canastas, whatever that is. No creen que todavía existan esos grandes amores que sufren por una carta. No saben de cuando bajas muy temprano y le dices a tu madre: -hey, ¿me ha llegado algo? -No cariño, nada… - (y Waltz se aleja cabizbaja mirando el sitio donde siempre avientan el correo. Vuelve a su habitación) Y que luego viene la tristeza y una hostilidad inigualable. Por que quizá, eso pueda ser lo último que tendrás de aquello que te ha roto el corazón. Digo que no a las salidas, digo que no tengo dinero. No, no más alcohol. No…no quiero regresar contigo. Digo que sí, que sí espero. Que sí olvido. Que si puedo…sobre todo, que sí puedo. Ah…y no sé quien me dijo que el día más melancólico duele delicioso con Indie americano, rayando en el Folk, Alternativo o en una mezcla rancia de country con ve tú a saber qué. Que son mejores los cigarros rojos a los mentolados cuando te paras en medio de las avenidas. No sé, de verdad que no sé quien dijo eso. Las cartas son para Andy. Le envié un pedazo de listón que alguna vez use en mi muñeca y una foto con mi cabello alborotado. Andy responderá, yo sé que él responderá. Lo veo - te veo - más que impaciente y doloroso aguardándome. Yo sólo espero que los carteros - aunque no sepan de las mujeres sentadas en las aceras, ni de la ausencia, o del Indie, Country o de South San Gabriel - sean unos expertos en direcciones. De qué hacer cuando un sobre se extravía. O cuando uno se extravía del mundo sin el sobre, o lo que sea.

domingo, 20 de julio de 2008

Integrations/Integraciones de Pablo Neruda


After everything,
i will love you
as if it were always before
as if, after so much waiting,
not seeing you
and you not coming,
you were breathing close to me forever.
Close to me with your habits,
with your colour and your guitar
just as countries unite
in school room lectures,
and two regions become blurred
and there is a river near a river
and two volcanoes grow together.
Close to you is close to me
and your absence is far from everything
and the moon is the colour of clay
in the night of quaking earth
when, in terror of the earth,
all the roots join together
and silence is heard ringing
with the music of fright.
Fear is also a street
and among its trembling stones
tenderness somehow is able
to march with four feet and four lips.
Since without leaving the present
that is a fragile thing
we touch the sand of yesterday
and in the sea
love reveals a repeated fury.


Translation by William O'Daly


Integraciones

Después de todo te amaré
como si fuera siempre antes
como si de tanto esperar
sin que te viera ni llegaras
estuvieras eternamente
respirando cerca de mí.
Cerca de mí con tus costumbres
con tu color y tu guitarra
como están juntos los países
en las lecciones escolares
y dos comarcas se confunden
y hay un río cerca de un río
y dos volcanes crecen juntos.
Cerca de ti es cerca de mí
y lejos de todo es tu ausencia
y es color de arcilla la luna
en la noche del terremoto
cuando en el terror de la tierra
se juntan las raíces
y se oye sonar el silencio
con la música del espanto.
El miedo es también un camino.
Y entre sus piedras pavorosas
puede marchar con cuatro pies
y cuatro labios, la ternura.
Porque sin salir del presente
que es un anillo delicado tocamos la arena de ayer
y en el mar enseña el amor
un arrebato repetido.
______________________________________________________
Sucede que el fin de semana no escribo, pero te hablo. Te estoy extrañando como si ya te hubieras ido de una vez y para siempre. Escucho la voz de Vincent, y pretendo que te leo igual. Hace tantas noches amor, de tantos meses, de tantos días que no leemos poesía. E imagino por las noches también, que peleamos, nos olemos y escuchamos en sonido estéreo tanta poesía, mucha. Mucha amor, que recordaríamos todos los días por qué hoy, ahora, nos decimos “amor” y no “querida amiga”. Aunque aún podría decirte “querida amiga” y dolería tal vez un poco. Pero sólo un poco. Como si fuera una condena y dos palabras muy pesadas que cargar, y desde ahí te sangrara la boca. Neruda lo sabía bien. Él sabía, de querer salir de su cuerpo, del sello de avidez no saciada. De libertarse, salvarse, de gritar: quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora. Neruda sabía de Integraciones. Cuando también, como él, digo en la oscuridad de la tierra fría donde te busco: después de todo te amaré, como si fuera siempre antes.

miércoles, 16 de julio de 2008

Fragmentos simples

Ya para el martes era normal amanecer muerta en algún callejón. Es decir, que era natural para aquel momento llorar demasiado, ir caminando de nuevo huyendo de los aviones, temblar por los países o por las inundaciones de este estepario lugar. Entonces, sí, entonces, para el martes era obvio que me embriagaría mucho – o al menos planeara embriagarme mucho – como si no quedara algo más. Y ahí, mirar con mucha melancolía el teléfono, seguir en la banquita de madera que ha construido tu padre, seguir sentada esperando al cartero que parece nunca va llegar. Sucede el martes y nunca viene. En este día se escucharía mucho Zoé y de repente algún Blues del inigualable Django Reinhardt, allá de cuando la bohemia de un París entre los 30’s y 50’s, te definía el gusto de caminar en medio de la calle y sonreír, muy estúpida, mirando hacía los cables o alrededor. También, el martes, gritaría mucho cantando Paula, para siempre Paula…como si le cambiara el nombre. Mi buen humor ocultaría mi yo maniático, con esa voz que desde adentro te dice “tienes que estar triste” o con acento argentino “tenés que estar triste”. Ah, pero luego es seguro que ella se te aparece como a las dos de la tarde, en ese lugar – el de siempre -, y joder, estabas escribiendo, y todo con un “Hola”, vale madre.
Neverland 9:00 p.m.
Sí, después de la cena en la Facultad de comunicación. Spaghetti, puré, medallón de who-knows-what-children. Felicitaciones Waltz, eres la mejor en cine bla bla bla, bla bla bla. “Qué bien se te veía el jodido traje café”. ¡Mis calzones! Neverland parece ser lo único acertado en el día. El Nunca jamais que se encuentra cerca de la Plaza Jalisco, y andas por el lugar con el pantalón verde sin abrochar, te quitas las botas picudas en medio de todos y te pones los tennis café. Ah sí, sí…tráeme una michelada de Indio y dile a ese idiota que deje de ver a la rubia. La rubia es adorable, te canta que eres la puta más puta pero que eres la mejor. Y que si algo te pasa va llorar mucho, pero que no olvides heredarle tus cámaras, celular, a Killergumaro y toda la ropa de marca que pueda vender. Vender, por que usarla le dolería. Neverland está muy lejos de la noche. Aún de la noche, pero cerca – muy cerca – del alcohol. De repente te callas y recuerdas aquél hombre, qué coño, cómo puede estar tan “enamorado” de ti. Y ah, sí, tú de ella. Pero no le dices – osease, no le digo – aunque me acuerde de él cuando el tipo del grupo en vivo canta uno de esos temas semejantes a hacerse una operación quirúrgica sin anestesia previa o a un hedor insoportable parecido al de las pescaderías pero que igual, si vas de compras un domingo te tienes que echar a las fosas nasales. Neverland a las diez, a las once, y a las once y cuarenta. Es un caos todo esto, te aburres, se aburren. Pero el puto sitio estaba cerca de un aeropuerto y eso pudo ser peligroso e hiriente. Aéreo. Así que todos se van.
Luna azul 11:50 p.m.
Joder, si estaba lleno eso. Pasa que el cantante, el amigo cantante, decía: "güey, en Luna van a tocar Jazz y si llegamos antes de las doce es dos por uno”. Vamos, pues, vamos. Y todos dijimos “pues vamos”. La cuestión era no saber ya para eso de las tres como te llamas. Ni si estas enamorada de un hombre o de una mujer, o de una mujer muy hombre, o de un hombre prácticamente mujer. O que Ángel o Fernando dijeran “es que Jazmín se ve tan lesbiana pero que tetas tiene”. Ya, ya para esa hora no importaba demasiado. Nada más te paras cuando el guitarrista novio de la rubia decide hacer un palomazo y Ángel regresa al oficio de cantante. Aplaudes, Fernando te abraza y te quiere mucho. Lo quieres mucho también. Pero aún no, aún no eran las tres de la mañana. Rebasaba apenas las doce y ya tenías la mesa llena de esas oscuras cervezas Indio. Y vaya si es graciosa la gente, vaya si se gasta dinero cualquier martes o esos días de fiesta en el departamento de la rubia. “Nos falta poquito, poquito…”, dice desde el pequeño escenario ese hombre. Sí, sí nos falta poquito y seremos unos malditos licenciados. Aunque eso de momento allá no era relevante. Lo curioso era que ya como a la una, en medio de las luces y la música lenta…los abrazos, los te quiero mucho güey (si no puta, a la falta de un güey), venía despacito desde abajo, quizá de las sillas, de las mesas, a través de la barra o enredada en las notas de Cano, una tristeza tan rotunda como la soledad cuando no hay nada ni nadie. Es decir, que ya para la una aunque estuvieses en la mesa de los más populares del bar, que todo mundo te salude de beso “mucho gusto, me llamo Jazmín”, o si ya estaba en el plan de “rara”, Ángel diga: “ah mira, esta es Jazmín”. Nada es suficiente. A pesar de que todos ellos te toquen la cara, la cintura, se rían mucho y tú misma te rías mucho, tu cuerpo es un devenir atravesado de música, alcohol, ella, los aviones…y ah…ya era miércoles, apenas la una….y ya era miércoles…

domingo, 13 de julio de 2008

Ah…como grita mi madre.
Y papá, allí, bien ido.
 En su sofá con el vado,
y la panza saltona.
Pienso que,
efectivamente me parezco a él,
¡ah! tantos gritos…
Mi planta acuática ha muerto.
Le pregunto a mi madre,
“qué putas con mi planta, 
el martes crecía bien bonita, 
y mírala, toda muerta”
Ella no sabe, o pretende no saber.
Qué mierda. A veces pienso que los gritos,
son como el llanto del silencio.
La gente acá para cansada de vivir.
Del dinero, de los gastos.
Hasta de la lluvia, pero yo de la lluvia no me canso.
Aunque te arrastre como el otro día,
y hasta el asco.
Ah, como grita mi madre.
O como me grita a mi.
Luego le da pena mi cara de “ah bueno..”
y me dice muchas veces “hija, ven…hija”.
Y papá allá en su sofá con el vado,
y la panza saltona.
Viendo Discovery Channel,
o el de la Historia,
yo
que
 voy
 a
saber.

jueves, 10 de julio de 2008

Quedarse dentro


Cómo no llamar a la costumbre, “costumbre”.
Cómo no llamarle por su nombre a las “cosas”.
 Y te sigues así, detrás del párrafo y sus tildes,
escribes, por si aciertas: “ani ohev otaj”
en cualquier vidrio mojado,
te estremeces mientras te fumas un rojo
entre la sombras,
  …………y, ¿qué queda?
Vas por ahí jalando tus hilos del desastre,
como un títere entre carpas incendiadas,
enseñando la lengua a los arlequines.
 Cómo no llamarle a esto “necesidad oblicua”
o necedad, enfermedad,
o algún desorden alimenticio.
Cómo respetar el silencio que trae consigo
la muerte de mis ganas.
Lanzar esa mirada de te amo, pero te odio,
luego reírte por que de nuevo perdimos el partido.
 Ah y ya sabes, luego they say; yeah, you know,
para explicar algo que no se explica.
Ah si, sí. Pero cómo le explicas que te estas muriendo.
Que el puto cartero no llega,
que la colonia Moscú se inundó
con esta piltrafa de huracán que se formó en el Atlántico.
Que los relojes nos comen. Y así.
Pero, cómo sobrevives al día, sin música.
 Del ella, música. Del ella, poesía.
Cómo no llamarle poesía, a lo que es poesía.
 Oh, pero si estas jodida. Y que desastre eres.
Marcela te dice que seguro el estómago, te sangra.
Yo pienso que si de algún lado sangro, ha de ser por ti.
Cómo, cómo, cómo.
Mi cuerpo se aferra a las preguntas, siempre.
Lo mío es complicar lo simple por ejemplo
decir “quiero coger”, y no coger.
Y qué lenguaje de camionero tienes.
Ah si, sí. Cómo arde. Cómo duele,
llamarte y despolvarte de mi mente sinuosa.
 Llamarte como decir cosa, o costumbre.
O “me pasas el cenicero”, “me lastima el Jazz,
el Bossa y más, Debussy”.
Cómo rematar, este jodido poema,
que no es poema, pero lo he hecho yo.
 Oh, y llueve. Me llueves, llovemos.
Cómo decir que dan ganas
de meterse a un charco,
buscarte allí, transgredirte,
raptarte,
cambiarte el nombre
 fundirnos un poco,
 hasta no buscarnos nunca,
 y quedarse, amor, dentro
¡carajo!
  .....................dentro.

martes, 8 de julio de 2008

07.07.08

Cumpleaños glorioso. Ellos no saben, nadie sabe, ni yo sé. Yo no sé nada. Estoy más ebria que Neruda en Trementina. Estoy más “poesía” que la nube de ayer, cuando parió lluvia, cuando me susurró al oído “el arcoiris no viene, no viene nunca”. Alguna madre así. Retumba todo allá afuera y no hablo. Pastel, pasta “mastowhat-thefuck”, “te vesmuydiferentenesafoto”. Cosas. Mi palabra preferida cosa. A nadie voy hablarle. Y nadie, entenderá perfecto. Los padres siempre lloran en el cumpleaños. Los amigos dicen “te quiero mucho”, el amor dice “mi amor”. Pero nada. Acá, los tenedores dicen nada. Me queda un calor inerte entre las piernas, entre el oblicuo ser, de ambulante. Ella dice no, o dice nunca. Pero quizá no importa. El cumpleaños es así como un suicidio. Como un decir “no entrar” y “entrar”. Pero importa, importa raro. Le dices a esa mujer que te cocina: ojala llegue un paquete. Y no llega nada como si no existieras. Surge un deseo inevitable, alrededor de una masa uniforme y compleja de extrañas partículas formadas de un aire externo, de un volumen interno, ante tus propias exterioridades. Y, ay amor, cómo dueles. Y cómo duele ella. Que no se da cuenta. Cómo duele enfrentar el vacío y un nadie. El mareo, el simple mareo de “resequedad” que afronta al alcohol muy consumido, retado, usado. Dijiste muchas veces “espero ser violada”. Después, descubres – sórdidamente – que las rubias no te gustan. Ni las pecosas, ni las piernas flacas, o las cosas demasiado fáciles. Entonces nada te gusta. Sólo tus manos. Eso debería ser jodido o asqueante, pero, es “nada”. Las madres y los padres viven esperando cada año para decir “he logrado verte”. Y, ¿si nadie ve en realidad? Te vas como la sombra corta que se desaprende después de la luz paciente de si misma. Ah, y el alcohol. Las sobras sin nombre. Los amantes, la amante nula. Mi poesía nula también, la pregunta “y si”. Las variantes que son vicio y no vicio. Alguna mujer a la que le gusta apretar tus pechos pero no quiere cogerte. Aquella imaginación muy tú, que es muy trompetera, muy lluvia, muy…sólo muy. Muy algo, por qué habrías de respetar leyes de no mirar. Mirar no es pecado dice mi madre. Ah, el cumpleaños y la nostalgia. La inutilidad. La mujer que nunca vino a usarte bien salvaje. La fiesta, pero ¡ah! sí usaste la fiesta, el alcohol, mucho el alcohol. El llanto silencioso que parece fingir su existencia. O mi eterna dignidad, la dignidad que recorre a pesar, de su cansancio mutuo. Por qué, es mutuo, no decirte “no vayas”, “vuelve”, “quédate”, “se sólo mía”. Vuelve, mi amor, nada más vuelve. Comprueba que a los ojos míos no existe nada ni nadie. Comprueba, que lo nuestro es algo sumamente extraño y falaz. Sopesa, que yo soy como nadie. Que yo, no podría amar, así, a alguien sin problemas con su físico, o su mente, o su manera de sentar. Ah, y cómo uno llora. Cómo es dejar de pensar en lo que viene. Ah. Ah…Ah. Un dolor inaudito. Miles de “ah” como si fuera un orgasmo infinito. Pero, si escucha esa mujer música clásica, te derrites, y le dices “ah…yo, yo…” mientras te aprietas los labios y la seduces. Cómo seduces. Que no entiendes como es ser o existirte. Cómo es ser tú, tan fea, tan deforme. Que le mantienes la mirada fija hacia lo que tú eres. Es que a las mujeres les gusta pensar. A las mujeres les gusta sentir que las imposibilidades son posibilidades. Ah, y cómo las haces posibles. Como si se pudiera. Entonces eres eso que sueñan, a veces. Ah. Tan de nadie. Tan de ellas que duele pensar en que jamás pertenecerás a quien sea. Y cómo explicar. Waltz, cómo explicar. Que eres de todos y de nadie. A veces sólo de ella. Y eso ni ella lo entiende. La música clásica Waltz, y si ella no lo entiende, no se te antoja. Nada de ella, ni nada de cualquier cosa. Ah, el cumpleaños y las celebraciones extrañas. Glorioso. El llanto, cuando ya el otro día, medio dos horas tarde. Luego vendrá cualquiera a espiar cómo es que nos amamos. Bien, con un dedo en la boca y algún sabor provocativo acerca del dedo índice. Ah amor, y la música. Interminable. Y México es una fiesta y no lo dijo Hemingway, lo digo yo, que soy tan nadie. Sin futuro. Sin ti, sin amor. Y tan contigo, después del adiós. Tan glorioso que parece que cada día fuese, como cuando decidí decirte “te amo”. Tan duro. Tan decisivo, tan Beirut, tan Tiersen, Mozart y el: wey, eres tan rara. Como decir “fucking 20’s to me”, y la vida, la fiesta, y todo alcohol…

miércoles, 2 de julio de 2008

Alborada


No me llames así, sin un nombre.
Llámame “amada”,
llámame “hora”,
“luz apagada”,
“corredor vacío”.
Llámame desde donde no sale más,
el lamento con que nos necesitamos,
tan fuerte, tan violento
como sólo tú y yo sabemos
vengar la ausencia.
Llueve mucho estos días,
apenas julio
caen
…..caen,
lentamente
todas nuestras pertenencias
 a no sé donde.
 La humedad en las paredes
me hace llorar.
 Y el oxido,
que no sabe que
ya es muy viejo,
no se cansa de ser,
de brotar bajo la lluvia.
Como un vaho raquítico e insistente,
como el aliento desde la boca
de lo ya muerto.
 Estoy cansada de ser nadie.
Si me hablas, llámame
“sombra”, “nube”
“ojos caídos”.
Lo que nunca tengo
ni se deja ver.
 Llámame “amada”,
 llámame “hora”,
“luz apagada”,
 “corredor vacío”.
 Pero no me llames así,
sin un nombre.
 Como si no fuera tuya,
 como si no temblara
cuando te acercas
sigilosamente
desde una esquina,
 dolorosa y fatal.
-Nombre por: Diana Morales -

viernes, 27 de junio de 2008

Seremos nunca



Luego vienes desesperada. Conmigo y sin mí. Y yo sin mi también, o alguna cosa enajenada de ser nadie. Después vengo odiándome, y con todo eso llega mi madre a odiarme aún más. Y nada es eso, qué es eso, sino nada. Acá, los días van mordiendo peldaños. Licor, cerveza, vodka, cigarro, la vida que arde. Luego te dicen que el mundo es así, que si tu cuerpo imperfecto y los dientes torcidos, o imposible quedarse en el polo sur una temporada. Alejada de ti y de todos. Nunca seremos vestigios del gran emperador, ni huellas, ni hastío. Seremos nunca y nada más. Pero luego yo vendré con la angustia fundiendo mis ojos, y las manos, cualquier situación que caliente una cama muy fría. Correré, correré por las orillas al final de la ciudad, de nuestra ciudad sin dueño. Miraré tus ojos, comeré tus ojos y lo que no existe. Y voy a cansarme de ser nadie, de ese nadie enfermo que es ser yo. Sobrevolaremos el bosque mortífero donde jamás danzamos, ni tragamos lluvia, ni nos masturbamos con las manos de la lluvia, o lamimos los pezones de las hojas. Es tan fácil darse cuenta que, tenemos nada. Cansado es, no contar las esquinas donde no nos vendimos a ciento ochenta pesos, por sentir nada más un poco, solamente un poco. Castigar al dolor con sangre. A carne cruda. Y eso es horrible, ofrecerme es horrible. Sentarme no es justo, o que me arañen las piernas con aires de que “aquí es de otro tipo de talón”. De talonear. Luego tú vienes desesperada sin saberlo, a tocar fuertemente mis puertas. Me dices desde allá cuánto detestas que sea yo, eso. Aquello infame que es ser yo, carcomiendo los instantes donde guardas silencio. Y yo lo sé, pero también me vuelvo silente. Como Chaplin y El chico. Hoy imprimí una foto de ambos. Sin ellos. Te digo que sin ellos en realidad, por que ya no existen. Pero las fotos siempre serán las fotos. Tener lo ausente. Nosotros entendemos las fotos, y las cámaras, los flashes, cualquier mísera realidad que pueda tenerse por un segundo, o dos, o tres, dependiendo la velocidad. A lo mejor tú no sabes de eso. Pero yo si. Yo sé por ejemplo de cuando vienes como desesperada, o estás desesperada y no vienes. Exhausta de odiarme hasta el tuétano. De callar, de los momentos incómodos o de los nervios. De lo tibio que se siente allá abajo si me piensas así, como soy yo, lo que sea ser yo; mirándote de una manera redonda y sin tregua cada uno de tus lugares vergonzosos. Viviendo desnuda, donde te enjuagas el vientre. Rindiéndote, conmigo, sin mí; cuando ya ha pasado todo el tiempo que hay que ocultar bajo una falda. Luego cruza el desdén, la calle , nos olvidamos. Olvidamos como es eso de sernos nadie. Decir ella es nadie y no sé donde vive. Ni donde duerme, ni con quién se está matando las ganas. Y la ciudad va, nos sobrevive. Las luces nunca son iguales cuando se regresa a casa, no sé si lo has notado, tú, que no eres nadie. Jamás y nunca, serán iguales. Pasa, que tenemos el descaro de sufrirnos y yo de trazarte soberbia, así, como desesperada. Y quitarme del camino.


viernes, 20 de junio de 2008

Well it's been a long time...





Hablar seis y treinta tantos minutos no es suficiente. Pero es lo justo. Para escuchar tu voz de menta. Amar dulcemente tu respiración agitada, dejar ir mi risa torpe, sentir el sudor en mi frente y desde acá, tocar el tuyo. Y es como escuchar a Zach Condon de lejos. El otro día me imaginé como suena esa canción a tu regreso. Cuando me encuentres en cualquier café de la capital y yo te canto. He llorado mucho frente al monitor y no le dicho a nadie, tampoco tú se lo digas a nadie. Entonces te llamo cuando todo en el interior de mi cuerpo sufre un ardor interminable, desde hace días, noches, horas asesinas. Hablarte cuando más te amo, es poner muy alto Nantes de Beirut como aquél día. Decirnos “cómo estás…” y fingir que no es un “te necesitaba tanto”. O un franco y lascivo: quiero morderte la boca. Sólo te digo que estoy trabajando, que tengo que colgar deprisa, la gente no me gusta. Cosas así. Pensar, después de un “gracias por llamar…”...un "es que yo soy completamente tuya”. Y todo el tiempo es well it’s been a long time, a long time now…since i’ve seen your smile. Y no pueden quitarnos eso amor, ni tú, ni yo… ni nadie.

jueves, 19 de junio de 2008


Me pregunto por qué no vienes. “Yo no me tomé esas fotos para alguien”, pienso, me estreso, ellos no van a saber. Hoy voy a estrenar el broche negro para el cabello, el que me costó $12.95, y todo será tan fracaso hoy y mañana. Me siento triste, rara, tú sabes cuando me siento triste y rara y te hablo. Y no te llamo. Te busco sin más en las orillas de mi boca, naufragas en mi boca mientras nos pienso, en una singular posición de vacío de la que no nos cansamos. Me muerdo la boca, somos verdugo y prisionero. Sangre y humedad de prisioneros, ambas. Somos hambre y famélicas bocas.
Me pregunto por qué no vienes y no me respondo. Engendro mudez dentro de este cuerpo frágil al cual se le vienen encima los años. Tenemos años de no vernos. Tenemos horas sin saber dónde se está. Hay tanta espera sobre las palmas de una mujer más que muerta, ida. Fuera, como afuera de su vientre y de su estómago. Esos hombres preguntan demasiado. Que quién eres, de dónde eres, cómo te llamas. A dónde vas. Esos hombres no saben nada. Quieren saberte para sabotear lo que has logrado, quieren permanecer quietos para tener suerte a tu demora. Pero yo vuelvo a buscarte en la orilla de mi boca, disuelta y con los huesos perforados por mis dientes. Mis dientes expertos en tu piel que huye de prisa. Cansados, de morderle el sexo a la nada. Sin aristas, o volumen al tacto. Me pregunto por qué no vienes y los labios se me hacen grandes de todos lados, quieren ocupar un espacio ya raído y ambulante. Tienen la lujuria de caminar sobre otras sombras curvas a media tarde, cuando el sol se aleja despacio, yo miro al suelo, mis zapatos, los pies de ellas y me pregunto por qué no vienes, todos me miran con misericordia, a mi se me muere la boca, por qué tú no estás, o no apareces.

martes, 17 de junio de 2008

Recado (dos puntos)




Amada Stephen Crown:

Quiero decirte que estoy muy contenta. Hoy fue un día de la puta madre, pero te vi varias veces y eso me sirvió mucho o fue simplemente “genial”. Tú dirás que le doy importancia demás a muchas cosas, que ya no me bañe tanto, o discutiremos sobre las diferencias al amar, de mi dolor encarnecido, la cantidad de lágrimas que rodaron hoy. Pero has venido, me has esperado. Y yo te amo más todos los días. Nadie entiende, amada, nadie. Hemos tenido días de gloria, lo sé, tú también lo sabes. La distancia nos hace bien, y esa ausencia de la que tanto te he hablado es tan sana. Por la mañana llovió en este pueblo chueco. Escuché demasiado tango, que de nuevo me siento argentina, sin ánimos de molestar. Salí a mojarme, pero es tan perra la vida que en el momento que salí, paró un poco de llover y yo hasta me había puesto ropa “playera”. Esas son mamadas contra mi libertad. Me duele el trasero ahora, quiero irme a la cama, pero el temor siempre eminente me detiene. Ya terminó Amores perros en la TV, no me gusta tanto, pero esos perros sí, “el chivo”, el deseo de ser indigente. Te hablé de eso hace rato. Pienso en dejarte esto aquí, hablarte, sin pretender nada, olvidarme de mi misma y sólo contemplar mi foto nueva – donde te ríes tan amablemente, cálida, sin miedos -, a lo mejor y rezar un poco por qué nada te pase de aquí a que yo vaya, como si supiera hacerlo. No sé, amada Crown, quería decirte todo esto, que me encuentro con calor interior por llamarte, por estar acá, por decirte cada día con más seguridad que te amo. Que esto que hemos plantado crece enorme entre la tierra a la que llamamos hogar, nuestro hogar enrarecido. Ir, sólo ir, me abraces mucho mientras -interminablemente- sufro por dentro, aquella cosa que tú sabes. Amada Crown, lo importante ahora que es que estoy muy contenta, como si ya estuvieras, como si yo estuviera allá.

jueves, 12 de junio de 2008

"Painfully tie to you"


Voy hacer de cuenta que no sucedió nada. Necesito encontrarte hoy otra vez, encontrarte como a una moneda casualmente. Y espero de nuevo, eso, o lo que sea. Esperar, sabes que a mi me gusta esperar. He dejado el cigarro y la cerveza pareciera, en estos días es complicado sentarse, aclarar un poco mi cabeza, mirar un punto fijo. Estoy deliberando el futuro del cine mexicano como si de mi dependiera. Como si lo que dijese importara al gobierno y a todos los demás. Sé que igual debo hacerlo. Pero hoy necesito encontrarte otra vez, por qué día a día toda la soga se hace más corta. O no sé. Ayer me subí al transporte a las 3:07 p.m., tenía alrededor dos extraños mirándome con un desdén conocido o quizá no me miraban, y yo pensaba y pensaba “de nuevo es tarde” y en todas esas cosas que me has dicho desde tu mente y no desde los dedos.
Estábamos tristes a esa hora. Tú allá y yo acá, pensando. Lo sé. Y queremos salir, no quería el partido a las 7:30 p.m., ni un “muy bien, te ha quedado muy bien”. Quería entender las cosas que no me dices o que me doliera menos mi elección. O tu elección. Dejar de escuchar atenta a k.d. lang cuando dice, “now that you’re gone maybe i wont feel so sad”. Por qué voy en el auto y la gente va también con sus graves voces y su sueño, los celulares, el calor, y yo no entiendo nada. La tarde se vuelve inmensa a través de las ventanas mientras viajamos. Pero, voy hacer de cuenta que no sucedió nada. Para no hacer más ancha la herida o más desdichada mi suerte. Tú no me has dicho lo que sea que hayas dicho. Todo lo demás siempre son conjeturas mías y delirios, o desvaríos. Siempre. Cómo puedo vivir si tú no estás. Has notado – mi amor – ¿qué vivimos atadas a algo que nunca viene? Tú harás de cuenta, como que no pasa nada.

martes, 3 de junio de 2008

Heridas


Siento, como si fuese
a llorar mucho y tú
no sabes.
Estás lloviendo sobre
otras cosas: violines,
pianos, hombres
o yo que voy a saber.
La soledad es ambigua
en estos colores,
un tema de Piazzola
o la mugre que teje
tu ausencia siempre
beligerante.

Y para consolarme
escribo un poco.
Nada nuevo,
la misma mierda, pero
igual, como esperando
a que pase todo esto,
que nos culpa y aún
nos sobrevive cada mes
y de pronto cada año.

Voy a guardar esas silabas
de cuando callo nuestras
verdades inconclusas.

Así, quizá y olvido,
esa lagrima que se desprende,
como una gota de sangre desde
mi eterna herida con tu nombre,

como una infección de odio,

que no termina nunca de sanar.

viernes, 30 de mayo de 2008

Cartas II



El miércoles te noté impaciente. Casi no nos vemos, pero te percibía y lucías preciosa, y exactamente impaciente. Supongo sólo era la euforia de la que me hablaste antes de todo. “Una euforia peligrosa” que a ti espontáneamente te surge. Y yo sé, cuando eso sucede es preciso cuidarse de los precipicios, llamar al dentista, contar las grietas de una pared. Aunque solamente fuese una urgencia que no me dices. Que prefieres callar, por una razón muy tuya, que olvidas y recuerdas a la misma vez. A mi me gusta imaginarte eufórica. Impaciente. Imaginarte sin más. Entonces no quise contarte lo que hice ese día. Aquél miércoles desperté aturdida, esa confusión siempre presente al tener un sueño descarnado y denso, o aquello de ser simplemente yo. Nunca te digo, pero siempre estoy tarde. No me gustan las horas, me veo corriendo tras ellas, gritando: ¡esperen! Seguramente les parezco antipática por mi indiferencia a su velocidad. Tú bien sabes de mi indiferencia ante tantas cuestiones. Pero eso no importa. Ese día camine mucho y trataba de recordar donde estaban las oficinas del Servicio postal. Y me causo mucha risa notar que la encargada se parece mucho a mi ginecóloga o mi ginecóloga a ella, además que me decía “amiga” o “señorita” o algún formalismo así. Yo sonreía mucho por qué salir al mundo siempre me causa cierto calor interno. Como ser un monstruito encerrado al ver la luz, sentir el viento, llenarse los zapatos rojos de arena, me provoca una grave fascinación. Le pregunte algunas cosas, “aah…ya no recuerdo donde se pone el remitente, ¿me podría decir?” Y ella me decía. Justo unos minutos después me di cuenta que había olvidado la libreta de direcciones, por qué esa no es tu dirección, y no podría aprenderla por qué sería en vano. Esas distracciones nos suceden a nosotras, tú olvidas las llaves, yo la libreta, nos olvidamos a nosotras mismas sobre las hojas de un libro inconcluso. Tuve que regresar a casa, volver allí mismo unas horas después. Tomar un taxi siempre de prisa. Creo que me sentía nerviosa respecto al Servicio postal. O algo reacio en mí, sabía lo que significaba eso, despojarse de una parte de ti que siempre has guardado celosa o un anonimato muy raro, un segundo paso, o puede que algo más. Para cuando regresé ella me reconoció y me dijo: Listo ¿verdad? Yo le sonreí, vestía de rojo. Soy muy pequeña, no alcanzo mucho las estanterías y tengo que estirar mis pies o mi cuello, pero ella estaba ahí preguntándome: ¿qué envía señorita? Y yo, ¿que le digo? Efusivamente “cartas a mi novia, cartas a mi novia” Ella no tiene por qué saber, entonces afirme: Papeles, cartas. Que bello hacer estas cosas, cuando seamos mujeres mayores y recordemos mientras alguien nos lee a un autor siniestro; Diremos: Sí, nos hacíamos cartas, teníamos muy mala letra pero las escribíamos igual, nos besamos de lejos al humedecer el sobre con la lengua. Y ella pesó los sobres varias veces y yo no dejaba de pensar: Qué sería correcto decir que envío. Todo de mí o lo que quepa en un sobre amarillo, con un sello de cera y una firma sin nombre. Y cuando salí de allí me sentí desolada. Asunto natural. Pero sólo eran cartas, en un día donde estabas impaciente y yo no te quise decir todo este cuento del Servicio postal.

lunes, 26 de mayo de 2008

Las Narnianas, el Triciclo y el Centauro



Ayer vi Las crónicas de Narnia por segunda vez. La del Príncipe que en realidad, no sale tanto. Fuimos las dos. Tuve que llevarla, decirle: querida, tengo que verla de nuevo. Ella sabe que los ojos se me inundan al ver todos esos mundos hechos realidad. Que es tanto como acá, como allá. El mundo de ella y sus flores secas - terciopelo, encaje negro, dibujos que le ha dado su novio - Karina tiene flores secas por toda su habitación. Y lloramos por dentro al ver todo eso. Gritamos POR NARNIA varias veces, hacíamos ruido sin molestar. Alzábamos las manos: ¡Aslan! ¡Aslan! O cuando los árboles atacaban: ¡Los árboles! ¡Los árboles. Y quedamos en que la próxima vez llevamos espadas o un carcaj y yo llevo mi fauno de peluche. Aunque no sé dónde está. Más tarde bajaré desesperada a buscarlo. Mi madre dirá: eso es del diablo Jazmín, eso es del diablo. Y a mi me importara lo que le importa a un niño destruir un hormiguero de arena. Lo más seguro es que Romeo Poulain lo haya ofrecido en sacrificio en el patio de atrás. Pero eso lo veré más tarde. Anoche, hubo que contener el cuerpo de Karina. Se puso muy triste por qué a la mitad de la película se muere un minotauro, y la emoción era mucha, y hubo intermedio y no queríamos café. Ni esas cosas que los vendedores te ponen en frente acosándote. Ellos quieren tu dinero. No les dimos lo que querían. Karina, mi amada y bella Karina, dice que es Aslan, me dice: Mira mi melena Poulain, mira mi melena, yo le digo: La veo. Luego me dice que por qué no vivimos en la Narnia de C.S. Lewis, si me ve tan bella montando un Centauro. Abrazándolo, acariciándole las orejas. Sujetándome de su cabello. A todo le digo que si, por que yo también lo veo. Nos vemos allí. O quizá en la comarca de su buen amigo Tolkien. Ya cuando vamos en el autobús y escuchamos Secret Garden o Malice Mizer, nos preguntamos la una a la otra, si es que somos raras, estúpidas, o algo así. Por qué cuando vimos Harry Potter ella se enamoro de Dumbledore y yo del personaje de Gary Oldman, pero eso era normal en mí. Es Gary. Hacíamos como cuando el muy lover se volvía algo así como un Fénix y yo me achataba la nariz “¿Quién soy?”: el innombrable Poulain, eres el innombrable. Y esas cosas tan nosotras cuando salimos del cine. Nos daba más risa que pensar en cómo somos. Pasamos a otros asuntos. La crisis ambiental no es nada buena, pero vivimos muy lejos, muy lejos, tenemos que tomar el autobús. Para nuestro consuelo pretendíamos ir en triciclo, y cerramos los ojos, movíamos las piernas. A veces me volteaba y le decía: Te amo mucho baby, ¡vira a la derecha! ¡Vira a la derecha! Ella viraba a la derecha y yo le seguía. Prontamente ella me susurraba cerca del oído: ¿a qué huele el centauro Jazmín? Yo le tuve que decir, que esa, es otra historia. O sólo otra crónica de Narnia. Karina dice: Cierto, somos Narnianas. Y pedaleaba más rápido el triciclo. Yo seguía cabalgando un gran centauro.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Cómo sería




Cómo sería decir “debo dormir ahora, amor”,
cómo sería.
Posar, dejarte ver mi cansancio, verme arañar
la sabana verde de los campos de mar.
Contemplarme desnuda de mí. Por sobre todo,
de mí. Cómo sería nombrarte sin tu nombre.

Dejarte, dejarme. Dejar el mundo un minuto.
Quitarme los ojos, ponerme los tuyos.
Mudar de piel, ser música en tu oído.
Tu clásico oído de flora. Ser como quien vive
siempre dentro. Ser una lagrima roja.

Cómo sería decir “enjuaga mis pies, amor”,
cómo sería. Bébeme lento, elévame. Ser arpegio,
un nulo arpegio. Devorarme, devorarte.
Desde la voz hasta aquello donde te escondes,
y donde termina la línea del ombligo. Vientre
de infante inmaculado. Hacia allá, al hospicio.

Liberarme de la duda. Contar lunares huérfanos
amor, encontrarles una forma, plasmarlos sobre
el óleo de tu boca. Comer los lunares, de los
lunares. Lamer, la boca de las bocas. Vaciarme el
agua del cuerpo. Gemir todos los cuerpos.

Cómo sería decir “estoy exhausta, amor”,
cómo sería. Gritar, permitirte ser la palabra
rota entre mis dientes. Cómo sería sernos
abajo. Dejarme y dejarte, ser viento arriba,
ser viento a lado. Ser ambas, cruzando el espacio.
Decir “debo ser polvo, amor”. Ser,
como debiera
ser.

martes, 20 de mayo de 2008



Trato de convencerte de que soy así. Hoy no saldremos a jugar y me mantiene ida o molesta. Absurdamente espiando, para que no nos ganen la caja de arena o el subibaja. De cualquier forma no vamos a jugar y está decidido. Te encuentras buscándome en los libros, revistas o en cualquier bazar. Pueda ser que bajo las piedras muy grandes, en el cabello de una niña muy alta. Por las orillas de cada parque. O pueda que no me busques en realidad. Yo en vano intento persuadirte de que soy así, solo así. Frágil. Como mística, como oscura. No sé. El otro día me imagine que si yo pudiera verterme despacito en el viento ya no habría que explicar nada. Ser así, sólo así. Algo etéreo. Jugaría contigo en cualquier parte, contigo, con cualquiera de tus partes. Pero junto a ti seguro. Hoy no vamos a jugar y probablemente este aburrida pasada ya la noche. Preguntándome porqué en mi walkie talkie solo se escucha un “si vinieras, si tú vinieras”. Si sólo vinieras. Sigo acomodando las palabras al revés para que descifres mi anciana edad y cómo se llama la canción que siempre canto. Trato de convencerte que soy así, pero ya no quieres jugar conmigo. Que soy así, como la música que escucho. Por qué la entiendo, por qué traspasa todo esto perpetuo que soy. Como niña, como adulta. Como la lluvia que cambia de lugar si la sostengo con mi dedo. Trato de convencerte de que soy así, una mujer o algo. Algo así, muy yo, todo lo que dicen que soy yo, ellos. Un poquito feliz y un poquito triste sería. Sí, así sería. O pueda que no.



viernes, 16 de mayo de 2008

Cartas


Fragmento de una carta escrita a Stephen Crown:

"[...] Lo cierto es que la primera mujer que me llevo más allá del gusto fuiste tú, algo que vale la pena, que vale la pena contar. Pero por alguna razón ambas preferimos todo esto, sin esas complicaciones, reproches, enredos. Quizá mi manera de amar en esa faceta te enfermaría hasta el asco, te cansaría los huesos o simplemente te destruiría como acostumbro hacer. Pueda ser que todo se fuera al carajo. Por eso y seguro muchas cosas más tenemos esto. Brindo por esto eternamente.
Me gustaron mujeres antes, creo desde niña, desde muy niña pero para mi es cierta fijación con la perfección. Y con esto no hablo de lo físico que al final no viene importando...sino ser una obra de arte, una mujer puede ser una obra de arte intrínseca. Una mujer como yo, puede amarlas a todas, todas son mujeres dicen. Ellos dicen: todas son hermosas bla bla bla. Simplemente no lo creo así, podría hacerle el amor a cada una probablemente, pero ninguna me gustaría lo suficiente. Incluso atreverme a decirles te amo, sentir que las amo y lo más seguro es que no sea verdad. Me miento siempre, le miento al mundo. Con ella no creo mentirme ahora ni nunca. Jessica Stein me llevó desde la risa al llanto. Me la imaginaba a ella ahí, toda histérica diciéndole a quien sea: ¿te doy asco? no, no, no puede ser, tengo que terminarlo. Me veía a mí siempre exigiéndole más de lo que puede darme o lo que puede permitirse dar. Tantas veces Crown, pedí tanto de ella sin saber o sin ser tan egoísta, me siento egoísta hoy. Siendo que yo la provoque, fui yo quien se aprovecho de su belleza, de ese amor puro e incontrolable que no veía venir, que no sabía descifrar y yo, con afán de alimentarme quise testar y apropiármelo. Te cuento que me dolió verla por que esta vez fue diferente, es todo tan "así". Sé bien que tienes en mente: todo lo que se hace por amor va más allá del bien o del mal. Lo sé, pero nunca seremos ella, ni pensaremos como ella. No tenemos su historia, ni su edad, no tenemos nada de ella. Comienzo a pensar que hasta hoy le amo de veras, completamente y profundamente. Y sé bien como terminará esto, aún así de vez en cuando me invento historias, diminutas historias en mi cabeza del principio, del clímax, del final de todo. Sé que terminara con un viaje eterno, una linda boda y una mujer llorando mil vidas, como si supiera que fue hecha para alguien pero ya no está ni lo estará. A veces me pienso así, que este dolor no ha comenzado siquiera, ni el amor, ni el deseo, ni la impotencia por poseer su boca aún cuando todo lo que hemos tenido ha sido libertad. Por que nunca fui tan libre y me esclavice tanto. Sí amada Crown, ver Jessica Stein me dolió por que me duele. Me retorcí en la cama de angustia, tuve que prender de nuevo la PC, pensar, idear que tenía ganas de escribirte. Como si escribirte fuese posar mi frente en tu ombligo, sentir que me sumerjo en aguas nunca hostiles. Aguas claras y de temperatura hermosa...Oh Crown hasta cuando seré esto que soy. Esto que ama así, que le ama así hasta desear la muerte. A ti y a mi no nos haría bien esto. Construiríamos un abismo ambulante para echar cuesta abajo todas nuestras penas, nuestros holocaustos sin fin ni principio. Me cubría el rostro Crown, gritaba eufonías desesperadamente tristes hacia dentro de mi cuerpo. En un futuro no voy a soportarlo, lloraré, lloraré, moriré un segundo y después despertaré para darme cuenta que sigo llorando algo que si bien no hará ruido toda la vida, seguirá arañando con silencio. Tendré que ser feliz Crown en la medida de lo posible. También reconozco que no será el fin del mundo pero por ahí escuche o leí, que el amor debe de dolerte, debe de dolerte mucho, mucho y debemos estar felices por ello por qué si duele es buena señal.
Hay tantas personas allá afuera que tengo que ver, probar, morder, oler y saborear. Yo lo sé amada Crown, yo lo sé. Pero tal cuando sin titubeo me dijiste que con Ana podrías pasar toda tu vida, ahora yo te digo, esto va doler, va doler siempre. Jessica Stein me abrió una pequeña herida ardiente y rosada, no sé por qué ya que es perfecta, seguro son esas palabras que revolotean las sienes diciendo: yo quiero que seas tú, yo quiero que sea ella. ¿Por qué este terrible momento Amada Crown? ¿No debimos? ¿Lo tiro todo a la basura? Ayúdame. Escríbeme. Te extraño. Prometo no hablar más de esto pero ven, dame consuelo. Los días van, no estoy muriendo a diario es un panorama sereno, sólo sucede que esa película hizo su brecha en mi herida y sus pasos, me duelen."

lunes, 12 de mayo de 2008

Llamada de Waltz a Who the fuck is she?


>…Sé que reconoces esta, mi voz atípica, cortante. Lo sé bien. Aneska está dormida y decidí marcar tu numero telefónico, esperar pacientemente mientras sonaba, esperar, esperar…pero sólo logre tener respuesta de esa maquina contestadora. Ya sé que no me quieres y que esta llamada te parece absurda, casi nula. Pero llamarte ahora de repente me sirve de algo. Tiene cierta utilidad masoquista, algo así. Me gustaría mucho escuchar tu voz otra vez. Suave, acuática, muy de mujer elemental. Una mujer elemental. Me gustaría que levantaras la bocina; la apretaras contra tu oreja, te preguntes si quizá es un chico al que le llamas atención. Que únicamente necesites decir: “si, voy para allá” o un “yo también”. Que tú me escuches lentamente, esperando al igual que yo algo, lo que sea pero algo y tal vez podamos entablar una conversación que pueda sonar más o menos así: 

- Hola Waltz, ¿cómo te va?
- Vivo. Aunque, no soy buena con esas preguntas. Nunca sé como estoy, tampoco creo que el mundo lo sepa. Detesto esas respuestas inmediatas programadas, “si, bien, muy bien, más o menos, ¿Y tú?”…Pero yo creo que al menos “estoy”. 
- Ja ja ja – te reirías, tendrías que hacerlo - Waltz…tan tú siempre. Ah…y como está esa mujer con la que vives ahora ¿Aneska? 
- Si, Aneska. 
- Si ella, ¿cómo está?

Tú bien sabes que ahora me acuesto con ella. Que le invento desnuda en cualquier parte de la habitación verde, tú lo sabes, que es muy rubia y alta, moderna, refinada, un poco tonta a veces, lo cual ahora me da igual. Con labios impresionantes. Perfil certero. Sabes que me gusta morderle las piernas sin provocarle dolor. Idolatrarle los pies, desde la punta de la cama, acechando, como siempre lo he hecho como huyendo de quien sea, escondiéndome de a poco por encima de mi propia piel. Deteniéndome. Jugando el perfil mío a través de su dermis pálida y transparente. Y mi cuerpo moreno goza ese vuelco de arena y miel. Reinventando la manera exacta en como debe convulsionarse una mujer entre el medio y el índice. Tú bien sabes – cínica - que ahora me acuesto con ella, pero me preguntas “Si ella, esa mujer”. Si alguien me hubiese dicho que serías tan fresca no me lo creo. En realidad cualquier cosa de ti, no me la creo. Pienso un poco en la situación, en lo que pudo ser, si fueras tú la acuarela que surge en la pared verde musgo. Y no Aneska, mejillas pecosas Aneska. A la que acecho con mi característica hambre paulatina. Adyacente a todos mis sucios pensamientos de mujer apasionada o quién sabe que otra cosa. Pero similar a una mujer. Si fueras tú, si vivieras tú, resucitada en algo más parecido a ti y no a eso que eres, que no contesta el teléfono o que pregunta hostilmente: 

Si ella, ¿cómo está? - Aneska está bien, ella te diría “estoy bien”. 
- Si, supongo…y tú ¿cómo estás respecto a ella? 
- Ja ja ja – me reiría un poco, tendría que reírme un poco 
– Me va bien, no es tú, pero supongo que está bien. O tendrá que estarlo, ¿eso es lo que querías oír? - 
Lo es si es la verdad. Me dio gusto saludarte M. Waltz, pero alguien espera y ya es tarde. Se me hace tarde. Cuídate siempre y a tu Aneska dale mis saludos.  

A veces pienso, querida, que yo diría cualquier cosa que tú quisieras escuchar si tan sólo contestaras. Si elevaras la bocina hacía tus oídos. Pero no lo haces. Probablemente estés dormida, cansada de ti. Y sea cual sea mi pensamiento lo callaría, lo callaría por que podría hacerte daño, todavía más daño. Por ahora no contestas y aún sigo pensando que si habláramos, sería bueno iniciar una conversación semejante a la que pude explicarte aquí. Sin mis desvarío, sin Aneska, sin las respuestas programadas, sin mis enredos existenciales o de hecho sin mí, por que después de todo era verdad, lo único que era verdad, era eso.

viernes, 9 de mayo de 2008

Absurdo




Mañana, sólo mañana
amaneceré feliz, bien feliz
por amarte así, así, de tanto.
Me diré: pero que bella es
la mujer que amo, así, así,
de tanto.
Y en nadie he podido
ni podré, recorrer así las venas
y sentir desde la sangre, un arrullo
infeliz y cuarteado. Un derrumbe.
Noches de piedra y sal. Fuego y
hambre. Pero, ¡que rica hambre
en forma de espiral afeminado!

Y lee bien, que solo mañana
tendré revuelta la hora donde
no te extraño. Comeré tu
boca, como haciendo fotos
de tu boca, quemando de
mi lengua oscuridades. Como
si estuvieras acá, cocinando
el desayuno y yo desdibujando
más hambre, siempre hambre.
De ti el eterno ayuno, una famélica
anátomica.

Mañana querida,
olvidaré el sabor de tu ausencia.
El descuido que arde. Le llamaré
a las horas un disimulo distante,
y únicamente mañana, volveré
a imaginarme muy niña. Con un
overol azul y blusa blanca debajo.
Diciéndote: -tu nombre- , hoy la
pasan en la tele
. Como si fuésemos
dos tipas regulares, normales,
en un domingo familiar. Olvidaré
que me ensartas tres dagas en el
pecho cuando dices: te odio tanto
como te amo
. Y yo te amo, más y más.
Cuando crece profundo en mí,
un deseo incontrolable,
aniquilando la desgana de tragarse
el espacio donde se desarrollan tus
fauces traicioneras. Y correré
la voz a todas las que habitan
dentro mío, para que no necesiten
todo de ti y se conformen.
Cruelmente, estén felices con lo
que les toca. Tu abismo, tu belleza
terrenal, esos pechos como si
fueran el cielo de gigantes.
O el simple sonido de las manos
como esculpiendo arte sonoro y
con ruedas que viajan a través
de esta ciudad tan grande.

Mañana, mi amor, si existiese un
mañana así, perfecto. Ya no sería.
Sólo un paria errante esclavo de tus
celos y vergüenza. Sólo dos olas
cambiantes al vaivén de tu mar
inmenso. Si existiese mañana, ya
no sería yo. Amándote, así, así
de tanto.
Correría martirizada
por algo que desconozco. Ahora.

Por eso ahora,

escucha,

recorre.
Que el dolor es la cera que te
forma y te consumes, te consumes
diario, como el sol que nace,
mata,
sonríe

y se desvanece
sin falta,
cada
puta
tarde.

miércoles, 7 de mayo de 2008

De las cosas azules o algo así




Me acobardo, me siento
medio marica a veces.
Ayer le conté a mamá
de los hombres verde-azules
y Neftalí le dijo: hey, esta
tipa se droga.
Y ella le dijo: qué no, que yo
algún día los he visto.
Me zangoloteó medio feo
el chaparrito: ¡reacciona,
reacciona, ya no
eres!
. El dijo: “ya no eres”.
Pero nunca he sido.
Me acobardo, me siento
medio marica a veces.
Y Rosa le respondió: ¡la vas
a romper!, ¡no la rompas!.
Y Neftalí se detuvo como
un buen verdugo, uno que
otorga perdón. Entonces
yo lloré, lloré tanto. Y el
hombre verde-azul se
comió mi llanto despacito,
como masticando perlas
que se vuelven dientes.
Y ella me cosió un brazo,
me dio un golpecillo en la
cabeza y me dijo: A ver,
¿verdad que eran chiquitos?
Yo dije sollozando: si, bien
chiquitos
. Neftalí se rió
un poco agarrando su
inflamada panza, conteniendo
el silencio en sus manos.
Sus grandes y moradas manos.
Y yo oprimí mis labios,
me doblé hacía abajo el cuello.
Rosa finalizo: ¿verdad que eran
azules?
, y yo dije: si, medio azules.
Y yo pensaba dentro de mí:
te acobardas, eres medio marica
a veces
. Un hombrecito azul
me da un beso en cada uno
de mis tristes ojos,
y las paredes llueven algo
como largas telas desde
el techo al piso, algo
medio verde o quizá rojo…
y lo veo
y me siento ajena,
amorfa o algo así...

Dibujo: Sadness original by *TinRilla

martes, 6 de mayo de 2008

¿Puedo ir a verte?

*
Tú no sabes, pero yo te llamo llorando.
Te digo: ¿Puedo ir a verte?
Tú no estás, me contesta la tocaya
de mi “novia”. No estás, pero llamo
otra vez: ¿puedo ir a verte?
Tú me dirás que si, “si yo quiero verte
también, te extraño tanto”. Y aunque
digas que no, yo iría. Necesito consuelo.
Necesito esos brazos delgados, morenos.
Aunque no me recibieras, yo iría. La calle
es pública y libre. Tu calle de siempre, la
misma calle que amo. No como a ti, pero
parecido. Las hojas, el recuerdo de los
charcos. Las muñecas sangrantes y los
muñecos bastardos. Yo iría. Tú no sabes
pero yo te llamo llorando, pensando, en
que el disco de Radiohead “In rainbows”
es increíble. Y tengo que grabarte nueva
música, yo te llamo llorando, cansada y
aburrida de mi,
y tú no sabes.
* Acuarela obsequiada por Karina

domingo, 4 de mayo de 2008

Ventana rota

Se filtra por esa ventana rota
viento, mucho viento
y quizá llueva
y si llueve quizá nos crezcan
fuertes raíces desde los dedos,
entonces puede ser que nos
quedemos ahí, paradas

besándonos, admitiéndonos

este amor que duele y no,
el único amor que sentimos
mordiéndonos el alma,
riéndose apartado
en una orilla, medio sucio
de barro y oxido, susurrando
entre dientes: son tan tontas.
Y cuando llevemos mucho,
tiempo – espacio ocupándonos,
pueda ser que bailemos
sobre los charcos como
Ella, ella, y nosotras
no usaremos
zapatos nunca más.
Viviremos en pausa con
los pies desparpajados
ante los suelos hostiles
en verano, y si es verano
quizá, pueda ser,
que yo te lleve a la playa
medio refunfuñando
amarguras. Cómo explicarle
a los demás lo que no existe.
Y si vamos a la playa a lo mejor
seamos arena unos momentos,
te muerdo, te huelo, te haces
soluble en mis manos, polvo
en mis manos, agua y aire
en el cuerpo, luego seremos
agua y luego viento mojado,

viento que seduce a una ventana
que va a dar a una niña sentada
escribiendo cartas que a lo mejor
hablan de lluvia, de ti o del mismo
viento.

jueves, 1 de mayo de 2008

El playground verde



Te digo que todo era verde. De verdad; las colinas, el pasto, las paredes y las frutas. Sólo el piso tenía cierto trazo café. Todo lo demás era envuelto como en una extraña enredadera aferrada a las cosas. Leíamos urgentemente al buen Brian W. Aldiss. Quién puede presumir de haberse hundido con las Criaturas del apogeo mientras el mundo era verde, quién dijo que estar allí, con los pies descalzos, terrosos, revueltos, mojados sobre el pasto, no seguía siendo la cosa más bella y orgásmica después de los besos como lluvia roja bañando las pestañas.
Ayer quise oportunamente que tú volvieras. No era común por estos días tornar a rogarle a mi cama petulante, vacía, neurótica. La que todo mundo sabe que yo odio. También ayer, llevé a los niños a aquél playground y todo era verde, te digo, los columpios gastados y las piedras de arena. Lloraba como hacía dentro y gritaba un nombre que no conozco ni ha salido desde mi boca danzando hacía unos oídos que aciertan. Hacia una cabeza que ríe y se balancea arriba y abajo. Te burlabas de mí como se burla un incrédulo ante lo imposible. El sitio era solitario pues el sol era muy blanco y estaba hasta arriba, su luz ardiente iluminaba todo los recovecos del parque para niños. Y todo era verde, muy verde y yo lloraba como hacia dentro esperando la noche. Ellos corrían, corrían lejos y yo quería correr, alcanzarte las huellas. Pero había sogas muy fuertes parecidas a raíces que se amarraban a mi rojo cuerpo vencido ya por las horas. Por qué a diferencia de otras épocas y otras gentes, llega un momento donde a ti no te busco pero hallo lentamente tus dientes bailando sobre la azotea del golpe y el arrullo. Como todo entre nosotras. Nosotras que dolemos. Querer que regreses es encontrar nuevos látigos con que castigarnos. La humanidad y yo juntas, implorando desde el territorio del hambre. Y todo era verde, me lo dicta el pensamiento, mi vestido y las alas, sus juguetes, el sonido y el sueño, y yo lloraba como hacia dentro todavía esperando saber por qué estaba ahí con mis dedos fríos, buscando una tétrica caja de música desde donde se desdoble el agua del mar, como un bosque hace mucho, mucho tiempo –eras, tal vez siglos – encerrado, reventando, en el pecho de alguien.