viernes, 27 de junio de 2008

Seremos nunca



Luego vienes desesperada. Conmigo y sin mí. Y yo sin mi también, o alguna cosa enajenada de ser nadie. Después vengo odiándome, y con todo eso llega mi madre a odiarme aún más. Y nada es eso, qué es eso, sino nada. Acá, los días van mordiendo peldaños. Licor, cerveza, vodka, cigarro, la vida que arde. Luego te dicen que el mundo es así, que si tu cuerpo imperfecto y los dientes torcidos, o imposible quedarse en el polo sur una temporada. Alejada de ti y de todos. Nunca seremos vestigios del gran emperador, ni huellas, ni hastío. Seremos nunca y nada más. Pero luego yo vendré con la angustia fundiendo mis ojos, y las manos, cualquier situación que caliente una cama muy fría. Correré, correré por las orillas al final de la ciudad, de nuestra ciudad sin dueño. Miraré tus ojos, comeré tus ojos y lo que no existe. Y voy a cansarme de ser nadie, de ese nadie enfermo que es ser yo. Sobrevolaremos el bosque mortífero donde jamás danzamos, ni tragamos lluvia, ni nos masturbamos con las manos de la lluvia, o lamimos los pezones de las hojas. Es tan fácil darse cuenta que, tenemos nada. Cansado es, no contar las esquinas donde no nos vendimos a ciento ochenta pesos, por sentir nada más un poco, solamente un poco. Castigar al dolor con sangre. A carne cruda. Y eso es horrible, ofrecerme es horrible. Sentarme no es justo, o que me arañen las piernas con aires de que “aquí es de otro tipo de talón”. De talonear. Luego tú vienes desesperada sin saberlo, a tocar fuertemente mis puertas. Me dices desde allá cuánto detestas que sea yo, eso. Aquello infame que es ser yo, carcomiendo los instantes donde guardas silencio. Y yo lo sé, pero también me vuelvo silente. Como Chaplin y El chico. Hoy imprimí una foto de ambos. Sin ellos. Te digo que sin ellos en realidad, por que ya no existen. Pero las fotos siempre serán las fotos. Tener lo ausente. Nosotros entendemos las fotos, y las cámaras, los flashes, cualquier mísera realidad que pueda tenerse por un segundo, o dos, o tres, dependiendo la velocidad. A lo mejor tú no sabes de eso. Pero yo si. Yo sé por ejemplo de cuando vienes como desesperada, o estás desesperada y no vienes. Exhausta de odiarme hasta el tuétano. De callar, de los momentos incómodos o de los nervios. De lo tibio que se siente allá abajo si me piensas así, como soy yo, lo que sea ser yo; mirándote de una manera redonda y sin tregua cada uno de tus lugares vergonzosos. Viviendo desnuda, donde te enjuagas el vientre. Rindiéndote, conmigo, sin mí; cuando ya ha pasado todo el tiempo que hay que ocultar bajo una falda. Luego cruza el desdén, la calle , nos olvidamos. Olvidamos como es eso de sernos nadie. Decir ella es nadie y no sé donde vive. Ni donde duerme, ni con quién se está matando las ganas. Y la ciudad va, nos sobrevive. Las luces nunca son iguales cuando se regresa a casa, no sé si lo has notado, tú, que no eres nadie. Jamás y nunca, serán iguales. Pasa, que tenemos el descaro de sufrirnos y yo de trazarte soberbia, así, como desesperada. Y quitarme del camino.


viernes, 20 de junio de 2008

Well it's been a long time...





Hablar seis y treinta tantos minutos no es suficiente. Pero es lo justo. Para escuchar tu voz de menta. Amar dulcemente tu respiración agitada, dejar ir mi risa torpe, sentir el sudor en mi frente y desde acá, tocar el tuyo. Y es como escuchar a Zach Condon de lejos. El otro día me imaginé como suena esa canción a tu regreso. Cuando me encuentres en cualquier café de la capital y yo te canto. He llorado mucho frente al monitor y no le dicho a nadie, tampoco tú se lo digas a nadie. Entonces te llamo cuando todo en el interior de mi cuerpo sufre un ardor interminable, desde hace días, noches, horas asesinas. Hablarte cuando más te amo, es poner muy alto Nantes de Beirut como aquél día. Decirnos “cómo estás…” y fingir que no es un “te necesitaba tanto”. O un franco y lascivo: quiero morderte la boca. Sólo te digo que estoy trabajando, que tengo que colgar deprisa, la gente no me gusta. Cosas así. Pensar, después de un “gracias por llamar…”...un "es que yo soy completamente tuya”. Y todo el tiempo es well it’s been a long time, a long time now…since i’ve seen your smile. Y no pueden quitarnos eso amor, ni tú, ni yo… ni nadie.

jueves, 19 de junio de 2008


Me pregunto por qué no vienes. “Yo no me tomé esas fotos para alguien”, pienso, me estreso, ellos no van a saber. Hoy voy a estrenar el broche negro para el cabello, el que me costó $12.95, y todo será tan fracaso hoy y mañana. Me siento triste, rara, tú sabes cuando me siento triste y rara y te hablo. Y no te llamo. Te busco sin más en las orillas de mi boca, naufragas en mi boca mientras nos pienso, en una singular posición de vacío de la que no nos cansamos. Me muerdo la boca, somos verdugo y prisionero. Sangre y humedad de prisioneros, ambas. Somos hambre y famélicas bocas.
Me pregunto por qué no vienes y no me respondo. Engendro mudez dentro de este cuerpo frágil al cual se le vienen encima los años. Tenemos años de no vernos. Tenemos horas sin saber dónde se está. Hay tanta espera sobre las palmas de una mujer más que muerta, ida. Fuera, como afuera de su vientre y de su estómago. Esos hombres preguntan demasiado. Que quién eres, de dónde eres, cómo te llamas. A dónde vas. Esos hombres no saben nada. Quieren saberte para sabotear lo que has logrado, quieren permanecer quietos para tener suerte a tu demora. Pero yo vuelvo a buscarte en la orilla de mi boca, disuelta y con los huesos perforados por mis dientes. Mis dientes expertos en tu piel que huye de prisa. Cansados, de morderle el sexo a la nada. Sin aristas, o volumen al tacto. Me pregunto por qué no vienes y los labios se me hacen grandes de todos lados, quieren ocupar un espacio ya raído y ambulante. Tienen la lujuria de caminar sobre otras sombras curvas a media tarde, cuando el sol se aleja despacio, yo miro al suelo, mis zapatos, los pies de ellas y me pregunto por qué no vienes, todos me miran con misericordia, a mi se me muere la boca, por qué tú no estás, o no apareces.

martes, 17 de junio de 2008

Recado (dos puntos)




Amada Stephen Crown:

Quiero decirte que estoy muy contenta. Hoy fue un día de la puta madre, pero te vi varias veces y eso me sirvió mucho o fue simplemente “genial”. Tú dirás que le doy importancia demás a muchas cosas, que ya no me bañe tanto, o discutiremos sobre las diferencias al amar, de mi dolor encarnecido, la cantidad de lágrimas que rodaron hoy. Pero has venido, me has esperado. Y yo te amo más todos los días. Nadie entiende, amada, nadie. Hemos tenido días de gloria, lo sé, tú también lo sabes. La distancia nos hace bien, y esa ausencia de la que tanto te he hablado es tan sana. Por la mañana llovió en este pueblo chueco. Escuché demasiado tango, que de nuevo me siento argentina, sin ánimos de molestar. Salí a mojarme, pero es tan perra la vida que en el momento que salí, paró un poco de llover y yo hasta me había puesto ropa “playera”. Esas son mamadas contra mi libertad. Me duele el trasero ahora, quiero irme a la cama, pero el temor siempre eminente me detiene. Ya terminó Amores perros en la TV, no me gusta tanto, pero esos perros sí, “el chivo”, el deseo de ser indigente. Te hablé de eso hace rato. Pienso en dejarte esto aquí, hablarte, sin pretender nada, olvidarme de mi misma y sólo contemplar mi foto nueva – donde te ríes tan amablemente, cálida, sin miedos -, a lo mejor y rezar un poco por qué nada te pase de aquí a que yo vaya, como si supiera hacerlo. No sé, amada Crown, quería decirte todo esto, que me encuentro con calor interior por llamarte, por estar acá, por decirte cada día con más seguridad que te amo. Que esto que hemos plantado crece enorme entre la tierra a la que llamamos hogar, nuestro hogar enrarecido. Ir, sólo ir, me abraces mucho mientras -interminablemente- sufro por dentro, aquella cosa que tú sabes. Amada Crown, lo importante ahora que es que estoy muy contenta, como si ya estuvieras, como si yo estuviera allá.

jueves, 12 de junio de 2008

"Painfully tie to you"


Voy hacer de cuenta que no sucedió nada. Necesito encontrarte hoy otra vez, encontrarte como a una moneda casualmente. Y espero de nuevo, eso, o lo que sea. Esperar, sabes que a mi me gusta esperar. He dejado el cigarro y la cerveza pareciera, en estos días es complicado sentarse, aclarar un poco mi cabeza, mirar un punto fijo. Estoy deliberando el futuro del cine mexicano como si de mi dependiera. Como si lo que dijese importara al gobierno y a todos los demás. Sé que igual debo hacerlo. Pero hoy necesito encontrarte otra vez, por qué día a día toda la soga se hace más corta. O no sé. Ayer me subí al transporte a las 3:07 p.m., tenía alrededor dos extraños mirándome con un desdén conocido o quizá no me miraban, y yo pensaba y pensaba “de nuevo es tarde” y en todas esas cosas que me has dicho desde tu mente y no desde los dedos.
Estábamos tristes a esa hora. Tú allá y yo acá, pensando. Lo sé. Y queremos salir, no quería el partido a las 7:30 p.m., ni un “muy bien, te ha quedado muy bien”. Quería entender las cosas que no me dices o que me doliera menos mi elección. O tu elección. Dejar de escuchar atenta a k.d. lang cuando dice, “now that you’re gone maybe i wont feel so sad”. Por qué voy en el auto y la gente va también con sus graves voces y su sueño, los celulares, el calor, y yo no entiendo nada. La tarde se vuelve inmensa a través de las ventanas mientras viajamos. Pero, voy hacer de cuenta que no sucedió nada. Para no hacer más ancha la herida o más desdichada mi suerte. Tú no me has dicho lo que sea que hayas dicho. Todo lo demás siempre son conjeturas mías y delirios, o desvaríos. Siempre. Cómo puedo vivir si tú no estás. Has notado – mi amor – ¿qué vivimos atadas a algo que nunca viene? Tú harás de cuenta, como que no pasa nada.

martes, 3 de junio de 2008

Heridas


Siento, como si fuese
a llorar mucho y tú
no sabes.
Estás lloviendo sobre
otras cosas: violines,
pianos, hombres
o yo que voy a saber.
La soledad es ambigua
en estos colores,
un tema de Piazzola
o la mugre que teje
tu ausencia siempre
beligerante.

Y para consolarme
escribo un poco.
Nada nuevo,
la misma mierda, pero
igual, como esperando
a que pase todo esto,
que nos culpa y aún
nos sobrevive cada mes
y de pronto cada año.

Voy a guardar esas silabas
de cuando callo nuestras
verdades inconclusas.

Así, quizá y olvido,
esa lagrima que se desprende,
como una gota de sangre desde
mi eterna herida con tu nombre,

como una infección de odio,

que no termina nunca de sanar.

viernes, 30 de mayo de 2008

Cartas II



El miércoles te noté impaciente. Casi no nos vemos, pero te percibía y lucías preciosa, y exactamente impaciente. Supongo sólo era la euforia de la que me hablaste antes de todo. “Una euforia peligrosa” que a ti espontáneamente te surge. Y yo sé, cuando eso sucede es preciso cuidarse de los precipicios, llamar al dentista, contar las grietas de una pared. Aunque solamente fuese una urgencia que no me dices. Que prefieres callar, por una razón muy tuya, que olvidas y recuerdas a la misma vez. A mi me gusta imaginarte eufórica. Impaciente. Imaginarte sin más. Entonces no quise contarte lo que hice ese día. Aquél miércoles desperté aturdida, esa confusión siempre presente al tener un sueño descarnado y denso, o aquello de ser simplemente yo. Nunca te digo, pero siempre estoy tarde. No me gustan las horas, me veo corriendo tras ellas, gritando: ¡esperen! Seguramente les parezco antipática por mi indiferencia a su velocidad. Tú bien sabes de mi indiferencia ante tantas cuestiones. Pero eso no importa. Ese día camine mucho y trataba de recordar donde estaban las oficinas del Servicio postal. Y me causo mucha risa notar que la encargada se parece mucho a mi ginecóloga o mi ginecóloga a ella, además que me decía “amiga” o “señorita” o algún formalismo así. Yo sonreía mucho por qué salir al mundo siempre me causa cierto calor interno. Como ser un monstruito encerrado al ver la luz, sentir el viento, llenarse los zapatos rojos de arena, me provoca una grave fascinación. Le pregunte algunas cosas, “aah…ya no recuerdo donde se pone el remitente, ¿me podría decir?” Y ella me decía. Justo unos minutos después me di cuenta que había olvidado la libreta de direcciones, por qué esa no es tu dirección, y no podría aprenderla por qué sería en vano. Esas distracciones nos suceden a nosotras, tú olvidas las llaves, yo la libreta, nos olvidamos a nosotras mismas sobre las hojas de un libro inconcluso. Tuve que regresar a casa, volver allí mismo unas horas después. Tomar un taxi siempre de prisa. Creo que me sentía nerviosa respecto al Servicio postal. O algo reacio en mí, sabía lo que significaba eso, despojarse de una parte de ti que siempre has guardado celosa o un anonimato muy raro, un segundo paso, o puede que algo más. Para cuando regresé ella me reconoció y me dijo: Listo ¿verdad? Yo le sonreí, vestía de rojo. Soy muy pequeña, no alcanzo mucho las estanterías y tengo que estirar mis pies o mi cuello, pero ella estaba ahí preguntándome: ¿qué envía señorita? Y yo, ¿que le digo? Efusivamente “cartas a mi novia, cartas a mi novia” Ella no tiene por qué saber, entonces afirme: Papeles, cartas. Que bello hacer estas cosas, cuando seamos mujeres mayores y recordemos mientras alguien nos lee a un autor siniestro; Diremos: Sí, nos hacíamos cartas, teníamos muy mala letra pero las escribíamos igual, nos besamos de lejos al humedecer el sobre con la lengua. Y ella pesó los sobres varias veces y yo no dejaba de pensar: Qué sería correcto decir que envío. Todo de mí o lo que quepa en un sobre amarillo, con un sello de cera y una firma sin nombre. Y cuando salí de allí me sentí desolada. Asunto natural. Pero sólo eran cartas, en un día donde estabas impaciente y yo no te quise decir todo este cuento del Servicio postal.

lunes, 26 de mayo de 2008

Las Narnianas, el Triciclo y el Centauro



Ayer vi Las crónicas de Narnia por segunda vez. La del Príncipe que en realidad, no sale tanto. Fuimos las dos. Tuve que llevarla, decirle: querida, tengo que verla de nuevo. Ella sabe que los ojos se me inundan al ver todos esos mundos hechos realidad. Que es tanto como acá, como allá. El mundo de ella y sus flores secas - terciopelo, encaje negro, dibujos que le ha dado su novio - Karina tiene flores secas por toda su habitación. Y lloramos por dentro al ver todo eso. Gritamos POR NARNIA varias veces, hacíamos ruido sin molestar. Alzábamos las manos: ¡Aslan! ¡Aslan! O cuando los árboles atacaban: ¡Los árboles! ¡Los árboles. Y quedamos en que la próxima vez llevamos espadas o un carcaj y yo llevo mi fauno de peluche. Aunque no sé dónde está. Más tarde bajaré desesperada a buscarlo. Mi madre dirá: eso es del diablo Jazmín, eso es del diablo. Y a mi me importara lo que le importa a un niño destruir un hormiguero de arena. Lo más seguro es que Romeo Poulain lo haya ofrecido en sacrificio en el patio de atrás. Pero eso lo veré más tarde. Anoche, hubo que contener el cuerpo de Karina. Se puso muy triste por qué a la mitad de la película se muere un minotauro, y la emoción era mucha, y hubo intermedio y no queríamos café. Ni esas cosas que los vendedores te ponen en frente acosándote. Ellos quieren tu dinero. No les dimos lo que querían. Karina, mi amada y bella Karina, dice que es Aslan, me dice: Mira mi melena Poulain, mira mi melena, yo le digo: La veo. Luego me dice que por qué no vivimos en la Narnia de C.S. Lewis, si me ve tan bella montando un Centauro. Abrazándolo, acariciándole las orejas. Sujetándome de su cabello. A todo le digo que si, por que yo también lo veo. Nos vemos allí. O quizá en la comarca de su buen amigo Tolkien. Ya cuando vamos en el autobús y escuchamos Secret Garden o Malice Mizer, nos preguntamos la una a la otra, si es que somos raras, estúpidas, o algo así. Por qué cuando vimos Harry Potter ella se enamoro de Dumbledore y yo del personaje de Gary Oldman, pero eso era normal en mí. Es Gary. Hacíamos como cuando el muy lover se volvía algo así como un Fénix y yo me achataba la nariz “¿Quién soy?”: el innombrable Poulain, eres el innombrable. Y esas cosas tan nosotras cuando salimos del cine. Nos daba más risa que pensar en cómo somos. Pasamos a otros asuntos. La crisis ambiental no es nada buena, pero vivimos muy lejos, muy lejos, tenemos que tomar el autobús. Para nuestro consuelo pretendíamos ir en triciclo, y cerramos los ojos, movíamos las piernas. A veces me volteaba y le decía: Te amo mucho baby, ¡vira a la derecha! ¡Vira a la derecha! Ella viraba a la derecha y yo le seguía. Prontamente ella me susurraba cerca del oído: ¿a qué huele el centauro Jazmín? Yo le tuve que decir, que esa, es otra historia. O sólo otra crónica de Narnia. Karina dice: Cierto, somos Narnianas. Y pedaleaba más rápido el triciclo. Yo seguía cabalgando un gran centauro.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Cómo sería




Cómo sería decir “debo dormir ahora, amor”,
cómo sería.
Posar, dejarte ver mi cansancio, verme arañar
la sabana verde de los campos de mar.
Contemplarme desnuda de mí. Por sobre todo,
de mí. Cómo sería nombrarte sin tu nombre.

Dejarte, dejarme. Dejar el mundo un minuto.
Quitarme los ojos, ponerme los tuyos.
Mudar de piel, ser música en tu oído.
Tu clásico oído de flora. Ser como quien vive
siempre dentro. Ser una lagrima roja.

Cómo sería decir “enjuaga mis pies, amor”,
cómo sería. Bébeme lento, elévame. Ser arpegio,
un nulo arpegio. Devorarme, devorarte.
Desde la voz hasta aquello donde te escondes,
y donde termina la línea del ombligo. Vientre
de infante inmaculado. Hacia allá, al hospicio.

Liberarme de la duda. Contar lunares huérfanos
amor, encontrarles una forma, plasmarlos sobre
el óleo de tu boca. Comer los lunares, de los
lunares. Lamer, la boca de las bocas. Vaciarme el
agua del cuerpo. Gemir todos los cuerpos.

Cómo sería decir “estoy exhausta, amor”,
cómo sería. Gritar, permitirte ser la palabra
rota entre mis dientes. Cómo sería sernos
abajo. Dejarme y dejarte, ser viento arriba,
ser viento a lado. Ser ambas, cruzando el espacio.
Decir “debo ser polvo, amor”. Ser,
como debiera
ser.

martes, 20 de mayo de 2008



Trato de convencerte de que soy así. Hoy no saldremos a jugar y me mantiene ida o molesta. Absurdamente espiando, para que no nos ganen la caja de arena o el subibaja. De cualquier forma no vamos a jugar y está decidido. Te encuentras buscándome en los libros, revistas o en cualquier bazar. Pueda ser que bajo las piedras muy grandes, en el cabello de una niña muy alta. Por las orillas de cada parque. O pueda que no me busques en realidad. Yo en vano intento persuadirte de que soy así, solo así. Frágil. Como mística, como oscura. No sé. El otro día me imagine que si yo pudiera verterme despacito en el viento ya no habría que explicar nada. Ser así, sólo así. Algo etéreo. Jugaría contigo en cualquier parte, contigo, con cualquiera de tus partes. Pero junto a ti seguro. Hoy no vamos a jugar y probablemente este aburrida pasada ya la noche. Preguntándome porqué en mi walkie talkie solo se escucha un “si vinieras, si tú vinieras”. Si sólo vinieras. Sigo acomodando las palabras al revés para que descifres mi anciana edad y cómo se llama la canción que siempre canto. Trato de convencerte que soy así, pero ya no quieres jugar conmigo. Que soy así, como la música que escucho. Por qué la entiendo, por qué traspasa todo esto perpetuo que soy. Como niña, como adulta. Como la lluvia que cambia de lugar si la sostengo con mi dedo. Trato de convencerte de que soy así, una mujer o algo. Algo así, muy yo, todo lo que dicen que soy yo, ellos. Un poquito feliz y un poquito triste sería. Sí, así sería. O pueda que no.



viernes, 16 de mayo de 2008

Cartas


Fragmento de una carta escrita a Stephen Crown:

"[...] Lo cierto es que la primera mujer que me llevo más allá del gusto fuiste tú, algo que vale la pena, que vale la pena contar. Pero por alguna razón ambas preferimos todo esto, sin esas complicaciones, reproches, enredos. Quizá mi manera de amar en esa faceta te enfermaría hasta el asco, te cansaría los huesos o simplemente te destruiría como acostumbro hacer. Pueda ser que todo se fuera al carajo. Por eso y seguro muchas cosas más tenemos esto. Brindo por esto eternamente.
Me gustaron mujeres antes, creo desde niña, desde muy niña pero para mi es cierta fijación con la perfección. Y con esto no hablo de lo físico que al final no viene importando...sino ser una obra de arte, una mujer puede ser una obra de arte intrínseca. Una mujer como yo, puede amarlas a todas, todas son mujeres dicen. Ellos dicen: todas son hermosas bla bla bla. Simplemente no lo creo así, podría hacerle el amor a cada una probablemente, pero ninguna me gustaría lo suficiente. Incluso atreverme a decirles te amo, sentir que las amo y lo más seguro es que no sea verdad. Me miento siempre, le miento al mundo. Con ella no creo mentirme ahora ni nunca. Jessica Stein me llevó desde la risa al llanto. Me la imaginaba a ella ahí, toda histérica diciéndole a quien sea: ¿te doy asco? no, no, no puede ser, tengo que terminarlo. Me veía a mí siempre exigiéndole más de lo que puede darme o lo que puede permitirse dar. Tantas veces Crown, pedí tanto de ella sin saber o sin ser tan egoísta, me siento egoísta hoy. Siendo que yo la provoque, fui yo quien se aprovecho de su belleza, de ese amor puro e incontrolable que no veía venir, que no sabía descifrar y yo, con afán de alimentarme quise testar y apropiármelo. Te cuento que me dolió verla por que esta vez fue diferente, es todo tan "así". Sé bien que tienes en mente: todo lo que se hace por amor va más allá del bien o del mal. Lo sé, pero nunca seremos ella, ni pensaremos como ella. No tenemos su historia, ni su edad, no tenemos nada de ella. Comienzo a pensar que hasta hoy le amo de veras, completamente y profundamente. Y sé bien como terminará esto, aún así de vez en cuando me invento historias, diminutas historias en mi cabeza del principio, del clímax, del final de todo. Sé que terminara con un viaje eterno, una linda boda y una mujer llorando mil vidas, como si supiera que fue hecha para alguien pero ya no está ni lo estará. A veces me pienso así, que este dolor no ha comenzado siquiera, ni el amor, ni el deseo, ni la impotencia por poseer su boca aún cuando todo lo que hemos tenido ha sido libertad. Por que nunca fui tan libre y me esclavice tanto. Sí amada Crown, ver Jessica Stein me dolió por que me duele. Me retorcí en la cama de angustia, tuve que prender de nuevo la PC, pensar, idear que tenía ganas de escribirte. Como si escribirte fuese posar mi frente en tu ombligo, sentir que me sumerjo en aguas nunca hostiles. Aguas claras y de temperatura hermosa...Oh Crown hasta cuando seré esto que soy. Esto que ama así, que le ama así hasta desear la muerte. A ti y a mi no nos haría bien esto. Construiríamos un abismo ambulante para echar cuesta abajo todas nuestras penas, nuestros holocaustos sin fin ni principio. Me cubría el rostro Crown, gritaba eufonías desesperadamente tristes hacia dentro de mi cuerpo. En un futuro no voy a soportarlo, lloraré, lloraré, moriré un segundo y después despertaré para darme cuenta que sigo llorando algo que si bien no hará ruido toda la vida, seguirá arañando con silencio. Tendré que ser feliz Crown en la medida de lo posible. También reconozco que no será el fin del mundo pero por ahí escuche o leí, que el amor debe de dolerte, debe de dolerte mucho, mucho y debemos estar felices por ello por qué si duele es buena señal.
Hay tantas personas allá afuera que tengo que ver, probar, morder, oler y saborear. Yo lo sé amada Crown, yo lo sé. Pero tal cuando sin titubeo me dijiste que con Ana podrías pasar toda tu vida, ahora yo te digo, esto va doler, va doler siempre. Jessica Stein me abrió una pequeña herida ardiente y rosada, no sé por qué ya que es perfecta, seguro son esas palabras que revolotean las sienes diciendo: yo quiero que seas tú, yo quiero que sea ella. ¿Por qué este terrible momento Amada Crown? ¿No debimos? ¿Lo tiro todo a la basura? Ayúdame. Escríbeme. Te extraño. Prometo no hablar más de esto pero ven, dame consuelo. Los días van, no estoy muriendo a diario es un panorama sereno, sólo sucede que esa película hizo su brecha en mi herida y sus pasos, me duelen."

lunes, 12 de mayo de 2008

Llamada de Waltz a Who the fuck is she?


>…Sé que reconoces esta, mi voz atípica, cortante. Lo sé bien. Aneska está dormida y decidí marcar tu numero telefónico, esperar pacientemente mientras sonaba, esperar, esperar…pero sólo logre tener respuesta de esa maquina contestadora. Ya sé que no me quieres y que esta llamada te parece absurda, casi nula. Pero llamarte ahora de repente me sirve de algo. Tiene cierta utilidad masoquista, algo así. Me gustaría mucho escuchar tu voz otra vez. Suave, acuática, muy de mujer elemental. Una mujer elemental. Me gustaría que levantaras la bocina; la apretaras contra tu oreja, te preguntes si quizá es un chico al que le llamas atención. Que únicamente necesites decir: “si, voy para allá” o un “yo también”. Que tú me escuches lentamente, esperando al igual que yo algo, lo que sea pero algo y tal vez podamos entablar una conversación que pueda sonar más o menos así: 

- Hola Waltz, ¿cómo te va?
- Vivo. Aunque, no soy buena con esas preguntas. Nunca sé como estoy, tampoco creo que el mundo lo sepa. Detesto esas respuestas inmediatas programadas, “si, bien, muy bien, más o menos, ¿Y tú?”…Pero yo creo que al menos “estoy”. 
- Ja ja ja – te reirías, tendrías que hacerlo - Waltz…tan tú siempre. Ah…y como está esa mujer con la que vives ahora ¿Aneska? 
- Si, Aneska. 
- Si ella, ¿cómo está?

Tú bien sabes que ahora me acuesto con ella. Que le invento desnuda en cualquier parte de la habitación verde, tú lo sabes, que es muy rubia y alta, moderna, refinada, un poco tonta a veces, lo cual ahora me da igual. Con labios impresionantes. Perfil certero. Sabes que me gusta morderle las piernas sin provocarle dolor. Idolatrarle los pies, desde la punta de la cama, acechando, como siempre lo he hecho como huyendo de quien sea, escondiéndome de a poco por encima de mi propia piel. Deteniéndome. Jugando el perfil mío a través de su dermis pálida y transparente. Y mi cuerpo moreno goza ese vuelco de arena y miel. Reinventando la manera exacta en como debe convulsionarse una mujer entre el medio y el índice. Tú bien sabes – cínica - que ahora me acuesto con ella, pero me preguntas “Si ella, esa mujer”. Si alguien me hubiese dicho que serías tan fresca no me lo creo. En realidad cualquier cosa de ti, no me la creo. Pienso un poco en la situación, en lo que pudo ser, si fueras tú la acuarela que surge en la pared verde musgo. Y no Aneska, mejillas pecosas Aneska. A la que acecho con mi característica hambre paulatina. Adyacente a todos mis sucios pensamientos de mujer apasionada o quién sabe que otra cosa. Pero similar a una mujer. Si fueras tú, si vivieras tú, resucitada en algo más parecido a ti y no a eso que eres, que no contesta el teléfono o que pregunta hostilmente: 

Si ella, ¿cómo está? - Aneska está bien, ella te diría “estoy bien”. 
- Si, supongo…y tú ¿cómo estás respecto a ella? 
- Ja ja ja – me reiría un poco, tendría que reírme un poco 
– Me va bien, no es tú, pero supongo que está bien. O tendrá que estarlo, ¿eso es lo que querías oír? - 
Lo es si es la verdad. Me dio gusto saludarte M. Waltz, pero alguien espera y ya es tarde. Se me hace tarde. Cuídate siempre y a tu Aneska dale mis saludos.  

A veces pienso, querida, que yo diría cualquier cosa que tú quisieras escuchar si tan sólo contestaras. Si elevaras la bocina hacía tus oídos. Pero no lo haces. Probablemente estés dormida, cansada de ti. Y sea cual sea mi pensamiento lo callaría, lo callaría por que podría hacerte daño, todavía más daño. Por ahora no contestas y aún sigo pensando que si habláramos, sería bueno iniciar una conversación semejante a la que pude explicarte aquí. Sin mis desvarío, sin Aneska, sin las respuestas programadas, sin mis enredos existenciales o de hecho sin mí, por que después de todo era verdad, lo único que era verdad, era eso.

viernes, 9 de mayo de 2008

Absurdo




Mañana, sólo mañana
amaneceré feliz, bien feliz
por amarte así, así, de tanto.
Me diré: pero que bella es
la mujer que amo, así, así,
de tanto.
Y en nadie he podido
ni podré, recorrer así las venas
y sentir desde la sangre, un arrullo
infeliz y cuarteado. Un derrumbe.
Noches de piedra y sal. Fuego y
hambre. Pero, ¡que rica hambre
en forma de espiral afeminado!

Y lee bien, que solo mañana
tendré revuelta la hora donde
no te extraño. Comeré tu
boca, como haciendo fotos
de tu boca, quemando de
mi lengua oscuridades. Como
si estuvieras acá, cocinando
el desayuno y yo desdibujando
más hambre, siempre hambre.
De ti el eterno ayuno, una famélica
anátomica.

Mañana querida,
olvidaré el sabor de tu ausencia.
El descuido que arde. Le llamaré
a las horas un disimulo distante,
y únicamente mañana, volveré
a imaginarme muy niña. Con un
overol azul y blusa blanca debajo.
Diciéndote: -tu nombre- , hoy la
pasan en la tele
. Como si fuésemos
dos tipas regulares, normales,
en un domingo familiar. Olvidaré
que me ensartas tres dagas en el
pecho cuando dices: te odio tanto
como te amo
. Y yo te amo, más y más.
Cuando crece profundo en mí,
un deseo incontrolable,
aniquilando la desgana de tragarse
el espacio donde se desarrollan tus
fauces traicioneras. Y correré
la voz a todas las que habitan
dentro mío, para que no necesiten
todo de ti y se conformen.
Cruelmente, estén felices con lo
que les toca. Tu abismo, tu belleza
terrenal, esos pechos como si
fueran el cielo de gigantes.
O el simple sonido de las manos
como esculpiendo arte sonoro y
con ruedas que viajan a través
de esta ciudad tan grande.

Mañana, mi amor, si existiese un
mañana así, perfecto. Ya no sería.
Sólo un paria errante esclavo de tus
celos y vergüenza. Sólo dos olas
cambiantes al vaivén de tu mar
inmenso. Si existiese mañana, ya
no sería yo. Amándote, así, así
de tanto.
Correría martirizada
por algo que desconozco. Ahora.

Por eso ahora,

escucha,

recorre.
Que el dolor es la cera que te
forma y te consumes, te consumes
diario, como el sol que nace,
mata,
sonríe

y se desvanece
sin falta,
cada
puta
tarde.

miércoles, 7 de mayo de 2008

De las cosas azules o algo así




Me acobardo, me siento
medio marica a veces.
Ayer le conté a mamá
de los hombres verde-azules
y Neftalí le dijo: hey, esta
tipa se droga.
Y ella le dijo: qué no, que yo
algún día los he visto.
Me zangoloteó medio feo
el chaparrito: ¡reacciona,
reacciona, ya no
eres!
. El dijo: “ya no eres”.
Pero nunca he sido.
Me acobardo, me siento
medio marica a veces.
Y Rosa le respondió: ¡la vas
a romper!, ¡no la rompas!.
Y Neftalí se detuvo como
un buen verdugo, uno que
otorga perdón. Entonces
yo lloré, lloré tanto. Y el
hombre verde-azul se
comió mi llanto despacito,
como masticando perlas
que se vuelven dientes.
Y ella me cosió un brazo,
me dio un golpecillo en la
cabeza y me dijo: A ver,
¿verdad que eran chiquitos?
Yo dije sollozando: si, bien
chiquitos
. Neftalí se rió
un poco agarrando su
inflamada panza, conteniendo
el silencio en sus manos.
Sus grandes y moradas manos.
Y yo oprimí mis labios,
me doblé hacía abajo el cuello.
Rosa finalizo: ¿verdad que eran
azules?
, y yo dije: si, medio azules.
Y yo pensaba dentro de mí:
te acobardas, eres medio marica
a veces
. Un hombrecito azul
me da un beso en cada uno
de mis tristes ojos,
y las paredes llueven algo
como largas telas desde
el techo al piso, algo
medio verde o quizá rojo…
y lo veo
y me siento ajena,
amorfa o algo así...

Dibujo: Sadness original by *TinRilla

martes, 6 de mayo de 2008

¿Puedo ir a verte?

*
Tú no sabes, pero yo te llamo llorando.
Te digo: ¿Puedo ir a verte?
Tú no estás, me contesta la tocaya
de mi “novia”. No estás, pero llamo
otra vez: ¿puedo ir a verte?
Tú me dirás que si, “si yo quiero verte
también, te extraño tanto”. Y aunque
digas que no, yo iría. Necesito consuelo.
Necesito esos brazos delgados, morenos.
Aunque no me recibieras, yo iría. La calle
es pública y libre. Tu calle de siempre, la
misma calle que amo. No como a ti, pero
parecido. Las hojas, el recuerdo de los
charcos. Las muñecas sangrantes y los
muñecos bastardos. Yo iría. Tú no sabes
pero yo te llamo llorando, pensando, en
que el disco de Radiohead “In rainbows”
es increíble. Y tengo que grabarte nueva
música, yo te llamo llorando, cansada y
aburrida de mi,
y tú no sabes.
* Acuarela obsequiada por Karina

domingo, 4 de mayo de 2008

Ventana rota

Se filtra por esa ventana rota
viento, mucho viento
y quizá llueva
y si llueve quizá nos crezcan
fuertes raíces desde los dedos,
entonces puede ser que nos
quedemos ahí, paradas

besándonos, admitiéndonos

este amor que duele y no,
el único amor que sentimos
mordiéndonos el alma,
riéndose apartado
en una orilla, medio sucio
de barro y oxido, susurrando
entre dientes: son tan tontas.
Y cuando llevemos mucho,
tiempo – espacio ocupándonos,
pueda ser que bailemos
sobre los charcos como
Ella, ella, y nosotras
no usaremos
zapatos nunca más.
Viviremos en pausa con
los pies desparpajados
ante los suelos hostiles
en verano, y si es verano
quizá, pueda ser,
que yo te lleve a la playa
medio refunfuñando
amarguras. Cómo explicarle
a los demás lo que no existe.
Y si vamos a la playa a lo mejor
seamos arena unos momentos,
te muerdo, te huelo, te haces
soluble en mis manos, polvo
en mis manos, agua y aire
en el cuerpo, luego seremos
agua y luego viento mojado,

viento que seduce a una ventana
que va a dar a una niña sentada
escribiendo cartas que a lo mejor
hablan de lluvia, de ti o del mismo
viento.

jueves, 1 de mayo de 2008

El playground verde



Te digo que todo era verde. De verdad; las colinas, el pasto, las paredes y las frutas. Sólo el piso tenía cierto trazo café. Todo lo demás era envuelto como en una extraña enredadera aferrada a las cosas. Leíamos urgentemente al buen Brian W. Aldiss. Quién puede presumir de haberse hundido con las Criaturas del apogeo mientras el mundo era verde, quién dijo que estar allí, con los pies descalzos, terrosos, revueltos, mojados sobre el pasto, no seguía siendo la cosa más bella y orgásmica después de los besos como lluvia roja bañando las pestañas.
Ayer quise oportunamente que tú volvieras. No era común por estos días tornar a rogarle a mi cama petulante, vacía, neurótica. La que todo mundo sabe que yo odio. También ayer, llevé a los niños a aquél playground y todo era verde, te digo, los columpios gastados y las piedras de arena. Lloraba como hacía dentro y gritaba un nombre que no conozco ni ha salido desde mi boca danzando hacía unos oídos que aciertan. Hacia una cabeza que ríe y se balancea arriba y abajo. Te burlabas de mí como se burla un incrédulo ante lo imposible. El sitio era solitario pues el sol era muy blanco y estaba hasta arriba, su luz ardiente iluminaba todo los recovecos del parque para niños. Y todo era verde, muy verde y yo lloraba como hacia dentro esperando la noche. Ellos corrían, corrían lejos y yo quería correr, alcanzarte las huellas. Pero había sogas muy fuertes parecidas a raíces que se amarraban a mi rojo cuerpo vencido ya por las horas. Por qué a diferencia de otras épocas y otras gentes, llega un momento donde a ti no te busco pero hallo lentamente tus dientes bailando sobre la azotea del golpe y el arrullo. Como todo entre nosotras. Nosotras que dolemos. Querer que regreses es encontrar nuevos látigos con que castigarnos. La humanidad y yo juntas, implorando desde el territorio del hambre. Y todo era verde, me lo dicta el pensamiento, mi vestido y las alas, sus juguetes, el sonido y el sueño, y yo lloraba como hacia dentro todavía esperando saber por qué estaba ahí con mis dedos fríos, buscando una tétrica caja de música desde donde se desdoble el agua del mar, como un bosque hace mucho, mucho tiempo –eras, tal vez siglos – encerrado, reventando, en el pecho de alguien.

lunes, 28 de abril de 2008

Cosmovisión de tiempo invertido


"E l'allegria, amica mia

Va via con te"

Nos ha servido el tiempo,
absolutamente,
………para aguardarnos más.
Para entrar por los grandes
portales de la esperanza
mientras los rostros estallan
de luz resplandeciente
y uno a uno, se cuecen
de alegría en un gran caldero
oloroso a eterna inmortalidad.

Nos ha servido el tiempo,
claramente,
………para amarnos más.
Para olvidar que es la espera
por un beso fatuo en la mejilla,
y sentir las agujas clavadas en
los dedos. Como la noche
moribunda donde se miente
caricias en el pelo abriendo
un cómodo espacio a la duda.

Nos ha servido todo.

Nada ha estado en nuestra
contra. Ni el mar, ni los ojos
de la oscuridad creciente.
Aunque a veces
muerda esa muerte la boca,
ácida lujuria para el regazo
caliente de un sofá acolchonado.

Todo ha sido útil:

Nuestras melodías danzantes,
los vientres espaciados.

Es un acierto incluso tanto
vacío y esporas entre
tu cuerpo y el mío;

desconocerte el ombligo:

…..que marca inverso las horas.

___________________________________________________

Pude escribir de tanto amada Crown. De tanto, del cabaretito, sus ellas hombres y su aparente fracaso cuando no los miro directo a los ojos. Incluso de poemas atrasados y cartas que se trastocan por la falta de luz. Del dolor. De la muerte. Las matrices enfermas. La pelea con papá. Y por último y no menos importante, de la fiebre nocturna y sus tempestades. Pude contarles – aquí - a todos, de cómo pesan los domingos cuando se extraña a campo abierto todo lo que no puedes tener. De cómo atiendo amablemente a los que ya se ven muy viejitos por que si alguien tratará mal a los abuelos sería muy triste, me porto bien, pienso que todos son ellos. Entonces alguien lejos de esta ciudad pobre les tendería la mano al cruzar una avenida, alguien les sonreirá muy lindo y despacio ya que yo no puedo estar. Contar de cómo no duermo y no aprovecho la noche. Permanezco sentada escribiéndote estas líneas con el trasero congelado y la espalda destrozada. La garganta no está mejor. Pensé, de hecho, colocártelo con fonógrafo pero creo que me da miedo crear extrañas expectativas con mi ronca voz. En cambio –amada- termino esto. Me guardo mis ausencias del amor inoportuno y de vez en cuando volteo y escucho al hombre decir “Mi mancherai…mi mancherai” e imagino que te abrazo un día soleado, que te digo “quédate”. Pues has venido a verme, tú has venido a verme y ahora tienes que irte, regresar a tu hogar. Y yo te lloro mucho, realmente lloro desconsolada abrazando mi brazo que no es tu cuerpo. Imagino Stephen como desde niña en esa casa de la que te hablo con desesperación, que te digo: tienes que verme, tienes que verme. Me duele bonito nuestra ausencia. Tú no me haces daño. Y te escribo aquí de esta manera. Pude escribir de tanto pero te elijo a ti. Mi momento de alegría y en domingo – lunes. Habiendo dicho esto espero no se permita decir más.

sábado, 19 de abril de 2008

Antes de irme


Sabes que vas a enfermar gravemente algún día. Te lo dice el baño, la piel, los moretones. La regadera inconclusa. Sabes que uno de estos años vas a parar internada en donde sea que quepan tus huesos mal acomodados. Tus neuronas vacías, la mente inadecuada. Tú y tu gran desesperación ingrata hacía tu cuerpo. Tienes por el momento pensado comprar más ropa, verde – roja. Morir por un suéter no es necesario aunque te lo haya dado la abuela, el llanto Jazmín, el llanto…la cara salada, no es necesario. Nada es realmente necesario si te mueres.
Se tiene la poesía cansada, muy cansada, tú estás cansada de ti misma, de descubrir que no existe el silencio absoluto ni el retrato perfecto. Uno donde te besen con mucha ansia el flequillo, besarlo tú a tu manera. Una foto con las piernas entrelazadas, unas largas, unas cortas. Todo a contraluz desde esa ventana de la que hablaste cierta mañana. Y surgen estas cuestiones de “cómo es que soportas el dolor día tras día”. No se sabe, no sabes, pero estás segura que es una manera miserable de vivir la vida.
Especulas –mientras- dentro de tu cabeza: amor, amor, cuánto te amo, dónde estás cuando más te amo. Tengo la desesperación incrustada al pulmón izquierdo. Dónde estás cuando más te amo. Eso es todo, fugazmente todo. Tienes –tenemos- las ganas aferradas a gritar necesidades.
Conoces el futuro incierto, que eres nadie, que no serás nunca alguien. Atisbas a lo lejos después del cigarro que hay cosas perfectas como las nubes envidiosas del cielo estrellado. Ella te dice: veo un gallo, dos caras, ¿tú cuantas ves? Pero tú la tienes a ella, demasiado profundo a ella y a sus calles. No te concentras. “Es tarde, es muy tarde, pero fue lindo comer arroz con leche escuchando a Piazzola”. Luego te vas y detestas más los relojes, recuerdas dulcemente a Julio Cortázar.
Sabes que vas a enfermar severamente algún día. Para entonces esperas gravemente, solamente, que te regresen los juguetes de cuando eras niño.

miércoles, 16 de abril de 2008

La habitación de mi pánico


Me reconoces entre letras como yo te reconozco. Ayer te recordé mientras leía un artículo donde mencionaban a Pessoa.
Mr. Connors se preguntaba por qué no existía aún cuando el célebre escritor portugués se sentaba a pasar las tardes en el Café Martinho de Arcada de Lisboa. Y él, al igual que yo pensaba entonces de la vida algo sumamente extraño. Por qué yo te recordaba a ti, pero escribo pensando en ella. Siempre en ella, todo ella.
Estaba tan confundido o lúcido Mr. Connors, que pudo hacerme relacionar a Zidane, Mastroianni y a Jobim de sopetón. Me hizo pensar que vivimos a costa de las eras cuando leí el artículo de esa revista con nombre de tormenta. Por qué si yo, como en Réquiem, después de sueños turbios, hubiese caminado por las calles acuosas del puerto e ido a cenar con Fernando, estaría a un paso de esta necesaria redención que no viene aún, por qué quizá todavía no tengo veinte años. Por qué no sé nada de la vida, por qué me embriago hasta no reconocerme y me caigo de la silla, por qué les aplaudo a hombres transgéneros como símbolo de mi amor por la individualidad y lo inverso. Yo les sonrío muy amablemente a ellos, muy estéticos y delgados, vestidos de mujeres, como diciendo: amemos nuestra libertad. Mamá lo hace, papá lo hace, cuestión familiar.
Talvez no viene por qué no sé simplemente escuchar La chica de Ipanema sentada en cualquier bar y disfrutar si una mujer me baila. Pero de acuerdo con Mr. Connors, esto de vivir o la vida, es muy extraño y confuso. Puede ser que no la necesite todavía. Tú estas presente en todas las cosas que identifico como bellas y me hacen llorar.
Leer Pessoa revisted fue de alguna forma un hueco en la tarde de ayer, un hueco lleno, me sentí tan perdida y tan adentro. Por la mañana cocinaré para mi misma un buen omelet con queso y champiñones, no sé si te gusten pero francamente le dan a mis sentidos un momento de paz. Es mejor que terminar como Mr. Connors quien cae al final en esa duda persistente de la existencia de Jesús, prefiero dejar una nota al comenzar la brecha – ya que no tenemos refrigerador- que diga claramente: Te extraño – ven, ultrájame pronto - la habitación es muy sucia pero siempre estás invitada, por si quieres pasar…

martes, 15 de abril de 2008

Pausa: Espera.


El cursor aguarda parpadeando,
…………………..son guiños veloces.

La pausa es irreversible,
una queja quebrada,
el engranaje ruidoso de los pasos
que gritan:

No fuimos vida, pero fuimos la espera,

la espera es sentirse más cabron
que los años.

Creerse atentamente propenso a
las posibilidades de crecer a través
de manos gigantes, de caras torcidas
con manchas naranja, de labios grotescos,

dejar un día
las drogas y ponerse zapatos.

Tenemos el camino
y miedo a los relojes:

a sus dos dedos que alcanzan,

a su garganta que gime
estruendosamente:
……………………………ya es tarde.

martes, 8 de abril de 2008

Pensamientos un 7 de abril


Cargamos en la cara menos
años de los que aparentamos.
Ya no somos adultas hoy.
Somos dos cabecitas
inclinadas a las seis y media
de la tarde sobre
cualquier banqueta.
Alguien nos enseñó a fumar
Delicados un día domingo.
Alguien me dijo: no comas
más que fruta, fuma mucho
y bebe té.

Salgo de la casa con prisa,
tú sabes, la habitación es un
abismo cromático con largas
uñas y desde el techo me levanta,
me flagela, quedo pendida del
meñique derecho. Es aburrido
después de unas horas.
La gente no convive con su
alcoba te cuento, a mi me
muerde, es malvada como
mi cama peluda a veces.

Y las personas murmuran:
"es niño o niña, lesbiana o
bisexual
". Me desacomodo
el cabello para verme más
normal a mis ojos, ya no
somos hijas del útero frontal
como tantos otros humanos.

Sinceramente yo sólo
me pregunto: “y si el
pantalón no me quedara
largo, si oliera bien,
¿qué sería? Por qué
dicen que aman a esta
cosa tan chiquita y melenuda
”

Sostenemos con la espalda,
ciertamente,
más peso que el estómago...

Desde el ruido



De verdad que no soy esto.
Te lo digo ahora y te lo dije antes.
Son nulas las horas, los bailes,
los piecitos mojados.

Todo mi mundo va cuesta abajo,
muy abajo. Soy una tierra gélida
sobre una esteparia visión.
Y quiero arrancarme las pieles
de todos los años, qué vale el alma
si el peso nada hacia la falda del cielo.
Qué valgo yo sin mi cuerpo acorazado.
Vengo desde tu silencio
bandolera, no me alcanza el brazo
para anidar desierta mi soledad.

Y tú vas a saber que allí estuve
espiando, hasta el mínimo
orgasmo del ruido,

tú vas a saber que aquí te amo
como la última nota cansada
en el réquiem de mi existencia

………De verdad que no soy esto,

y si viene al caso, me pasé arrullada
sobre el vientre de tus olas mucho,
mucho tiempo. Son épocas de hastío
muy mustio, tiempos de pobreza
y abundancia de bocas como en las
grandes ciudades.

Yo nazco desde donde tejes tus hilos
que jalan mi manos y hoy ya no pude
callar diez segundos,

decir que no soy esto
con tantas muertes amontonadas
bajo los cabellos del miedo
que grita lamentos,

como si yo
aún me escuchara…

lunes, 7 de abril de 2008

Sólo supuestos




-Amarte hoy
hubiese sido inhumano
/
más allá del sueño
crepitante a la escalera
mental
……-
…….-
…..-
…..Amarte ha sido todo
en mi incomoda y corta
existencia
. Requerimos
pausas y escondernos
dentro un nicho
esponjoso.
Si escuchas atentamente
el gemido del cobre,
podrás ver de a poco
al sol entre féminos
cantos. Es mucho
el ruido y me duele.
Mis oídos están
hechos de agua
grumosa vertida
desde el espanto,
mancillado por
un crepúsculo
mareado de ebriedad.

Mientras, arañamos
paredes y
no sabemos amarnos
…-
…..-
…-
….-
…..e intentamos
comernos las sobras.

Es una supervivencia
caótica para ver quién
se flagela más
los labios y cuantas
veces día a día.

Amarte antes hubiese sido
suficiente, tal cosa, el eso

o el aquél.

Pero desde niña
se me ha negado el candor
de los años, el furor de una
hora que espera, la fruta
que adorna la mesa central.

Si vienes un día cuando
llueva demás y sea sábado,
olvidas un poco que
existe el mismo sol,
la dinámica
de las manos,

amarte será oportuno
entonces
,

antes de mi silencio
a través de los pechos
y
después de la carne.


Amarte, hubiese sido

tantas cosas...

Casa azul I




“Si me llevas a la casa azul, te beso.

-----Yo no quiero un beso. Quiero ser tuya.

Pero soy muy niña, no voy a saber cuidarte. Yo todavía preciso que me cuiden. Un beso antes de dormir.

------Podemos cuidarnos juntas, te besaría toda la cara, yo quiero ser tuya.

Y, ¿te vas a tatuar mi nombre? Cómo dices eso de ser tuya.

-----Es una marca invisible. Una marca invisible que sangra y deja un rastro alrededor de las piedras, me llaman Waltz yo te lo digo.

Alrededor de las piedras Waltz, qué es eso. Llévame a la casa azul y te beso, no puedo prometerte más. Te aseguro que cuando tenga los pies llenos de arena ya no sabré mi nombre, pero sabré el tuyo.

----Toma mi nombre y moldéalo, estrújalo, trágalo. En realidad es como ser tú, ser tú de otra manera. La casa azul es enorme, y si no soy de nadie, mucho me temo que puedo perderme entre tantos labios extraviados. "

sábado, 5 de abril de 2008

Planes para el domingo


Mañana iré a verte para que me consueles un poco. Tengo dolores terribles en todo el cuerpo, desde los brazos a las falanges, paso aturdida todo el día, fuera, perdida en mí y odio tanto la mohosa prisión.
Acá arriba donde promete ser la terraza – donde tomamos esas fotos – todo es muy claro e infinito. Las casas son tan pequeñas a mis ojos. Desde aquí veo una puerta abierta y hay una familia frente al televisor, nosotros no podemos tú lo sabes. Ellos tienen tiempo, espacio, aquí no hay tiempo ni espacio para eso. Sólo evoco un pensamiento de verte mañana y sin falta. Caminar completa la calle hacía tu casa que tanto amo, que tú sabes que yo amo, me pone tan feliz transitarla. Decir: estoy a punto de verla, a ella y a su casa de olor particular.
El pequeño Romeo está triste como yo. Intento hablarle, le cuento como es esto de vivir así en La ciudad de la desolación que hemos construido todos muy cuidadosamente. Pero él tiene una poderosa hambre por mis besos que yo no entiendo. Nadie tiene hambre de mi, él me precisa. Cómo saberlo, cómo curar su hocico famélico.
He tenido fiebre matutina involuntaria estos días, demasiado indiferente a las cosas. No puedo escribir es evidente y tengo tanto ardiendo dentro mío. Nos amarran las manos mientras nos destrozan los días.
Mañana iré a verte aunque trabaje en domingo un rato. Quiero decirte muchas cosas y curar la herida de ausente por segundos. No sabes cuanto deseo ver tu risa cubierta por tus manos. Nadie te conoce como yo ni sabrá nunca lo maravillosa que eres. Callada e indescifrable, oscura y taciturna.
La verdad es que la interesante siempre eres tú, yo llevo amarrado a mi cintura un pozo y en los dedos enredadas muchas letras que se comen a si mismas.

jueves, 3 de abril de 2008

8:30 a.m.

Tengo la necesidad
rebuscada
de venir,
atravesar,
el boulevard que sinuoso
me cruza a mí primero.

Es una ciudad triste
/y no me encuentro/
no tan triste como yo,
con sus mujeres
vestidas como ejecutivas
pasando la calle.
a las 8:30 a.m.

Es una ciudad triste amor,

no hallo las palabras
nuevas,
no sé donde
doblar la esquina
hacia mi
libertad.

Tengo la necesidad
oblicua
de venir,
traspasar,
el parabus que me dicta
las comas y puntos

para llegar
a ti primero
.

jueves, 27 de marzo de 2008

Algo así como...

Hoy fue de esos días con mucho viento donde te fallan los ojos. Una camina con la cara toda arrugada, como molesta, inconforme. Llena de tierra. Ruegas por un taxi o un colectivo vacío. Y lo consigues, después de unos pasos desnudos, logras llegar a la calle donde abundan como pequeñas hormigas en huida de traviesos dedos infantiles.
En ese coche viaja una pareja seguramente destruida, aburrida, posiblemente sin vida sexual y el esposo te mira como desgajándote. No es excitante sino perturbarte con un nerviosismo que asquea. Te da pena su mujer y su falda. Y tú no luces como una mujer, más bien luces como “algo”. No sabes caminar sensualmente, ni mirar a los hombres, ni te vistes con blusas de bajos escotes. Con favor del dinero de tu madre vas al bazar, te haces de cuatro bufandas muy viejas y deshiladas en verano. Las amas, ellas detestan tu cuello y no importa. Usas la ropa como escondiéndote del mundo: negro, verde, rojo, los mismos sneakers de marca conocida. En realidad no le importas a nadie en la calle, sólo tus senos 38 copa B, si pareces “algo” indecente, más feo que la mayoría.
Tú no miras a nadie, no quieres a nadie más que a ella. Y las mujeres también te miran, no con envidia sino rechazando a su especie y de momento ellas son despreciables. Vas por ahí con un cuaderno rojo bajo el brazo esperando que las ideas fluyan mientras nadie viene. Viajas, el otro auto donde subes huele a gas o helio y tú escuchas a Javiera Mena muy alto para que te de orgasmos mentales. Entonces recuerdas a alguien indeseable, pendenciero, te pones triste. Te preguntas si piensa en ti, luego no piensas nada, esperas por si acaso el móvil se enciende. No se enciende nunca. No necesitas móvil a veces, necesitas ganas y tiempo para ponerte esas bufandas, ir al Jardín del arte, al cine, sentarte, por fin ver esa película francesa aún estando sola.
Luego, llegas a la facultad, te cercioras que no debiste maquillarte, ensuciarte más las cara y después están ellos. El equilibrio con las cosas. Sus risas, las mujeres simpáticas que te aceptan con tu aspecto de “algo”. Las calles son tan largas y los autos son tan rápidos que piensas que es el momento de suicidarte, no lo haces, mariconamente piensas en tu madre mientras el día se vuelve eterno.
Por la noche vuelves a casa y tienes visitas, las quieres, por instantes imploras que no se vayan. Y también deseas que alguien grite con furia tu nombre, como buscándote. Como atinándote en un inmenso muro con grietas y grumos que dejo la pintura color ocre.
Una se sienta en un día de viento como esperando que los pies tracen una brecha segura hacía donde alguien no te busque, pero arduamente te encuentre, y vea en ti todo, absolutamente todo, menos algo.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Hollow me

Ven hoy. Te espero como siempre en las avenidas muy sucias de este pueblo chueco. Sólo ven esta noche, cuídame. Dime, que el edificio desde donde te observo, hoy se queda sin cristales y todo, todo es tan ecléctico y vacío, sobre todo cruelmente vacío. Quedan cosas que repetir: la lengua, el sexo, el temblor del estómago, los pensamientos banales. Lo que escondemos bajo de la cama. Sobra la basura que sacamos el día anterior y no has venido. Ven hoy, la voz me cruje. El otro día llovió y tú no estabas, no me viste lamer los vidrios. Si yo te cuento lo que ha pasado no me lo crees. He crecido 3 milímetros desde que te fuiste, mis manos son menos trémulas y ya no huelo mucho a chocolate. Estoy enamorada, dolorosamente enamorada. Mamá no me platica mucho de eso, es una cuestión extremadamente adulta que ni ella puede controlar. Nos perdemos, tú sabes, somos mujeres libres. El amor encadena, esclaviza, corta la circulación. Pero si vieras mis explosiones, me amarías. Soy una cosa inexplicable, grotesca, frívola y no puedo ser otra más que eso. Cómo explicar mi orfandad de brazos. Cómo entender la necesidad de redondos pechos. Yo no comprendo nada, no me va, no me cabe. Para consuelo mío/tuyo/de todos, sigo siendo sombriamente triste. Parece tanto tiempo desde que dejaste aquí olvidado el bolso. Ven cuando el sol muera con su rostro tullido. Traeme dulces de menta y paletas rojas con forma de dedo que tanto me gustan. Aquí -dentro de mi- hay un vacío enorme y es muy malo. Temo por qué pronto se canse de mi lisiada consistencia, sufro, me preocupo por qué un día huya, te alcance y tú, nunca vengas.

lunes, 24 de marzo de 2008

Immortal beloved*

¿Sigues aquí?

Voy así como tú sabes, enrarecida desde el grito naciente de una tierra que implora libertad. Sigo curiosa – sé que lo sabes – gravemente te pregunto: ¿sigues aquí?, guardando esperanza tal un trueno que sigue a la tormenta y a deshora. Para entonces ya tendremos historias que contarles a los niños, habrá dulcemente lluvia sobre los brazos de la calle y sin lugar a dudas, dentro de mis costillas germinaran nuevas flores donde vengas tú – te quedes – como un hongo a la sombra de eso eterno que yo, inhumana o demasiado humana desconozco.
Cuando vuelvas y volvamos, aquí no habrá existencia, solamente a través del ombligo que une nuestros cuerpos, la fijación oral, el fetichismo, las flores rosas con sus delgados hilos verdes.
Y camino así, yo te busco aún con mis piecitos torcidos paralelos a las calles torcidas, cuestiono a las aristas por tu estancia diminuta entre un Tampico tuerto y seco hasta una ciudad artística sin vida donde no habito.
Me dicen las piedras de gran panza que viniste – esas rocas barrigonas que se comen el tiempo –, descalabraste el sueño de las zarzas de mi ciudad desnuda, con barandales impúdicos. Quienes viven aquí donde no hay vida. Sólo la duda de unos pies dejando huella en las paredes.
Entonces, qué dirías: ¿Y si nos quedamos aquí? Te voy a conseguir un campo de columpios donde crezcan rehiletes, ya veras, voy a comprarte piernas nuevas al otro día por jugar tanto.
Por eso pregunto si sigues aquí, por qué quizá, pudieras venir y comerte mis ojos que esperan. Estoy enferma de ausencia, que gime, llora. A veces se lía con la depresión que es muy confianzuda y almuerza, duerme la siesta, corre. Voy de esa manera que conoces, siempre incoherente, como buscando sin encontrar donde sentarse después de la vigilia.
Espérame amor y sufre. Calla los ríos que traen risas insulsas. Sangra hasta que sientas el vacío lleno.
Me siento así – tú sabes – con mis tobillos raquíticos, demasiado cortos aspirando la acera, acariciando las baldosas sucias de la ciudad. Ellos eternamente dilatan sus huesos como esa alma, saboreándose el paraíso.

jueves, 20 de marzo de 2008

Eso que tú sabes




Ella duerme aquí a un lado. De vez en cuando le gusta obsérvame hacer la siesta. Parece que hay algo en la manera de oprimir mis ojos que le agrada. Creo es como ver comer a una mujer, contemplar como se mueven sus labios, adivinar cuanto se llena la boca. Karina viene a veces y me cuida, me abraza, me huele el pelo. Me dice “bonita” muchas veces y yo no me lo creo de a poco para sentirme alguien. Me acaricia la cabeza y susurra “eres tan linda” detrás de los espejos. Es necesario ves, es necesario. Nadie lo hace nunca. Pero ella viene a quedarse numerosos días y con sus delgados brazos morenos me envuelve.
Y me le acerco como un huérfano al muro que le servirá de sombra en los días venideros. Tan fríos ves, tan solos y llenos de gente que no me llena. Aquí hay un ejercito de mujeres y la única que miro es ella, quien duerme aquí a un lado, me dice: ¿me hablaste? ¿dijiste algo?
Y yo la miro entre la oscuridad de la habitación mientras lo niego. Detengo los minutos en mis ojos. No puedo ahora apretar mis ojos con dos tuercas. Si fuera allá mañana vendría de a poco con el sol y les explicaría a todos como es esto, de cuidarme, de ayudarme con los días. Nadie me escribe ves, yo me oculto. A momentos ya no reconozco mi rostro. Como es costumbre en los lugares más bellos a donde voy, me pienso diciéndole: mira, cómo es posible que la gente pase por ahí, caminando, no flotando, sin saber que diablos son las alucinaciones. Cómo se escurren los orgasmos mentales desde los oídos, sin despertarse de los sueños donde diriges al buen Mozart.
Ella duerme aquí a un lado y pienso ir pronto. Decirle: gracias, me hacía falta tu pecho. A veces me duele tanto eso que tú sabes y no hallo el fondo de su hueco mohoso y desnudo que me grita: ven, húndete, naufraga.
Se me alargan las horas por esta noche, y hay algo en la orilla del cuarto que se aleja – eso que tú sabes – que carece de constancia y forma, tú sabes, eso que me araña, muerde y come.
Muchos no lo saben, pero es una mujer sin duda, es una mujer con un fleco de pies grandes.

domingo, 16 de marzo de 2008

El eterno alud de la Lila


Para
Ana



La lila, se resquebraja y nadie
coge su pelo.
Es inhumano, pétalo enraizado
a las entrañas del dolor, tu gemido
o el llanto a través del noctámbulo
grosor de la niebla que zarpa
desde los pies de la ausencia.
Ningún anciano le dice:
Buena tarde, es bravo el viento.
Todos estos preñados recuerdos
la enervan. Todos los hombres
no caben en medio del muro.
La lila emerge desde las piedras
húmedas del parque donde no
se masturba el sol con las acacias.
Es un alud inclemente de
nervios y pistilos. La clemencia
de tus bocas escurriéndose en
los bordes de la isleta.
Pero desde hoy te digo,
la lila sempiterna cruje en
todas las ciudades.
Yo errante, busco un olor con tu
historia en los vestigios.
Nadie es tan triste como la lila,
nadie es tan lacrimoso como
nosotros.
Quién compraría –amada-
el temblor de tus enlaces
corporales por qué es impío
el momento que –nos- destroza.

Es que vos no tenés cuerpo,

posees una institución
herética que arde entre
la guerra. Y yo te observo,
nunca es nada de la caída,
es algo acerca de la paz
en estos tiempos,

la lila cierra sus ojos
y espera, como una luz

sacrificando las sombras.


sábado, 15 de marzo de 2008



- Espacio -

en
ese
espacio
coloco
tu
nombre.

Pero tú,
no escuchas.
Tienes
descosidas
las ganas.
Yo te hablo
demasiado
amor
y tú no oyes.

Tenemos
ultrajadas
las voces
desde un
silencio
prolongado.

La boca
se
tuerce en
vacío,
la lengua
ensaliva
la nada.

No puedo
con los
sitios
del parque,
te juro,
que se
desmoronan
las hojas
de los robles.

Dejo
un ruido
nulo, mujer,
por si
te sonríen
a ti las horas
y los puntos.

Yo,


en este espacio
acomodo
las palabras
donde
te explico
que dueles
y
-en este espacio
te nombro-
Foto: El primer sabor

viernes, 14 de marzo de 2008

De hambre y de naufragio


No es hambre amor mío esto,
es expulsar lento la sombra
a través de los dientes.

Cortarse un poco.
………….Sangrar un poco.

Nos hiere la sangre que hoy
transita en medio de nuestra
ciudad desolada…….Los muslos.
…………………..El pelo.
Tu virginal cuerpo dorado.

Es un todo y varias nadas
amarte así, desde mi corazón
enajenante perverso
……………y sedicioso.

Con un clamor de mil
lésbicas bocas
entrelazadas de un extraño
candor milenario.

No es un grito amor mío esto,
es la ausencia. Tomar entre
mis manos tu cara metafórica,

extrañarte un poco,
…….torturarme un poco.

Las horas insulsas me comen
las tripas, el vientre,
una explosión tardía de espacios
separados por comas
en el cuerpo humano.......Las olas,
………………..tus barros.

No es el mar amor mío esto,
se nos infecta el beso negado
y el orgasmo prometido,

gemir un poco,
………morir un poco,

es sin duda nuestra cabida
…………………en el naufragio.

martes, 11 de marzo de 2008

Les Retrouvailles



Por la tarde en ocasiones también es mañana. Si no me lavo la cara perfectamente o mastico la pasta dental despacio, y despierto los ojos, todo es confuso, tranquilo, muy malo para la salud. “Para el amor es tarde la mañana”. Y para estos gemidos que crecen en medio de mis grietas, a través de mis quiebres, en las esquinas de mis costillas, todo es propicio. Esta enfermedad de la cual no sé el nombre mordisquea las otras puertas para liberar mis muñecos viejos, y caminen, con sus pequeños pies como los míos y corran al columpio mohoso donde desde este mundo te observo, celosa. Soy tan prisionera de tu libertad.
Es tremenda la ausencia y si es posible jurarte, a veces ya no me siento. No me encuentro, hay tantas brechas. Sin decisiones. Solo miradas perdidas al suelo y los zapatos de ellos que a veces envidio.
Por las noches me creo historias cortas para explicar el motivo preciso de tus pasos y mis caídas. Las luces de la ciudad son como pequeñas constelaciones donde transito y por momentos imagino tus bordes. Esto es demasiado trabajo para un solo hombre, para una niña, un columpio y un auto. Por qué a veces no sé nada, para despertar como viva muriendo al doblar la calle, si se vuela la bufanda y en realidad hace un calor como el infierno.
Pronto, serán fechas tuyas. Yo buscaré una razón para no buscarte y encontrar a ellas acariciando mi frente. Las utópicas mujeres muy buenas, con mejillas rosadas, labios muy prominentes y rojos como me encanta en los besos.
Y volveré a casa cansada de todo, “todo es relativo” recuerda. Me dolerá cada una de mis articulaciones por las mañana cuando es tarde para el amor y se desayune pobremente una sopa con una menudencia muy sabrosa dentro.

Todo regresará como en una fuga cuando apague los párpados. En medio de ese vértigo del carrusel en mi cuerpo, como el vaivén del columpio allá afuera, mucho después de los árboles, mas lejos de las nubes y el cielo. Todo regresará.

jueves, 6 de marzo de 2008

Acerca de ella



"She's a part of me, everywhere i go"


Love in time of cholera/Gabriel García Márquez

lunes, 3 de marzo de 2008

Hable con ella




"El amor, es la cosa más triste cuando se acaba"
-Pedro Almodóvar-

Foto: Escombros/Karina usurpa mi melancólia

viernes, 29 de febrero de 2008

Hablar con Stephen





Tengo Stephen, esta urgencia. Apuesto que recuerdas el día que te escribí escuchando Annie Lennox, la canción esa que sale en la película de Coppola, si, seguro recuerdas, la lluvia y el quemarse. Yo, hoy tengo esta urgencia para llamarte, aunque estés a unos metros de mis huellas. Y tengo otras urgencias y más, siempre más, porqué nada es suficiente aquí y tú lo sabes. Stephen, me gusta llamarte así y a ti también te gusta, quería hacerte un poema pero creo que con esta desolación inoportuna no será posible. Tengo mucho calor, hoy me he puesto 2 blusas, una negra y una blanca que me puse al revés y de repente me ahorca, pero la dejaré así, la actitud de suicida por sobre todas las cosas es invaluable. Algo por la mañana me hizo escuchar a Morricone, el buen Morricone quien me recuerda a Toto, que me recuerda Alfredo y este a papá. Papá salió muy renegado hace unas horas en su moto, su moto amarilla de marca corriente pero que sí nos afecto la economía igual. No quiero que se vaya ves, pero creo sólo estará este fin de semana. Mañana, si mañana, sábado temprano, estaré en la iglesia. Y no pongas esa cara de asco, lo hago por él. Ahora puedes reírte por qué de nuevo, no sé que ropa vestir, soy tan hippie ahora, soy tan niño ahora. Y tengo esta facha enajenada de odio y de una profunda nada bajo los tobillos. Stephen, no sé porqué estoy tan triste ahora y no quiero irme a estudiar, quiero estar acostada todo el día, llorando entre mis sabanas rojas, quiero soñar a que ya vivo allá contigo, quiero ese sol a las 6:00 p.m. en tu ciudad de palacios.
Amada Stephen Crown, quisiera estar muerta por segundos y dejar de sentir al monstruo que da mordidas a mi caja toraxica. Pero sigue el clamor por unos zapatos, pero antes que otra cosa soy yo, que de repente, así, súbitamente me perturbo. Hay tanta desolación en este cuarto Stephen que afuera todo existe y tengo esta urgencia, por llamarte, por que me cuides, donde sea, que no diga “afuera” o “adentro”.