domingo, 31 de agosto de 2008
El sosiego
sábado, 30 de agosto de 2008
TODO SE ESTANCO. Era así, vacío, demacrado, inútil. Lo que fuera que sea eso, está estancado y vacuo. Moribundo. Es bello el viernes si hay tormenta, si por la noche me viene esa mujer desde arriba, cayendo. Y me dice que sus pestañas, no sé qué rayos. Sólo me habita el sonido de las aspas de ese ventilador, otra mujer, y otra…cantando. Este silencio de recamara soltera y nada más. Me puede el silbato del velador y, esa nada. Profunda. Y las certezas que jamás conoceremos. Los hombres, las mujeres. Esa evidencia de que todo es dudoso y cierto, estancado. Que no vamos más, ya no vamos. Me duele la cadera de moverme, lasciva, por las noches y no vienes. Me duele el pulmón derecho de todo el aire atiborrado de esperarte, cansada. La puerta rota, la mano rota, de tocar tan fuerte y tú no abres. Y la basura incandescente que llena los cuartos con tristes llamas que nadie vino a apagar, nunca. Me duelen los huesos con los que a lo mejor, todavía, te amo. Como te has de imaginar que amo yo. Y es, una pena.
Todo se estanco en una semana. Es como cuando llueve lento por días, pero seguro. Como esa bolsa que fuiste llenando de granos perfectos, dos por día, durante dos años. Un hoyo, eminente. Era así, hondo, preciso hacia el suelo. Hasta percusionista su rebote.
Y ya no lo quiero más. Te lo digo así, de la única forma en que pueden decirse estas aseveraciones: Ya no lo quiero más. Todo es una montaña de rocas amontonadas, donde ya no te busco. Ni tú me buscas. El amor mismo ya no nos busca. Es que él sabe de estas cuestiones. Sabe de las hojas debajo de las puertas en otoño, principios de invierno. Sabe de las cartas que nunca serán enviadas, y peor, que ya no fueron escritas. Y a él le duele, le duele sabernos con todo el pecho sangrando ya, por fin, ya, a la posibilidad de abrirle paso a nuestra vida nueva, que nunca viene. Y nadie correrá a salvarlo. Al menos no tú, ni yo. O todo eso estancado, de cuando somos, “juntos”.
Vacíos, demacrados, y de verdad, inútiles.
viernes, 29 de agosto de 2008
Me es increíble soñar contigo. Era una cosa más o menos así, yo, con el aspecto hippie de siempre, los verdes…los rojos. La cintita en la cabeza. Me regalabas una sonrisa que se compra muy cara en esos tianguis de “no sé qué”. Yo preguntaba: ¿hey, de aquí para acá es tuyo? Y tú respondías: sí, de aquí para allá es mío. Y me gustabas, yo pienso que tú me gustabas y mucho. Luego yo trataba muy mal a una mujer, ella lloraba. Te buscaba por todo el aeropuerto. Arriba, debajo las escaleras. Por la cafetería, donde dice “Arrivals”. Había esas playas con arenas blancas atravesando el sueño. Un cabello largo, no sé si tuyo o mío. Alguna vez, jugaba con esos aparatos donde examinan el equipaje. Yo creo como ayer vi en televisión, a esos terroristas asustar a niños vietnamitas, tuve que soñar con otros terroristas, que nos asustaban a nosotros. A los otros nosotros, los del sueño. Los absurdos, los hermosos. Apenas dolientes. Al menos en los sueños nos vemos. Me sonríes al dos por uno. Con unos pómulos eternos, o algo así como una cara ficticia inalcanzable. Me gustaba mucho el color de tu piel, una cosa así, étnica, de que “somos latinos”. Ahora todo me asusta. Porque cuando desperté, tuve que estirar mi pequeño brazo. Desde las sabanas, hasta donde se encontraba el libro de Sabines. Tuve que leer a Sabines. Como si yo te lo leyera y a esa hora. “Me amaneces, dentro del corazón, calladamente”, decía. Como si Jaime Sabines supiera (o haya sabido), las quimeras que me ando inventando ahora.
Foto: Deviantart
lunes, 25 de agosto de 2008
¿Cuánto tiempo llevamos?
Has pensado, amor, mi amor…
cómo es el día, cuantas las horas
de donde allá y a la distancia de las horas,
de siempre entonces hasta la ausencia,
los días de hastío, multiplicados.
Veníamos tranquilos
con vasijas llenas de nuestra sangre,
sencilla, infantil, tan de antes…
Teníamos el corazón lleno de venas
por todas partes,
la mirada vacía de las cosas airosas
y el pecho lleno,
de un no sé qué vivo,
como un incendio que arde…
Corríamos de aquí para allá
con nuestro amor, joven sinfónico.
Éramos abismo de la gente,
furia encarnecida en nuestro llanto.
La sutileza desquebrajada en lo imposible.
No creíamos, entonces,
que invocar el pensamiento
dentro una brecha
era suficiente para el daño, irrefutable
y al hoy vencido,
no sé ni a cuantas horas de distancia
…………………………..está mi nombre.
Ni tu nombre,
ni un espacio calvo de tu nombre
yaciendo
………………….sobre mi mano.
Sólo conozco el día
y los abrazos que nunca nos damos,
tu sonrisa tibia que no me llena la boca,
la rutina tan fija al retraso de decir:
ya he llegado, amor, he llegado.
Yo he pensado en nosotros,
esto, nosotros
y el tiempo, los segundos y las horas.
Tan leves e indiferentes como una pluma,
tan simples como las ondas…
y que aún no alcanzan a llenar nuestros vientres hambrientos,
desnutridos, llenos y con hambre .
Somos tan lentos, amor
… ……………………apacibles.
Hermosos seres cambiantes.
Yo nos amo. De veras, nos amo.
Pero, ¿cuánto tiempo llevamos?
………………..Adentro, afuera.
Por encima y por abajo.
Sin nosotros, cansados,
de amarnos sólo a nosotros
y a nuestra avidez insaciable…
Y cuánto más nos escribimos
está historia exorbitante,
hasta dónde el grito de la ruina,
el quejo, el nulo instante que nos viene
… ¿Cuánto
……….tiempo
………………..llevamos, amor?
y hasta cuándo continuamos,
con este esqueleto de palabras,
que todavía nos sostiene…
viernes, 22 de agosto de 2008
V
jueves, 21 de agosto de 2008
IV
De allá, de tu sonrisa,
hasta el abdomen creciente
en mi cuerpo de pájara.
Por aquello a lo que llamamos
libertad de espíritu o de cuerpo,
por eso, de tener alas encarnadas,
hondo en el abismo de la espalda.
La idea de ser de ti, es
caminar atada a una hermosa cuerda
con jirones tuyos. Del ser tuyo al ser mío.
Como que no existe espacio;
ni esa piel que nos separa estorba
o que nos estorba separándonos.
No me molesta incluso,
la jaula que suponen
las paredes de tu cuerpo,
y los túneles, separados por tus muslos,
pasillos con una oscura profundidad,
vacua donde seguro tienes más cuerpos halando…
o encajados muy adentro.
miércoles, 20 de agosto de 2008
III
Cuando un tema de South San Gabriel,
me gusta demás y lo escuchamos,
como si estuviésemos vivas solo para eso,
y sólo para eso.
Después de caminar toda la tarde
y el cielo es tan de humo
sobre esas calles empedradas
con cercas verdes por la hiedra.
Después, de haberme presentado a sus amigos
y el “disculpa si no te toca,
es que es muy maniática”.
“Adiós Jazmín”. Adiós y ya.
Ah…es grato pensar que descanso
después de un largo día
y en sus piernas.
Y llorar nada más
por que podemos hacerlo,
ahora podemos hacerlo
y vernos la cara,
hinchada de tanto desear
que el resto de la vida no se termine nunca
…una llora en momentos como esos
por que esta vida dure, se llora,
por que el cuerpo está tan lleno de luz…
que no soportas pensar ni un instante
cómo sería soltarla de una vez…
y de hecho, que todo esto fuera cierto.
lunes, 18 de agosto de 2008
II
Gusto de pasar la tarde viajando en un automóvil corriente.
Cuando aún el sol, y a miles de kilómetros, se duerme o muere,
clandestino.
Y el ambiente se torna de un color amarillo verdoso,
bajan esas cortinas de metal en las tiendas,
alguien transporta varias cajas con ropa.
Y yo, distraída, cierro mis ojos justo en medio de la calle,
para afirmar que mis tardes
………siguen siendo, absolutamente tuyas.
domingo, 17 de agosto de 2008
I
viernes, 15 de agosto de 2008
Un día de estos vas a entender...
Pretty woman, look my way
Pretty woman, say you'll stay with me
Cause I need you, I'll treat you right
Come with me baby
Be mine tonight ...
miércoles, 13 de agosto de 2008
Coherencia
Me pregunto ahora por qué no te doy todo el amor que te tengo. Pienso un poco en que, no te lo doy por que así está bien, si te lo doy morirías y yo contigo. Me he atado de pies y manos para no devorarte cuando te encuentro, cuando te veo, cuando te siento presente en mis pasos. Sobrevolando las horas sin sueño, incluso los instantes de fiebre…y aquella inflamación de labios y sudor a media noche. Me pregunto, cómo es que no te digo con aspecto cansado, que pienso en ti cuando leo una novela sobre la guerra civil española. Que pienso en ti cuando despierto y todavía, me fluyes desde las entrañas esperando un derrame de versos difuntos que caben bien en los oídos. Que pienso en ti, cuando muerdo una uva y todo su jugo viaja caudaloso a través de mi lengua, y pienso entonces que es tu lengua y me esclavizo un momento a tu boca, como si tu boca me besara de veras. Entonces me detengo, tengo como un asma improvisada que nunca he tenido, trago saliva y quizá lloro un poco, por qué amanecer aquí nunca ha sido bello o muy “café y cigarrillos”. Mientras sigo haciéndome preguntas y no me respondo. Parece una duda insondable siempre por la vida y sus personas, y sus momentos de infamia. Me imagino leyendo sin fin hasta que escuches, comprendiendo, que no hay nada más aquí que aquellos trazos moribundos, extasiados por tener una forma de tres dimensiones y que alguien como tú, o como yo, les acaricie la esquina que les duele e incomoda… Ah…a ratos es fácil saber por qué no te doy todo el amor que te tengo. Si pienso y me detengo al son de un Saxofón cualquiera, al sonido saliente de una habitación vacía y nada más….por que no eres. No eres aquello que se sueña cierto día muy preocupado. Tuve ese día, cuándo. Las tardes venían forradas de un terciopelo viejo y oloroso a encarcelamiento prolongado. Y desaparecíamos. Tuvimos un segundo para pensar en el sí o en el no. Tuvimos un segundo nada mas, para decidir, de allá para acá, todo esto. No sabíamos, digo que no sabíamos en realidad. Ahora me veo con una bolsa de SOHO esperando en la parada del autobús azul -llorando un poco -pensando en todas las maneras en que pudimos hacerlo mejor. Cómo arrancarse la cara, esa cara ajustada tremendamente deforme. Me veo, de nuevo ahí esperando, cuando se me dobla mucho el cuerpo, este cuerpo pequeño siempre a la derecha, desde la cintura hasta donde alcance llegar el mismo cuerpo. Nunca es mucho. Nunca es demasiado como ese amor que no te doy ni te daré nunca. Por que es sencillo, aquí jamás se hace un espacio para lo que ya no viene, aunque se le piensa. Se le ve desde una ladera congelada, y se lucha contra la gravedad de lo que sigue. Aun. Aquí nunca serás como un refugio, la casa vieja de algún pueblo lejano, ni serás el amor. Serás nada más un punto frágil en el mapa de mi torso. Donde a veces clavábamos el destino y la estancia. Yo, te invocaba desde la ventana de autobús, tarareando la voz de Tom Waits y no pensando exactamente en ti, por que Tom Waits le pertenece a otra persona. Pero te invocaba mientras revisaba la bolsa de SOHO y olía lentamente ese morral de Sarajevo, sin embargo era todo tan igual. Tú serás, el lapso caótico de una tarde, o de las mañanas cuando en toalla y con lentes viejos, te escribo. Mi llanto, mi alegría, todo lo que pude dar que no te doy. Un diminuto escozor en mi boca que delata que eres tú, nada más tú. Un dormitorio hueco de susurros de los “te amo…cómo te amo”. La mujer que espere siempre. Y este dolor profundo que nace, cuando lo sé, cuando me doy cuenta, que no lo eres.
domingo, 10 de agosto de 2008
Estoy, abandonándome.
Estoy, abandonándome. Te abandono. Pienso en un escrito que te he hecho donde digo “estoy enferma de ella”. A veces es todo muy así. Muy miércoles, jueves y viernes por la noche. Todavía más el viernes. A las seis de la tarde, ensayo para el día de la graduación, y que mierda. Ni siquiera me ven en la fila y cuando de repente sale una maraña con pelo ya saben que estas ahí. Ahí de la única forma en que puedes estarlo, medio, y con ella. Medio ahí y simplemente afuera sentada por última vez en ese estacionamiento. Estoy abandonando todo y tengo un mes con dos semanas para hacerlo. Por ahora vamos en dos autos diferentes a cenar a sitios, que si bien no son buenos restaurantes, tienen unos bonitos faroles dentro y todo mundo anda uniformado, te habla muy de “señorita, qué desea”. Donde, algunas mujeres suenan como si fueran las dueñas de Tampico o al menos de
Sé de lo bellos que son los amigos. Ya en el 4º bar de la noche, el mejor, todos bromean acerca de mis jodidos pechos, que si los presto, los acomodo o los muevo al son del reloj y del baile. Pero son tan bellos, los amigos son tan bellos a esa hora. Se paran tan caballeros, y te invitan a bailar por que jamás irías tú a invitar a alguien, ni tampoco le dirías que sí al de la mesa de junto. Pero igual, nadie va. Y es que he de ser muy fea. Rodrigo debe mentir mucho o estar muy al pedo cuando dice: si me das un beso, te compro tus cigarros. Y es tan rápido mandarlo muy lejos, a pensar mejor lo que dijo. Él está bromeando, lo sé. Ha de ser hermoso cuando miente. No sé yo.
Estoy abandonándome, lo siento, por qué ya como a las cinco nos paramos en cualquier puesto pequeño a pedir de favor me dejen entrar a su baño, claro, Rodrigo lo hace por mi. Después, vuelve a restregarme lo que pierdo rechazando ese beso. Lo bueno que no confío en nadie, ni él tampoco. Y Marcos me pregunta súbitamente por quién lloré el sábado pasado, que él haría cualquier cosa por mí. No le he dicho nada. Con él aún me falta valor o simplemente para todo, a las seis de la mañana y por las calles de está ciudad, no hay ganas para ese “todo” que podría hacerse. Aunque ya te han llevado a comer a Tortas “YOYA” y somos fugitivos de los tipos que manejaban un Jetta. Al pasar frente a la laguna, viendo el amanecer…no sabía dónde me había dejado, no sabía…
jueves, 7 de agosto de 2008
Ah...ahora que recuerdo...
martes, 5 de agosto de 2008
Yo no puedo, justo ahora.
domingo, 3 de agosto de 2008
Tanto alcohol moderado
Vamos a ver… Sí, la cosa está así. He descubierto de pronto que “tipo así” me he vuelto alcohólica y ya no me está gustando. Digo, por que todo mundo espera eso de mí… y eso es tan aburrido. El otro día mientras daban Una mente brillante, el chico genio amigo del personaje de Crowe, explica que la “cruda” no es más que un estado donde, en realidad, es como cuando vas a morirte. Luego la resaca matutina mereció un respeto especial. Hice entonces, la cara de Amelie Poulain después de tomar aquellas fotos toda la tarde, mientras mira los desastres provocados en el televisor….el choque, un incendio, el caída de un avión. Sólo Amelie lo entendería…si…Ah sí, la resaca matutina o más bien, de esas a las 12:00 p.m. cuando aún estoy más arriba que abajo. Cuando aún resuena en mi cabeza lo simple que pareces cuando estás muy drogada. Y lo inútil que me hago yo, nada más, por llamarte. Y aún no me levantaba del piso. Ya para cuando llegó Marcos, él sabía que la cosa había estado feroz. Que si toda la botella de Vodka, que si a lo mejor la rubia llevó un hombre, por que ya sabe, que yo por ahí no le pego. Que si ya confesé por fin que eres tú lo que me mata. Si cuando llamé, ella sólo dijo: cuando tú quieras contarme…lo harás. Y que me abrace, así…con el “ya…ya…llora, anda llora”. Es increíble cómo, cómo, cuando estás al pedo te observas desde afuera en una escena muy corriente, diciendo ¿esa soy yo?, esa que llora ahí, ¿soy yo? o...are you talking to me? Oh sí, te ves desde afuera y lloras. La rubia es en ese instante la cosa más adorable que existe sobre la faz de la tierra. Y no pregunta nada, ni dice mucho, si acaso: le hubieras dicho nada más “¡pues chinga tu madre!” y bueno, yo no lo haría. Que a lo mucho digo carajo, o “puta madre”, pero que con la tuya no me meto. Aunque somos tan México. Y me encanta, yo no me voy a ningún lado. A ti te ofrecen el mundo para habitarlo, pero yo, aquí me quedo. Me quedo aquí con mi descubrimiento del alcoholismo, y de cómo el cine me gobierna la vida. Al menos es domingo, por que hoy veo cine japonés a las diez de la noche y de pronto, quizá, me olvide del alcohol, de que no he comido, de que a lo mejor mañana en la universidad me dará un poco de vergüenza ver a la rubia. Ya que, cuando yo reciba un mensaje en el móvil y haga esa típica sonrisa muy Waltz, ella me dirá despacito;
“dile chinga tu madre…respóndele...chinga tu madre”. Y bueno, yo no puedo.
viernes, 1 de agosto de 2008
Cuando a veces pienso
martes, 29 de julio de 2008
Escribir un domingo y la TV
sábado, 26 de julio de 2008
Alejandra, algo sabe
Hace unas horas le conté a Alejandra cómo me volví a enamorar de ti, y en un solo día. Quién lo iba a decir. Quién iba decir, en un viernes a las 7:48 de la tarde, que a orillas de una ventanilla de automóvil todo el asunto sería tan rotundo. El chofer me dejó fumar mientras se subían los demás pasajeros, ya sabes; “fúmele señorita, pero cuando se suba alguien lo apaga de favor”. Ha de ser que me veo más bien como un hombre simpático, o un tío cualquiera. Un tío, que cuando ya está muy ebrio le dice al de a lado “te quiero un chingo güey”. Y no es que yo no lo diga, tú sabes. Es solamente un ejemplo. Tú aún no entiendes mi concepto de estar enamorada. Será, tal vez, que nunca hemos dado una madrugada de esas muy tuyas y muy mías para explicárnoslo, pero explicárnoslo bien, de claro. De definitivo, y con una sinceridad que sobrecoge al más discreto. O al más cojonudo. O a la mentira más acojonante. Alejandra, vuelve a mí como vuelven las cosas que se van, y nunca esperan. Vuelve de una manera privilegiada, de esas cuando no transcurre el tiempo entre dos personas muy amigas, sin conocerse demasiado en realidad. Ella es apta y perfecta para saber como me volví a enamorar de ti, y en un solo día. Y quién lo iba a decir. Quién iba decir que en un día, si antes me tomó mucho tiempo. Meses, la verdad no recuerdo. O si, quizá fue ese día explosivo en que te conocí. Desde las primeras tres palabras. Lo que tarda uno mismo, en darse cuenta. No sé. Igual, debió ser mucho. Es muy grande el espacio entre un te quiero, y un te amo, en medio de un te espero, un te extraño, o ¿qué día es hoy? Ah sí, sí. Una brecha que siempre, entre tú y yo, se abre y se cierra. Como los pulmones se llenan, se vacían y también se enferman. Hay de casos a casos. Pero no le conté a Alejandra que hoy me tropecé muchas veces y que la gente se rió, se rió y yo volteé nunca la mirada. Existían eso sí, los ojos intensos que dicen me ha heredado mi padre, y que a él se los regalo el abuelo y así. Todo eso existía a través de las calles. Y las manitas en los bolsillos. Una carita acomodada de tal forma para que se pudiera pretender, que si tú no ves a nadie, nadie te ve. Alejandra tampoco supo de mis palabras masticadas durante todo el día; “¿quieres casarte conmigo?, estaremos de Luna de miel hasta que me dejes”. Luego fingiremos un divorcio apresurado. Alegando diferencias irreconciliables. Por que de Al Pacino yo prefiero Scarface y tú El padrino II o Carlitos’s way. Que yo elijo a Yann Tiersen y a Morricone, tú a John Williams, Hans Zimmer, o a Danny Elfman. O lo que es peor, es que no conoces a ninguno de los nombres mencionados. Algo tendríamos que inventar. Dicen de nosotras; dos mujeres impresionantemente acojonantes. Pero todavía no sabes de mi definición de estar enamorada y hoy no te la voy a decir, pues hoy sería muy prematuro. Nuestro amor, hoy sábado, es tan prematuro. Como lo fue mucho antes de todo eso tan rotundo recargado en la ventanilla de automóvil. Y lo que vino después, algo así como una duda añejada de “qué rayos somos”. Yo me cubría la cara cuando se me venia de golpe la mirada o la sonrisa tuya, con la pálida luz de esa habitación color blanco. Ella no me preguntó algo, es natural en ella darse cuenta de a poco y en silencio. Al menos eso creo, ya sucedió antes. Pienso en Alejandra calidamente, sin más, sólo se enteró de primera mano como me volví a enamorar de ti, sin decir una palabra. En un solo día, y quién iba a decirlo. Quién iba decir que sería ella la primera en descubrirlo tácitamente. O que pienso más en ella justo ahora que te escribo, aunque te ame a ti tanto, tan fucking so much, y tú no sepas cómo es hacerlo. Manejarlo. Como es estar enamorada así. Y que hace unas horas, te confieso, era mucho…pero mucho, mucho menos.
jueves, 24 de julio de 2008
Cartas III
domingo, 20 de julio de 2008
Integrations/Integraciones de Pablo Neruda
Translation by William O'Daly
Integraciones
Después de todo te amaré
miércoles, 16 de julio de 2008
Fragmentos simples
domingo, 13 de julio de 2008
Y papá, allí, bien ido.
En su sofá con el vado,
y la panza saltona.
Pienso que,
efectivamente me parezco a él,
¡ah! tantos gritos…
Mi planta acuática ha muerto.
Le pregunto a mi madre,
“qué putas con mi planta,
el martes crecía bien bonita,
y mírala, toda muerta”
Ella no sabe, o pretende no saber.
Qué mierda. A veces pienso que los gritos,
son como el llanto del silencio.
La gente acá para cansada de vivir.
Del dinero, de los gastos.
Hasta de la lluvia, pero yo de la lluvia no me canso.
Aunque te arrastre como el otro día,
y hasta el asco.
Ah, como grita mi madre.
O como me grita a mi.
Luego le da pena mi cara de “ah bueno..”
y me dice muchas veces “hija, ven…hija”.
Y papá allá en su sofá con el vado,
y la panza saltona.
Viendo Discovery Channel,
o el de la Historia,
yo
que
voy
a
saber.
jueves, 10 de julio de 2008
Quedarse dentro
Cómo no llamarle por su nombre a las “cosas”.
Y te sigues así, detrás del párrafo y sus tildes,
escribes, por si aciertas: “ani ohev otaj”
en cualquier vidrio mojado,
te estremeces mientras te fumas un rojo
entre la sombras,
…………y, ¿qué queda?
Vas por ahí jalando tus hilos del desastre,
como un títere entre carpas incendiadas,
enseñando la lengua a los arlequines.
Cómo no llamarle a esto “necesidad oblicua”
o necedad, enfermedad,
o algún desorden alimenticio.
Cómo respetar el silencio que trae consigo
la muerte de mis ganas.
Lanzar esa mirada de te amo, pero te odio,
luego reírte por que de nuevo perdimos el partido.
Ah y ya sabes, luego they say; yeah, you know,
para explicar algo que no se explica.
Ah si, sí. Pero cómo le explicas que te estas muriendo.
Que el puto cartero no llega,
que la colonia Moscú se inundó
con esta piltrafa de huracán que se formó en el Atlántico.
Que los relojes nos comen. Y así.
Pero, cómo sobrevives al día, sin música.
Del ella, música. Del ella, poesía.
Cómo no llamarle poesía, a lo que es poesía.
Oh, pero si estas jodida. Y que desastre eres.
Marcela te dice que seguro el estómago, te sangra.
Yo pienso que si de algún lado sangro, ha de ser por ti.
Cómo, cómo, cómo.
Mi cuerpo se aferra a las preguntas, siempre.
Lo mío es complicar lo simple por ejemplo
decir “quiero coger”, y no coger.
Y qué lenguaje de camionero tienes.
Ah si, sí. Cómo arde. Cómo duele,
llamarte y despolvarte de mi mente sinuosa.
Llamarte como decir cosa, o costumbre.
O “me pasas el cenicero”, “me lastima el Jazz,
el Bossa y más, Debussy”.
Cómo rematar, este jodido poema,
que no es poema, pero lo he hecho yo.
Oh, y llueve. Me llueves, llovemos.
Cómo decir que dan ganas
de meterse a un charco,
buscarte allí, transgredirte,
raptarte,
cambiarte el nombre
fundirnos un poco,
hasta no buscarnos nunca,
y quedarse, amor, dentro
.....................dentro.
martes, 8 de julio de 2008
07.07.08
miércoles, 2 de julio de 2008
Alborada
Llámame “amada”,
llámame “hora”,
“luz apagada”,
“corredor vacío”.
Llámame desde donde no sale más,
el lamento con que nos necesitamos,
tan fuerte, tan violento
como sólo tú y yo sabemos
vengar la ausencia.
Llueve mucho estos días,
apenas julio
caen
…..caen,
lentamente
todas nuestras pertenencias
a no sé donde.
La humedad en las paredes
me hace llorar.
Y el oxido,
que no sabe que
ya es muy viejo,
no se cansa de ser,
de brotar bajo la lluvia.
Como un vaho raquítico e insistente,
como el aliento desde la boca
de lo ya muerto.
Estoy cansada de ser nadie.
Si me hablas, llámame
“sombra”, “nube”
“ojos caídos”.
Lo que nunca tengo
ni se deja ver.
Llámame “amada”,
llámame “hora”,
“luz apagada”,
“corredor vacío”.
Pero no me llames así,
sin un nombre.
Como si no fuera tuya,
como si no temblara
cuando te acercas
sigilosamente
desde una esquina,
dolorosa y fatal.
viernes, 27 de junio de 2008
Seremos nunca

Luego vienes desesperada. Conmigo y sin mí. Y yo sin mi también, o alguna cosa enajenada de ser nadie. Después vengo odiándome, y con todo eso llega mi madre a odiarme aún más. Y nada es eso, qué es eso, sino nada. Acá, los días van mordiendo peldaños. Licor, cerveza, vodka, cigarro, la vida que arde. Luego te dicen que el mundo es así, que si tu cuerpo imperfecto y los dientes torcidos, o imposible quedarse en el polo sur una temporada. Alejada de ti y de todos. Nunca seremos vestigios del gran emperador, ni huellas, ni hastío. Seremos nunca y nada más. Pero luego yo vendré con la angustia fundiendo mis ojos, y las manos, cualquier situación que caliente una cama muy fría. Correré, correré por las orillas al final de la ciudad, de nuestra ciudad sin dueño. Miraré tus ojos, comeré tus ojos y lo que no existe. Y voy a cansarme de ser nadie, de ese nadie enfermo que es ser yo. Sobrevolaremos el bosque mortífero donde jamás danzamos, ni tragamos lluvia, ni nos masturbamos con las manos de la lluvia, o lamimos los pezones de las hojas. Es tan fácil darse cuenta que, tenemos nada. Cansado es, no contar las esquinas donde no nos vendimos a ciento ochenta pesos, por sentir nada más un poco, solamente un poco. Castigar al dolor con sangre. A carne cruda. Y eso es horrible, ofrecerme es horrible. Sentarme no es justo, o que me arañen las piernas con aires de que “aquí es de otro tipo de talón”. De talonear. Luego tú vienes desesperada sin saberlo, a tocar fuertemente mis puertas. Me dices desde allá cuánto detestas que sea yo, eso. Aquello infame que es ser yo, carcomiendo los instantes donde guardas silencio. Y yo lo sé, pero también me vuelvo silente. Como Chaplin y El chico. Hoy imprimí una foto de ambos. Sin ellos. Te digo que sin ellos en realidad, por que ya no existen. Pero las fotos siempre serán las fotos. Tener lo ausente. Nosotros entendemos las fotos, y las cámaras, los flashes, cualquier mísera realidad que pueda tenerse por un segundo, o dos, o tres, dependiendo la velocidad. A lo mejor tú no sabes de eso. Pero yo si. Yo sé por ejemplo de cuando vienes como desesperada, o estás desesperada y no vienes. Exhausta de odiarme hasta el tuétano. De callar, de los momentos incómodos o de los nervios. De lo tibio que se siente allá abajo si me piensas así, como soy yo, lo que sea ser yo; mirándote de una manera redonda y sin tregua cada uno de tus lugares vergonzosos. Viviendo desnuda, donde te enjuagas el vientre. Rindiéndote, conmigo, sin mí; cuando ya ha pasado todo el tiempo que hay que ocultar bajo una falda. Luego cruza el desdén, la calle , nos olvidamos. Olvidamos como es eso de sernos nadie. Decir ella es nadie y no sé donde vive. Ni donde duerme, ni con quién se está matando las ganas. Y la ciudad va, nos sobrevive. Las luces nunca son iguales cuando se regresa a casa, no sé si lo has notado, tú, que no eres nadie. Jamás y nunca, serán iguales. Pasa, que tenemos el descaro de sufrirnos y yo de trazarte soberbia, así, como desesperada. Y quitarme del camino.
viernes, 20 de junio de 2008
Well it's been a long time...
jueves, 19 de junio de 2008

martes, 17 de junio de 2008
Recado (dos puntos)

Quiero decirte que estoy muy contenta. Hoy fue un día de la puta madre, pero te vi varias veces y eso me sirvió mucho o fue simplemente “genial”. Tú dirás que le doy importancia demás a muchas cosas, que ya no me bañe tanto, o discutiremos sobre las diferencias al amar, de mi dolor encarnecido, la cantidad de lágrimas que rodaron hoy. Pero has venido, me has esperado. Y yo te amo más todos los días. Nadie entiende, amada, nadie. Hemos tenido días de gloria, lo sé, tú también lo sabes. La distancia nos hace bien, y esa ausencia de la que tanto te he hablado es tan sana. Por la mañana llovió en este pueblo chueco. Escuché demasiado tango, que de nuevo me siento argentina, sin ánimos de molestar. Salí a mojarme, pero es tan perra la vida que en el momento que salí, paró un poco de llover y yo hasta me había puesto ropa “playera”. Esas son mamadas contra mi libertad. Me duele el trasero ahora, quiero irme a la cama, pero el temor siempre eminente me detiene. Ya terminó Amores perros en la TV, no me gusta tanto, pero esos perros sí, “el chivo”, el deseo de ser indigente. Te hablé de eso hace rato. Pienso en dejarte esto aquí, hablarte, sin pretender nada, olvidarme de mi misma y sólo contemplar mi foto nueva – donde te ríes tan amablemente, cálida, sin miedos -, a lo mejor y rezar un poco por qué nada te pase de aquí a que yo vaya, como si supiera hacerlo. No sé, amada Crown, quería decirte todo esto, que me encuentro con calor interior por llamarte, por estar acá, por decirte cada día con más seguridad que te amo. Que esto que hemos plantado crece enorme entre la tierra a la que llamamos hogar, nuestro hogar enrarecido. Ir, sólo ir, me abraces mucho mientras -interminablemente- sufro por dentro, aquella cosa que tú sabes. Amada Crown, lo importante ahora que es que estoy muy contenta, como si ya estuvieras, como si yo estuviera allá.
jueves, 12 de junio de 2008
"Painfully tie to you"

Estábamos tristes a esa hora. Tú allá y yo acá, pensando. Lo sé. Y queremos salir, no quería el partido a las 7:30 p.m., ni un “muy bien, te ha quedado muy bien”. Quería entender las cosas que no me dices o que me doliera menos mi elección. O tu elección. Dejar de escuchar atenta a k.d. lang cuando dice, “now that you’re gone maybe i wont feel so sad”. Por qué voy en el auto y la gente va también con sus graves voces y su sueño, los celulares, el calor, y yo no entiendo nada. La tarde se vuelve inmensa a través de las ventanas mientras viajamos. Pero, voy hacer de cuenta que no sucedió nada. Para no hacer más ancha la herida o más desdichada mi suerte. Tú no me has dicho lo que sea que hayas dicho. Todo lo demás siempre son conjeturas mías y delirios, o desvaríos. Siempre. Cómo puedo vivir si tú no estás. Has notado – mi amor – ¿qué vivimos atadas a algo que nunca viene? Tú harás de cuenta, como que no pasa nada.
martes, 3 de junio de 2008
Heridas

a llorar mucho y tú
no sabes.
otras cosas: violines,
pianos, hombres
o yo que voy a saber.
en estos colores,
un tema de Piazzola
o la mugre que teje
tu ausencia siempre
beligerante.
Y para consolarme
escribo un poco.
la misma mierda, pero
igual, como esperando
a que pase todo esto,
que nos culpa y aún
nos sobrevive cada mes
y de pronto cada año.
Voy a guardar esas silabas
de cuando callo nuestras
verdades inconclusas.
Así, quizá y olvido,
esa lagrima que se desprende,
como una gota de sangre desde
mi eterna herida con tu nombre,
como una infección de odio,
que no termina nunca de sanar.
viernes, 30 de mayo de 2008
Cartas II

lunes, 26 de mayo de 2008
Las Narnianas, el Triciclo y el Centauro

Ayer vi Las crónicas de Narnia por segunda vez. La del Príncipe que en realidad, no sale tanto. Fuimos las dos. Tuve que llevarla, decirle: querida, tengo que verla de nuevo. Ella sabe que los ojos se me inundan al ver todos esos mundos hechos realidad. Que es tanto como acá, como allá. El mundo de ella y sus flores secas - terciopelo, encaje negro, dibujos que le ha dado su novio - Karina tiene flores secas por toda su habitación. Y lloramos por dentro al ver todo eso. Gritamos POR NARNIA varias veces, hacíamos ruido sin molestar. Alzábamos las manos: ¡Aslan! ¡Aslan! O cuando los árboles atacaban: ¡Los árboles! ¡Los árboles. Y quedamos en que la próxima vez llevamos espadas o un carcaj y yo llevo mi fauno de peluche. Aunque no sé dónde está. Más tarde bajaré desesperada a buscarlo. Mi madre dirá: eso es del diablo Jazmín, eso es del diablo. Y a mi me importara lo que le importa a un niño destruir un hormiguero de arena. Lo más seguro es que Romeo Poulain lo haya ofrecido en sacrificio en el patio de atrás. Pero eso lo veré más tarde. Anoche, hubo que contener el cuerpo de Karina. Se puso muy triste por qué a la mitad de la película se muere un minotauro, y la emoción era mucha, y hubo intermedio y no queríamos café. Ni esas cosas que los vendedores te ponen en frente acosándote. Ellos quieren tu dinero. No les dimos lo que querían. Karina, mi amada y bella Karina, dice que es Aslan, me dice: Mira mi melena Poulain, mira mi melena, yo le digo: La veo. Luego me dice que por qué no vivimos en la Narnia de C.S. Lewis, si me ve tan bella montando un Centauro. Abrazándolo, acariciándole las orejas. Sujetándome de su cabello. A todo le digo que si, por que yo también lo veo. Nos vemos allí. O quizá en la comarca de su buen amigo Tolkien. Ya cuando vamos en el autobús y escuchamos Secret Garden o Malice Mizer, nos preguntamos la una a la otra, si es que somos raras, estúpidas, o algo así. Por qué cuando vimos Harry Potter ella se enamoro de Dumbledore y yo del personaje de Gary Oldman, pero eso era normal en mí. Es Gary. Hacíamos como cuando el muy lover se volvía algo así como un Fénix y yo me achataba la nariz “¿Quién soy?”: el innombrable Poulain, eres el innombrable. Y esas cosas tan nosotras cuando salimos del cine. Nos daba más risa que pensar en cómo somos. Pasamos a otros asuntos. La crisis ambiental no es nada buena, pero vivimos muy lejos, muy lejos, tenemos que tomar el autobús. Para nuestro consuelo pretendíamos ir en triciclo, y cerramos los ojos, movíamos las piernas. A veces me volteaba y le decía: Te amo mucho baby, ¡vira a la derecha! ¡Vira a la derecha! Ella viraba a la derecha y yo le seguía. Prontamente ella me susurraba cerca del oído: ¿a qué huele el centauro Jazmín? Yo le tuve que decir, que esa, es otra historia. O sólo otra crónica de Narnia. Karina dice: Cierto, somos Narnianas. Y pedaleaba más rápido el triciclo. Yo seguía cabalgando un gran centauro.

