
jueves, 26 de febrero de 2009
A posteriori

domingo, 22 de febrero de 2009
Es increíble ver todos esos icebergs
prolongarse a lo largo de Atlántico
y súbitamente,
sentir un frío serpenteando la yugular.
Vimos ese documental y,
ella me dio un beso,
un tibio beso
sobre mis jóvenes arrugas de la frente;
me dijo: dame un minuto, ya casi están tus acelgas.
Ya tengo en mente darle mi falsa inmortalidad. ……………………………
............…Si. Sí. Ella no lo sabe.
Entre otras cosas siempre tenemos la televisión
y las torres de libros. Los juguetes de madera,
los instrumentos de plástico rojo.
Tiene su pingüino de peluche, tiene su camioneta vieja.
Las sodas dietéticas y el magro olor medicinal.
Vimos ese documental,
me alimentó como nadie lo había hecho en siglos,
y digo: sí. Me digo por fin… que llegué a casa…
No estoy viendo hacia tu casa,
tampoco al camino que va directo
…………………………...........a su ciudad.
Estoy pensando: Hace frío.
Hace un frío desolador.
Y estoy dejando por fin la nicotina.
Qué decisión pendeja, cierto.
Moriré de los vicios de cualquier manera.
Llámese mujer, llámese hombre…
,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,O cigarro.
Pero llamémosle soledad.
Estamos perdidos. A toda hora.
En todas las posiciones.
A orilla del precipicio.
En huelga de hambre.
En las miradas de disimulo entre dos gentes.
No es verdad que languidecemos todos
sobre esta crisis de sed.
De ser supremos.
No es cierto que extraño nuestro juego masoquista,
ni que quiero una nueva histeria
que me haga escribir mi guión americano.
Tampoco te propongo que no trepes la ventana
si es que te hace feliz la causa perdida que represento.
Cómo decir que No, cuando todo te invita a mi vida:
mi perfume nuevo (he optado por usar alguna vez)
Los aretes de mariposa. Y qué más.
Esto es planeado al azar
con el giro de monedas al aire,
como el tiempo que te da un reloj de arena,
y unos labios,
y el susurro de mi voz que no te gusta.
La verdad es el único camino.
Pero solo extiendo mis ramas,
y abro mis ojos te grito: ven, ven…
de verdad, que no te estoy mintiendo...
martes, 17 de febrero de 2009
Inventario de un duelo (1)
Todos los ojos.
Todas las mochilas y todos los cuadernos.
Todas las horas.
Todo el dinero.
Todos los motivos por los que tenemos hambre.
Todas las caderas que empiezan a ensancharse.
Todos los hombres, y todas las mujeres.
Todas las veces que sin duda, te amé.
Todas las ausencias.
Todas las fracturas.
Todos los momentos que no pasamos por ese puente…
Toda tú.
Todos los autobuses.
Todos los adioses.
Todas las ventanas empañadas de vapor.
Todos los labios mordidos.
Toda la sangre tuya y todos los huesos míos.
Todas las cartas a medias.
Todas las canciones en idiomas diferentes.
Todos los violines que abren sus vientres por la noche.
Todo yo.
Todas las lágrimas.
Todos los bolígrafos.
Todas las hojas, de todos los árboles.
Todos los patios llenos de verde pasto.
Todas las llamadas.
Todas las muertes.
Todos los avisos clasificados.
Todas las abuelas.
Todos los funerales.
Todos los ataúdes.
Todos mis padres.
Todos los tíos.
Todo el aliento.
Todas las sobras. ................................
Y llorar todos los días…
martes, 10 de febrero de 2009
Diario. De "diario"
martes, 3 de febrero de 2009
Esa noche...
sábado, 31 de enero de 2009
Fightless
Capitulo tres. Ocho. Son las ocho.
Necesito decirte dos palabras: Para siempre.
Y para siempre, es mucho tiempo.
Demasiados días multiplicados por siglos infinitos.
Y tu cabello no será eternamente del mismo color.
Tendríamos que pintarlo un día.
No necesito tener veintiocho ni treinta
y cinco para estar segura.
……………¿Jalaste el gatillo?
Tenemos ahora un hermoso lecho.
Carmín. Te gusta el carmín.
Sobre todo en mi cuerpo.
Now, listen.
Este es el plan: Tú vas a dejarme morir.
Yo lo quiero. Yo así lo quiero.
Quiero esta herida demente a las ocho con quince,
quiero decirte para siempre
y con los dientes rojos.
Vas a dejarme de mentir, al menos
Lo único que importa
te lo he dicho después
de diez palabras al empezar este texto.
Déjame tragar saliva.
Permíteme que te diga: Para siempre.
Como si ya me estuviese muriendo…
Y no olvides… …………..
(siempre supiste,
………………..yo he visto demasiadas películas).
miércoles, 28 de enero de 2009
Todo se trata de las veinticuatro imágenes por segundo.
a las sonrisas después de los abrazos.
Los rayos de sol. Las manos casi alcanzándose. Solo dedos.
“Un poco más”. “No me dejes”. “No te mueras, no aun".
“Para siempre contigo”.
Todo lo demás es de cartón.
Incluso, a veces tu silueta saliendo de la cantina
parafraseando calladamente a poetas
con el suficiente valor de decir: me rindo.
Rojo, por supuesto.
Se trata de desear a cada segundo un beso de labios fríos,
de alguien con nombre raro, o que se le considere “raro”.
Llámese igual.
Si de esa forma tenemos mas café a las once de la mañana
mientras alguien desnudo se pasea por el pasillo hasta la habitación.
Y qué alguien, del otro lado del mar te crea asombroso,
genial, estupendo, acojonante, que te diga:
Bravo. Permíteme aplaudir.
Al voltear la cara. Seguir los pasos.
Ver tu casa sola, sola. Y tú, sola, sola, sola.
Todo se trata de esos fragmentos tuyos
que vas dejando en cada país.
De esas cartas, del deseo que te hace temblar y respirar profundo.
Del juguete nuevo, como dice ese chico coreano, quizá…
Tengo hambre ahora…sueño, sed.
Me estás partiendo la humanidad
con tu sigilo de sierra en dos, en tres…
…………………………………………(lo que sea necesario).
"No sabes cuanto te he esperado". Ed.
Me lo digo una, dos, tres veces si es necesario.
………… ...................... (ella, no tiene).
Pero luego, tarde, de noche,
y después de ver ese film tan de adolescentes te dejas vencer.
Me dejo vencer. Es narcotizante.
Como una inyección de treinta centímetros
y todo el cuerpo se vuelca en un océano
gélido and endless. Y debes abrir la puerta.
Subir, bajar escalones. No importa.
Esto es un edificio. Es una enorme ciudad.
Tan grande que aquí puedes ser común.
Perderte. Y no puedo. No puedes.
Su mirada es invisible a esta hora,
y a todas las horas. Es adictiva.
Tal como la primera perforación sobre el rostro,
o el primer tatuaje -menos en la cadera
- Y esa película la quiero ver otra vez.
Es un eterno cuento, tú sabes, el narcisismo de todo espectador.
paréntesis, un pañuelo con sangre de fosa nasal, no lo sé.
Es un fármaco capaz de entibiarte el torrente sanguíneo.
Y él no. No tiene idea.
…………………………………Ella no tiene.
Y qué hago aquí, en el tercer escalón, a solas,
con cáncer de ausencia, descansando la cabeza sobre la cama,
pared, suelo, escalera, mesa… agotada de ti
……….desvalida de ella en coma, en fase terminal y empezando.
………………No. No. ……….
Qué haría yo aquí, en un simulacro volviendo a enamorarme de ella…
lunes, 26 de enero de 2009
Debilidad
sábado, 17 de enero de 2009
Esto nunca nos sucedió

era muy joven y tu cara a mis
ojos, y tus dientes,
a lo absurdo y tendrías que decir:
no, no me acuerdo de ti. Lo siento.
Y corrías, desvanecida, con tu mochila
café, y entre las gentes.
algo me dice que seguro
recuerdas esa canción.
Teníamos la vibración dentro, y el hola
o los “holas” y entonces éramos dos
arrumacos bien vestidos, y las risas
y otras cosas supongo, también.
Decíamos: un minuto. Un minuto por favor.
Entonces podíamos guardarnos la
conciencia en una caja,
y yo podría simplemente tomar
mi cuerpo cuesta arriba, y costurar
las horas con alambre,
y hurgar mis bolsas de aire para
poder existir. Un minuto.
Quién nos decía luego,
que el asfalto estaba cerca, y que quizá
solo quizá, ocurría en el remate ese final,
tan extraviado, donde tú, como yo
nos rendíamos y alargamos las bocas
para después nada más, asentir que
esto nunca nos sucedió.
podía escuchar Sparks,
y ver una película
y pensar, que también te cantaba
You're just too good to be truth,
And I saw sparks, y llorar a lo lejos
porque ya no te canto, jamás.
Antes, love, te esperaba en una
noche como esta, cuando éramos
todavía mas jóvenes, cuando todo
lo que somos no veía aún,
este mundo nuestro
siempre,
tan lleno de imposibilidades…
miércoles, 14 de enero de 2009
Obligaciones sensatas
lunes, 12 de enero de 2009
Paralelismo º1

sobra dejarse caer al piso verde
lleno de hierba/
queda esperar/
callarse las cosquillas de los
………………………………bichos
……………………………………que
………………………………………….suben
……………………………te hunden,
………………..te tapan,
te arrastran
adentro la selva tropical,
resta abrir los brazos y
esperar una bala de cañón
que te destripe,
observar a las cuatro de la tarde
las cenizas volar junto a las hojas
y el abuelo te mira con desgana
al notar qué tan hedonista eres.
Luego, llega su adorable esposa
a espantarte el orgasmo:
se caga el perro!
Pero entra a la cocinilla
para prepararte coctel de frutas silvestres,
y escucharla maldecir es tan familiar…
entonces queda halar las mecedoras
hasta el mango, estar ahí, juntos los tres
…………………….y
………………darle una bofetada a la muerte
Hoy vi tu nombre en el encabezado de un periódico local. Era una cosa de deportes, me parece. Era temprano, aun no me bañaba, o si me bañé no lo recuerdo. Estuve vestida todo el día de la misma manera. Tú no vas a saberlo, o como que no voy a escribírtelo o como que no vas a leerlo. Ya no me sabes. Lo mejor es que yo sé hasta tus dos apellidos. Tú solamente podrías tener la jota y las vocales, a lo mejor mi edad, y las fechas. Verdad, qué ya no importa. Hoy en día parece que no le intereso a nadie. Pero viene el deseo carnal, y los ojos no se ajustan. Viene el calor mexicano y los baños fríos, y calientes, según la televisión. Ah…tú no sabes lo que vivo ahora. Tú no sabes que pude y quise. Sabes abandonarte. No podrías saber que ahora estaría mas al centro del país, tirada en una calle, inyectándome melodías en algún bar. Fallándome el corazón. Enterrándome hombres, mujeres, y homosexuales. Cuánto pudimos perdernos en las hierbas. Cuanto pude evitarme y, aprender a escribir. Pero tú dices que publique ya, así, de joven. Ahora no hay demasiado que contarte, a lo sumo…existe el día de hoy, y tus preguntas, y tu pieza a lo lejos a kilómetros, no sé cuantos….no sé donde, nunca lo quise contar.
martes, 6 de enero de 2009
¿Por qué olvidé la cámara sobre el librero?
Y esta casa antigua muy de pueblo.
Aunque viviésemos de nuevo bajo el jade,
no, nada sería igual..
Es necesario tatuarse la cámara sobre el pecho,
traer el nombre del lugar inocuo que te habita.
Arrastrar las sillas,
escribir un nuevo libro de imágenes.
Pero no tengo nada más que mi cuerpo,
y esta ropa. Estas piedras, y el alambre oxidado.
Esta tela, los pigmentos naturales, mi desnudez de ídolos.
No tengo nada.
Sigue el vagón esperando y la suerte hambrienta.
No hay ningún sitio seguro donde masturbarse
……….((siempre, con la mano izquierda)
Y guardar,
…………..guardar la carne en una caja
……………………..eternamente abierta.
¿qué se hace en este montículo de vida?
muy abajo, en el olor de la madera vieja.
Querer llorar. Desatinarse.
Prefiriendo siempre ser más mujer que un hombre ciego,
cómo forjar esta existencia de escritor mediocre
o fotógrafo sin empleo, o hippie sofisticado…
como retratar un lugar, donde el invierno no alcanza…
………………………………siempre es otoño…
D) qué afortunado este momento mío,
afortunada vida mía, en desventura
ah sí…”no basta con volver”,
en un segundo planeo invitarle un cigarrillo al abuelo,
pero no… sólo me quedan cinco y poco dinero en el morral,
ya no cine, aretes, hojas, libros, pulseras, sólo la tierra…
en una hora la abuela va a despertarse a reclamarme
el olor a tabaco que ha quedado impregnado en la ropa sobre el tendedero
-no importa, no es mas que su vestido rosa mexicano-
no quiero bañarme en días, no quiero levantarme de esta silla
que se mece a si misma si la dejo al viento,
no quiero dejar estas sombras ni este sol,
o la vista verde mas al norte.
Llévame céfiro, hiéreme quiero estallar mi cuerpo,
ser gotas sangre, ámbar sobre hojas
quiero, quiero, quiero
qué vida cinematográfica la mía
necesito volver a emborracharme,
detesto comer las sobras del día
me odio en todo lamento
pero que triste que soy,
y qué feliz,
qué feliz me siento
martes, 30 de diciembre de 2008
"mira, he levantado el vuelo" - G.G.
Vienes, hecha de aire y plomo
como todas las cosas estos días.
Como mis pies a la cama, y a la tierra
…al agua
…y a la sangre. Vienes
………desde el fondo del estudio,
por detrás de los sofás laminados,
entre las maletas de tanta gente, vienes, amor
……vienes, mientras me eres un esternón
y costillas que se olvidan a cada instante,
y las sabanas se nublan, las hojas se disparan,
son un cohete de hambre entre todas las piernas del lugar.
Vienes, como un animal bruto, y rastrero,
que dice ese hombre: se aferra a la vida.
Vienes, y dejo parir
----aferrada a tu brazo
……..mi último grito
----------------de libertad.
B)
Como se ve lo nunca visto.
……………Como se toca lo etéreo,
donde las rodillas se subyugan,
y los cuerpos se penetran de tal forma
que no alcanzan los dientes
…ni la voz
…ni las sombras dentro
----de las habitaciones,
ni la risa ha encontrado una cueva para brillar
hasta el fondo del túnel,
o para cortarse de un tajo al final de la garganta.
Ahora te veo, diminuta,
------congelada y deforme,
donde se quiebran los huesos de los mas fuertes,
y el alud se hace inverso en el tuétano de los mas débiles.
Atisbo cansada el reloj y la frontera.
Estás con tu humanidad apretándote el cuello,
estás, viviendo en medio de espirales de glóbulos rojos
sollozando la piel.
Ahora, al darme la vuelta,
-------voy a guardar mis ojos
--------------------en los bolsillos…
viernes, 12 de diciembre de 2008
Memento
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Farewell to the afternoon
jueves, 27 de noviembre de 2008
Relatos de cocina y soledades
Esperar a que hierva el té. Me decía, Yo me decía. Lavaba los platos, los vasos. Me pregunto si cualquier nuevo hogar que me pertenezca tendrá una cocina pequeña en tonos rojos o verdes. No sé si allí lavare los platos mientras espero el té. No sé si allí, como a las seis de la tarde, se nos encarame el mutismo con todo su peso de perpetuidad. Con toda nuestra culpa. Después, recargarse en la repisa y sobre el azulejo blanco. Y su limpieza te conversa de cosas que jamás van a venir. Me hablaba de ti, me hablaba de nadie. Un Nadie muy grande a la orilla de cada escalón que da hacia las habitaciones. Tú sabes, esas cosas duelen. Duele, por ejemplo, ver una bacinica pegada a una pared azul. Una fotografía pequeña donde dices se ve el mar medio de lejos, o el sitio donde se guardan los zapatos. El gancho para colgar pantalones desgastados. Para mí, eso duele. Nunca he sido tan complicada. Ni tan especial, ni tan artística. Sólo soy yo y como esperando el té, hablándome, hablándote de estanterías como se habla del clima, como la gente de diario dice: hace un buen sol. Pero no. No sé, si algo de esta posición se llame cansancio. O soledad. Por que he puesto dos sobrecitos dentro del agua. Dos tazas a lado. Espero a que hierva el té, para servirme. Servirte, por si acaso quieres. De lejos, y en silencio.
martes, 25 de noviembre de 2008
La malade imagginaire
A Stephen Crown
Siempre fui una niña muy enferma. Ahora estoy en el mismo hospital. Ella no ha venido a verme, ni…vendrá. Tú estás como todos los días, desde hace unos cuantos años. Me proporcionas mis medicinas. Los sábados por la mañana cambias el color del tulipán. Le pones agua. Me lees un libro que me haga reír. Y hace semanas que ya no hablo, estoy, nada más estoy. A veces te veo y te admiro hasta que mis ojos se parecen más a ti. Al reflejo de ti. Y te sonrío. Te mando un beso como sólo los sé mandar yo. A veces viene mi madre, y llora un poco, me da un beso sobre la mano, sabes que me gusta besar a mí también esa parte del cuerpo. Cuando estaba un poco sana, le tomaba fotos a mis muñecas, que como nadie muerde, me gusta morderlas yo. También me das masajes. Cepillas mi cabello. Me tocas los labios con los dedos cuando crees que duermo y no me doy cuenta. Parece que después de todo no está tan mal, esto. Y tú cuidándome por las noches. Y estar ahí cuando toda mi familia viene, se lamentan, me hacen un pequeño show. Luego se van y te quedas. Te llama el médico diciendo que hay una nueva opción. Lo piensas un rato. Pero sientes que eso no está bien. Me han llenado de jeringas el cuerpo, ya antes. Alguna vez rechazaste el viaje hacia una clínica ubicada allá al norte. Te has cansado de todo lo que me dicen, de los químicos, de los tratamientos que me queman los pulmones. Así que haces como vimos en televisión. Tomas mi camilla, y corres, corres y corres. Evades, burlas a las enfermeras y los señores doctores. Salimos hasta la calle. Yo te veo al revés, desde abajo. Tienes una cara aventurera y segura. Y vamos a través de las aceras, y de pronto alzas los brazos, señalas el nuevo bazar. La mujer delgada que antes era gorda. Los niños de colores. Te miro, dices: Don’t worry beautiful. Me miras, te sonrío. Y supongo que seguimos, y sigues corriendo. No hemos encontrado ningún lugar llamado algo así como “Heartbreak wonderland”.
martes, 18 de noviembre de 2008
"Beauty and a widow"
domingo, 16 de noviembre de 2008
Dinámicas inofensivas del silencio I
viernes, 14 de noviembre de 2008
Arabesque

jueves, 13 de noviembre de 2008
Volver
lunes, 10 de noviembre de 2008
Poemas huerfanos I
Me pregunto la posición provocadora en la que duermes,
entre la música del bar y el vómito común,
pero te prometo...no mío.
Ya tenemos experiencia en estas flagelaciones.
Lo sabes bien.
Tú talvez más que yo y pienso
la palabra: imaginar.
Te imagino entre mis muslos morenos
y tibios o en el baile
hacia abajo
hacia arriba
de lado a lado,
en la música.
Porque además del alcohol
estás tú y mi fiebre próxima
como "un cabaret ambulante",
y el público tú,
a que bailas conmigo,
nos decimos con mímica: te amo.
Imaginar/tu cuerpo dormido encima del mío,
….aprovechándose del mío
....................caray... qué tiene el vodka...
que nos hace libres.
___
Suscribo;
lugares con tu nombre:
los callejones,
los vasos de plástico,
los sitios en la red con canciones gratis,
las entrepiernas muy limpias,
las calles húmedas de amor,
el lugar vacío donde la lluvia se siente feliz de llorar
y por fin,
se masturba.
Los días con viento tardado,
las copas frecuentadas,
melodías anacrónicas que se derraman desde mi piel,
los instrumentos con un sitio acomodado
para los besos de bellas mujeres,
y el lugar preciso de nuestra ausencia
cuando te dan ganas de correr,
trasladar el espíritu,
donde te habita el sonido,
de tacones alejándose.
___
Las historias se escriben una y otra vez así mismas.
Enloquecidas, llenas de fiebre.
Por si solas, siendo flemáticas,
bastante egocéntricas.
Partidarias del narcisismo.
Las guitarras, las flautas
y los violines, cantan, se hablan,
se muerden, se prenden fuego.
Componen una estática voz para llamarte.
Tú tienes todas las respuestas,
me tienes todas las maneras.
Irremediablemente.
Eres el cantante a las doce de la noche.
Cuando ya no se sabe si es noche,
o"buenos días".
El pájaro azul que se pasea por las mañanas.
El cigarro que hace tanto mal y necesario.
Y yo soy guionista, como oficio emblemático,
y moribundo.
Como que tu blando pecho gime
y relata: Una historia muy nuestra...
y a cuarenta grados que sucedió jamás.
____
Memorice como se ha de escuchar de ti: asesina.
Qué te mato a todas horas,
en todos los huesos de todas las pieles,
de cada una de las reacciones
o como reaccionarás en diciembre,
- cómo fraseas las canciones -
y pensé, si acaso recuerdas el parque.
Tienes en tu lugar de refugio,
cierta canción muy de allá.
Y tú lo sabes, y no me digas,
que yo lo sé, soy ignorante de tu voz.
Soy ignorante de tus sitios.
Pero te soy el rojo, el verde, y el amarillo.
Te soy bailando, y hasta el final del amor.
Memorice, las palabras que me dices siempre.
El correo que no te mandé nunca.
Memoricé de ti, todas las condenas,
que me hacen muy ebria
volver al momento con tu nombre
clavado, orilla a orilla.
sábado, 1 de noviembre de 2008
Inside Out
Hubiese dado lo mismo.
Irse o quedarse.
En todos los sitios del pueblo
llovía,
como si el cielo estuviese a punto de morir.
Esos días son mucho de los taxis, los “cuanto le debo”.
Mis maletas. Las fiestas por la noche.
Que te de un poco de frío y estén ausentes los abrazos.
Nada más se hace cuestión de sacar la mecedora y el chal negro.
Abrazar la ausencia.
Rotar un poco la cabeza y fascinarse.
Estas situaciones me llenan de mi.
Cómo es posible poder tener la mente quieta,
la felicidad desvalida, la tarde hablándome,
decir: quedarme. Decir: me voy.
Frente al patio, desfilan mujeres con velos
y se cubren con un paraguas.
Niños tocan tambores.
Protegen a su santo con una manta gris.
Es la lluvia tan eminente.
Pertinente, iracunda.
Idolatrada por mí.
Yo pienso, ponerme pronto mis zapatos
y gritarles: ¡Llévenme! ¡Llévenme!
27 de octubre
Toda la mañana ha sido perfecta. Tengo suerte de que aquí, en este sitio varado, pueda decir: perfecta. Muy de momentos perfectos. Una mujer ha estado hace horas allá en nuestra verde calle, intentando componer su auto. El abuelo le ayuda. A veces lo escucho hacer rabietas, muy propias de él. Todo aquí, en está casa herrumbrada es tan enternecedor. Como ahora, no puedo solo escribir debajo del mango. Es abrumadora la certeza de que, físicamente, anímicamente, y todo, es tan perfecto. El sonido de los arboles y este intenso céfiro del sur. Las olas verdes. A la tienda por cabezas de ajo. Ayer volví, por la tarde. Después de una jornada intensiva de futbol para niños y la piel achicharrada. Días de comida rápida en famosos establecimientos. Muchos “juega conmigo”. Y mi llanto por las noches. Extrañaba tanto este lugar, de ser sincera. A lo mejor por la tarde voy a visitar a la tía Oti, por ahora, inunda olor a adobo toda la cocina. Pedazos de amor abuelesco en forma de pollo. Y es todo, de nuevo, avasallante, que si existiera en mi un gramo de pesadumbre, aun así, no lo escribiría.
Te he visto, revistiéndote de cosas tan nuevas.
En los bares ficticios, a la hora de la decisión.
Te he visto desnudándote para nuevas gentes,
enterándote por otras lenguas
cómo me gusta ahora,
apretar mis labios
con ese gesto familiar melancólico,
muy de “chiquilla en la edad ingrata” o ya sabes,
los “tengo que irme”.
Bajar los párpados,
como esperando el azote de tu voz.
Y tus caídas, tus originales miedos al darme,
cual sea el motivo, de creer, de creerme,
sin duda, indispensable.
Te he visto la mueca,
de que intuyes cómo te estoy dejando ir.
Yo me dejo, igual, todos los días.
Me levanto tan tarde. Tan yo, muy yo.
Y sin duda alguna.
Como esta casa es muy mi casa,
con severo viento a las diez A.m.
El humo de los fogones,
la abuela todavía lavando, eligiendo,
sopesando, si poco aceite, o si yo,
voy a desayunar un capricho de niña enajenada,
de no ser sólo un ciudadano corriente
que se levanta cada día, a primera hora,
diciéndose a si mismo: debe ser.
Te he visto sin verte, mujer.
Y eso sería pues, lo mejor de todo.
De la nula situación. De ser creyente.
Sin creer en nada. Por que, a lo sumo,
tenemos las dudas impacientes,
de qué será mujer,
qué será mañana. ....
____________
Aun si no vinieras,
y se me pasara la hora de tu risa,
de tu llegada, de los ratos sombríos,
aun te pasara de largo yo misma,
me llamarías, me amarías
te esperaría junto con mi cuerpo de fiebre
y tú, desde adentro me dirías: vine.
Mientras, entierras tu daga
como un abismo cerrado y definitivo,
tal una novia embarazada de amor hacía el altar,
y aun vomitara mares, esa caverna llena de rosas,
que se llama ombligo, que también es herida de mi madre,
a la hora de mi muerte. Amén.
Aun si no vinieras, cuando no vienes,
cuando sé de verdad que “no vienes”,
te espero con mi lengua, con mi sal.
Con el azúcar desde el vientre muy tuyo,
pero que dice mi madre, es muy mío
por que tiene sobre su lado superior derecho,
un lunar café abotonado.
Yo te espero.
Hasta que mi espina dorsal se doblega,
donde se chorrea la tarde,
la soga de Dios levantando las carpas,
y entonces se hace la noche.
Luego se hace de día,
y estoy, sentada, en el mismísimo lugar
del hambre de ti, y en somnolencia,
te grito repetitivamente: amor, amor…
Eres el amor. Único.
Lacerante, como debe ser el amor,
para mi. Indómito.
Y cómo tal, te suelto las cuerdas:
Para siempre. ....
_____________________
amor mío;
he decidido que de cualquier forma
y a pesar de nuestras manifestaciones
y puntales desenfrenos, o mejor dicho los míos;
he decidido no decirte tanto "amor, amor, amor".
Y es que tienes un nombre
y siempre me empeño a no decirlo.
Ojala uno de estos días
me ayudes con el por qué.
También porque de tus voces,
de tus poemas casi perfectos
-que leí otra vez esta tarde -,
el por qué de tus piernas monolíticas
y largas, de por qué te vi sonriendo bajo la lluvia
y acá en el sur.
Pero por sobre todo dime:
Te equivocas.
Cuando me pongo recta
y muy seria, a tratar de sacar
insulsas conclusiones.
__________________________
.... intente mucho reflexionar.
siempre la misma cosa,
siempre mi misma mente.
Pero, lo más cercano a la hora,
de la hora exacta,
es siempre igual,
y de verdad
completamente incompresible.
Comprendí que no es lo mismo decir:
nos ataca.
A: nos ata acá, la muerte.
Y un sin fin de vanidades siempre sin sabor.
Qué no es lo mismo el amor,
cuando le digo sobre su nuca quimérica:
me desespero.
A cuando le digo a mi madre,
qué desespero. O "te dejo",
"es mi suerte" "ocho horas",
"qué puedo hacer" "y sin embargo".
Sigo. O cambiar comúnmente el predicado
de las oraciones que no nos convienen.
El tiempo, y la persona.
También, es posible.
Si tomas un hilo del color de tu dedo,
y lo aprietas mucho hasta que duele,
hasta que son uno.
Y ya no es lo misma caja de la sangre
que es tan libre aquí afuera.
Intento en vano reflexionar,
mi vida es la misma,
ave rapaz,
nube de agua
ventana con luz que se contiene
_____________-
. .... abres el libro,
destapas la luz
que sonríe
eternamente
con su boca de sol.
abres el libro,
lames las hojas,
me lees.
me invocas.
te comes mi brazo.
muerdes mis costillas
sabor anticristo.
Toda tú te conviertes en un monstruo de incienso.
y toda tú, sin mas,
te esfumas, te afilas los dientes,
me vuelves un hueco
de palabras vacías,
abres el libro,
colocas tus ojos
ahora dentro de tu corazón
luego te liberas,
muy a tu forma de parir la oscuridad.
..............Tu mundo
.........................es un lobo.
miércoles, 29 de octubre de 2008
De ti
Amor, te he llorado de abandono,
te he llorado, de ti.
De angustia, de desprecio.
De todo, te he llorado.
Y el llanto se ha pegado a las paredes,
como un material viscoso
que no se acaba de ir de mí.
Tan humano, como el dolor de los hombres,
y a la par, su vivaz esperanza.
Ya sabía yo, me derrame en ti, tantas veces.
Siempre buscando orificios más hondos
donde viajar,
astillas en dónde colgar mi disfraz andante.
Hoy recorrí el mismo trayecto que me trae a casa,
y entre la hierba me punteabas los pasos.
Y como letritas disparejas y muy juntas,
me perseguías las mismas líneas, desde mis pies.
Después, llegue a casa y te he llorado.
Éramos juntas un destierro.
Miedo al sur, y a los largos océanos.
La mujer de blanca cabeza pregunta:
¿Nombre?, que cómo te llamas, dice.
Tú, deberías estar contenta, no te dejo,
te abandono y no te dejo.
Quisiera contártelo todo. Quisiera hablarte por siempre. Pero hoy, anoche, fue de esas noches acrobáticas, llenas de las otras yo. Y las otras tú. Hubo que irse a la cama con una cara más apática que triste. Ver el televisor bastante rato y no entender. He regresado a la gran casa de la abuela, hoy, más o menos temprano. Era preciso entonces borrar la mugre de mis pensamientos, de mis palabras también. Como querer a ti, borrarte. Hoy hace un día bastante agrietado. Fui a la tienda por un bolígrafo de tinta negra. Y aun no para de llover. Era como perseguida por las nubes, y a lo lejos la verde oscuridad de siempre. Tan de aquí. Profunda, densa…sucia, por lo tanto. Quise dormir en la hamaca. Recomponerme. Sedarme. Pero se hacía presente un vértigo desde los pies. Algo así como la conocida Náusea ya sabrás de quien. A momentos, cuando estoy sola, incluso para la desolación, me digo: estoy triste. Más bien; estoy triste de ti. Y me susurro: Borrón. Bolígrafo nuevo. Persona nueva, yo. Y como intentando mi inútil vida, he tratado de ser en tiempo presente. Vivir. Luego, por las noches (como anoche), los días, los vicios. Los inevitables ayeres. Me convertía en esa mujer fuera de tiempo. Una pasión irascible hacía el pasado. Y la temprana nostalgia hacia el futuro. Aun, claro, desconocido. Pero ya, lleno de convicciones que martillan las sienes. Yo quisiera contártelo todo, hablarte por siempre. Anoto: Cuando vuelva a casa, voy a leértelo todo, muy al estilo de mi silencio.
Te me estás cayendo desde muy alto/ precipicio.
Yo te dejo caer.
Intentamos numerosas veces
rendir como ofrenda el coñac/ los vicios.
Todo muy a medida de las situaciones.
Absolutamente añejados.
Y yo sé que muy a pesar de los “sí”,
siempre ha sido un “no” y muy grande.
Yo comprendo como son las cosas.
Qué sin decir: te vengo. Te vienen.
Y empiezo yo a mostrar los daños,
muy por encima, sigo entonando canciones
frente a largas pantallas blancas y una luna tres cuartos.
A ti, no obstante, te ha vencido ese hueso tuyo,
en forma de raíz. Y aunque no quiera, te has hundido.
Ha mudado tu voz, de boca y de garganta.
Como un largo poema, ya sin nombre.
Yo te dejo caer, como soltándote.
Me lo has pedido tantas veces.
He de ser, lo que soy,
y a modo de tortura te arrastro,
y me dices, te levantas: Hálame.
Hálame. Yo te llevo hasta abajo,
y te abro un paréntesis,
para que vivas allí,
por el resto de mi vida.
miércoles, 15 de octubre de 2008
Crónicas y poema del abuelo
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Esa cuestión de la espera,
pareciera es hereditario.
El abuelo. Domingo por la tarde,
ha estado al pie de la colina y aguardaba.
A veces grita como avisando.
Y la abuela y yo pensamos
que alguien se acerca. Pero no.
Se está ahí, taciturno y hermoso.
Se está ahí, sin camisa.
Meciéndose en la silla de colores,
y espera. Algo espera.
Y como que se pone triste y lluvioso.
Lo observo desde el baño. Grita de nuevo.
Otra vez es el buen nadie
caminando sus pasos viajeros.
Me digo entonces,
que uno no puede ser superior a su familia.
No esa cosa absurda de ser grande.
Ni las mansiones, o los muchos autos.
No, no eso. Ser, sencillamente
un dulce hombre moreno que espera
a la orilla de una colina sobre la silla de colores.
Ser lluvioso y taciturno.
Esperar el momento preciso.
Cuando los ojos, se asombren,
se sacudan, rían, se revuelquen
tal un perro ahíto de felicidad.
Al ver lo que siempre se espera.
Y yo, bueno, no sé.
Tampoco trascendería por algo más,
hacer más poética cosa que esa,
de esperar, como si fuese hereditario.
viernes, 10 de octubre de 2008
Poemas varios
Qué dulzura la suya al tomar mi mano
acá en las calles.
Qué ternura y qué compasión humana
al decirme: hija.
Hemos visto escombros amontonados en las esquinas.
Una ciudad tan sucia y pobre.
Ojos acechantes a los bolsos.
Qué sutileza al decirme: Agarra bien tu cámara.
Y qué bonitos mis ojos café. “Te pareces a mi hermano”.
Salimos. Le conté mis planes de las latitas verdes
en mi nueva cocina. Y el aceite de oliva extra virgen.
Miraba el anillo que dice mi nombre al interior.
De nuevo tomaba mi mano y me decía: de piña tu paleta.
Qué dulce mujer la tía Oti.
Y qué paciencia. Para salir, salir conmigo
como arrastrándome.
Como siempre llevándome.
Y su silencio, tan maduro como una fruta,
y su dulzura cítrica protegiéndome los párpados.
Me es difícil la lucidez.
Intento (o pienso) cada día,
cada tarde o cada mañana, escribir.
Relatar. Luego anochece.
Se me van las piernas en caminar,
se me van los poros en transpirar.
Y en los besos a niñas pequeñas.
Se me va el día en la boca, y en las risas.
En las cocinas, las piedras desiguales.
Trato de decir: la tierra colorada.
O las minúsculas sillas.
Abro mucho mis ojos para buscar fantasmas
en la negrura de la noche, pero sólo encuentro el ir
y venir del agua y su goteo sobre las cazuelas,
como nidos abandonados por el patio.
Y me propongo plenitud.
Es complicado esto de la lucidez.
Y escribirlo.
Te digo que no estamos.
Aunque las cosas están en orden
y de pronto, mi vida es muy segura y tú,
con tu mirada de ocre, volteas,
trabajas, estás en tu habitación.
No estamos.
Eres puntual a tu llegada, sin embargo.
De día, de noche. En distintas ciudades.
Con otras mujeres, con otros hombres
-hombres horrendos – que me creen muy aburrida.
Y mi cinismo. Es similar siempre, tu arribo.
Aún en distintos soles. O meridianos.
O cuestiones de dinero.
Además de no estar, nosotras.
Te digo que nosotras. Y
somos tan lejos.
No estamos.
Y vienes, me vienes. A veces fría.
A veces caliente. A veces de viento.
De mil formas, tocas mi puerta.
Yo te abro. Me rindo. Me humillo.
Te lamo el paladar.
Oprimo tu cara en mi pecho.
Y como siempre, te hago el amor a deshoras
muy a pesar de ti. No estamos.
Y me duermes desnuda dentro del ombligo.
Amor, quisiera alguna vez, decirte “no estamos”
y que de veras no estés.
lunes, 6 de octubre de 2008
Llamarte/desangrarte
sábado, 4 de octubre de 2008
Querida Brecha:
