jueves, 2 de octubre de 2008
Pequeñas fotos tuyas
martes, 30 de septiembre de 2008
Algo llamado seducción
/28 de septiembre
lunes, 29 de septiembre de 2008
Acerca de la perfección

jueves, 25 de septiembre de 2008
Estilo mon amour
Y el mundo,
se hace diminuto
Te llevo como
como la música
vio en mi
aquí
Muchos bailan.
Escribo, mi oficio
Te llevo conmigo.
Te digo: me sangras desde el brazo.
Es nuestra manera de bailar.
Tengo el bar y los
Un, dos. Un, dos, tres.
Ellos se ríen conmigo.
Encojo mis
saben que aquí son
Ellos bailan.
Hay ese
Me castigas,
Hay un crescendo de fiebre,
me sangras desde el brazo
martes, 23 de septiembre de 2008
Weekend II
19 de Septiembre de 2008
Los taxis estaban ahí. Pastel, comida china, compras. Tengo una, dos, tres pulseras nuevas. Los supermercados no tienen nada en especial. Sólo historias. Siempre historias. Hombres, mujeres. Prisa. Y yo pienso en la perfección. La abuela preguntándose de que talla de braga usa mi mamá. Yo no sé. Surge una urgencia. Muchas risas y también prisas mías. ¿Cuándo vamos a parar? A dejar de ser esporas, carne y un saco de piel con huesos. Y tener que movernos como una casa con pies. O tapancos. Querida abuela, los taxis estaban ahí. Y nosotras elegíamos más aretes. Yo buscaba dinero en el morral que trajo Marcela de Sarajevo. Nos esperaba la cena entonces, y hubo que decir “quiere llover”. Comprar galletas. Comprarnos una sonrisa cabal. Abuela, los taxis aquí emulan el amarillo y el blanco. ¿Por qué allá donde vives, es todo verde y azul?
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Más tarde
Escríbeme, Waltz.
domingo, 21 de septiembre de 2008
De Heartbreak Wonderland
jueves, 18 de septiembre de 2008
Nataly

miércoles, 17 de septiembre de 2008
Inventar-te
domingo, 14 de septiembre de 2008
Últimamente en ti
Otra vez es domingo y escribo. Como que se hace costumbre, estos días perfectos para observar la ventana que sigue bastante rota. Esta vanidad de no hacer nada. La lluvia allá afuera, la lluvia en los ojos y los poros, siempre. Dicen que es un huracán llamado Ike rondando la zona. Lo recuerdo bien. Pero eso no es lo importante. Es decir, relevante la tormenta o la luz ausente allá como a las cuatro después de esas llamadas a las tres y media; “puedo ir mañana a tu casa”. O “ven a tomarte una copa conmigo”. Insuficiente el sueño, que puedes responder muy lúcida, todas a esa hora. Y la locura perpetuamente en madrugada. Continúo estirando mucho mis brazos para tocar el agua que escurre desde las cornisas. Pensando en ti, últimamente pensando en ti. A que te diluyes en mis manos. Sentía una inexorable desesperación por no olvidar la fiebre que me nacía, la enajenación debido al resplandor azul de los relámpagos sobre la cara, y esa capa de sudor muy delgada por que el cuarto es muy pequeño y hay demasiadas casas alrededor. Qué difícil no pensarte entonces. No cubrirse el rostro, y no oprimir los párpados. Desear recordarte por la mañana, y querer decirte todo lo que hoy sucede aquí. Prender el televisor ya cuando despierto. Muy de caricaturas. Y sentirme un poco rendida de tus huesos pesados. Como de llenar mi cuerpo de todas esas letras que no pueden vivir sin nosotros. Ni nosotros sin ellas. Y te he recordado mucho ahora por la tarde. Mucho después del desayuno. Ocurre que, hay algo acerca del paso de los días que a veces se merece explicar. El único problema es que aun no sé cómo hacerlo. Sólo es algo parecido al sonido del Cello y del Violín cuando termina cierta canción muy arriesgada. A sentir de nuevo, los tobillos vacíos de lo que llaman perspectiva. O mis noches cuando no duermo, y es darse cuenta otra vez que las enfermedades no se marchan, ni tú te marchas, ni este sentimiento muy nulo de felicidad a que más tarde estaré colmándome de tiza los pies para permanecer estática a la entrada de este barrio, mientras la tempestad despliega sus alas…y yo, ingenua, como pensando en ti. Últimamente en ti. Como si fuera cierto, a que también me piensas y que allá como aquí…nunca deja de llover.
viernes, 12 de septiembre de 2008
10-4 cambio...
Si vivieras acá querida, ahora mismo iría a buscarte. Justo ahora…por que el infinito de los “sí”, de los “no”, de hecho de los insulsos “quizá”, me está alcanzando. La noche es muy hueca. Como todas las noches, es verdad. Pese a esta situación, ocurre (definitivamente) que aunque lloviera, las visitas, tu propio aburrimiento. Golpearía tu puerta bastante alto, me compraría una sonrisa para dársela con un moñito a tu mamá. Pueda ser entonces, que me diga: Espera. Ya estando contigo, adoradamente contigo, te tomaría las dos manos, te miraría los ojos fijamente muy a
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Autoretratos
Dejabas caer el cuerpo. Contra la cama, la banqueta, la ciudad entera, repleta de caos.
Y esos eran los días en que la gente caminaba sobre ti. Lamías tacones y cuero. Carne, sal, la vida en miseria. Luego, una mujer con demasiado cabello en la frente, venía a colmarte de besos, escondidos, en cada uno de los rincones de la habitación. Ya esperabas las palabras, ya. “Qué puta eres”. En ese entonces no dolía. Digo, no dolían muchas cosas. Se arreglaba el pelo con tus cremas, lloraban tanto. Hacían los hombros para adelante, se juntaban los pechos. Había una transpiración por el ambiente tan, pesado. Lo llamo pesado, o quizá denso. Por que ni las drogas que no tomabas, ni el ajenjo o la poesía; se comparaban al filo y a las notas musicales. A veces, todavía, te quitas toda la ropa, vuelves a dejar caer el cuerpo, boca arriba, y estiras mucho los brazos, las manos, los dedos y cierras los ojos y alguien se posa sobre ti. Como invisible. Empiezas a serpentear entre la tela con olor a ti, de sangre, a vicio, a ti…siempre a ti, solamente. De mañana, de tarde, encarnecida. Te comienza una fiebre de ausencia. Tanta ausencia, deslizándose por los pilares, a través de tus torres; que hay que decir, que el cuerpo es un templo. Que nunca has apreciado en realidad.
Y esos eran los días. Mínimos y máximos. Te tomabas muchas fotos porque de pronto habías descubierto un no sé qué muy expresivo en tu rostro tolteca. Y siempre el blanco y negro, has de saber. Venían hombres, como aun vienen, venían mujeres y hombres y los esperabas a todos. “Qué puta eres”, dicen. Las personas aun no entienden que se trata del amor. Todo para ti, se trata del amor. El amor es grande. No es el trabajo, ni las horas de sueño. Qué te quita el sueño. Qué te hace trabajar. Ni la esperanza famélica. Son, por ejemplo, esos países que mueren de hambre, más importantes que tu vida sexual o, básicamente asexual. Todo se trata del amor. Por eso dejabas caer el cuerpo. Querías comprender un poco este desorden. Mínimo y máximo. La soledad embelesadora en medio de la calle. Tantos escritores que te inundaban. Los adultos mayores a tu alrededor. Quienes no te hablan de nada. Y que decían mucho. Querían hacerte atisbar, que no eras bella…y que el amor es de uno a uno, uno para uno.
Fotografía por Ofelia Waltz: Autoretrato
Serie: loquepasoanoche
lunes, 8 de septiembre de 2008
¿Cuántos gatos tienes?

Esta mañana te he recordado bastante. El día es demasiado nublado, como que nunca existió el sol. Y ya tú sabes, me muero. Aquí estamos muy austeros de amor. Ese amor tan tuyo. Por eso te he recordado con toda mi melancolía allá como a las diez, y veía pasar muchos gatos por la calle. Estaba sentada sobre las escaleras mal hechas que dan a la azotea del negocio de mi madre – tu hija – y era todo muy la casa. Nunca has visto la película de Amelie, pero ya te digo, hay una escena donde ella habla con su padre y le invita té, mientras él se preocupa por un gnomo, o un jardín, o el pequeño cementerio donde tiene las cenizas de su esposa. El cielo es todo gris y habita ese verde muy profundo, el aire mueve cabellos, como allá donde tú. Aunque Amelie es muy Francia, te digo que es muy “allá”. Allá, que llenas tú. Donde yo quiero. Me sentía inconsolablemente triste, la gente…abuela, esa tienda. Y ya no puedo fumar por la cosa en el estómago. Mamá me ha dicho que tome unas pastillas de nombre con finalización “van”. Edrovan, Alhovan, Costurvan. Alguna palabra así. Y no me gusta, tomar esas píldoras no me gusta. Ya sé, cuando vengas vas a enojarte mucho. Yo voy a callarte con mis ojos grandes. Ya vas a ver. Y regresaremos juntas hasta esa casa muy al sur. Ahora, ¿cuántos gatos tienes? La última vez que fui eran muy pocos y eran los hijos, de los hijos de Chiquis y de Pancho. Ellos no me conocían, andaban huyendo de mis manos por todo el patio de atrás, el de frente, la cocina, lo que llamamos sala o comedor. Estaban ahí y no jugaban conmigo. De que no hay perros, lo sé. Pero es tan bello tener mucho de todo; los patos, las gallinas, tú sabes. Cuando teníamos mucho de todo. Había mucha tierra mojada y hierba con gotas de rocío. Mucha música, muchos besos. Tantas costuras y el bastidor. Y no sé, ya no recuerdo cuántos gatos.
domingo, 7 de septiembre de 2008
Weekend
Romeo me pasea bajo la lluvia. Se coloca su cadena gastada, y me dice despacito: hey, vamos a caminar. Tenemos el consuelo de los días de humo y destemplanza. Podemos dar pasos desnudos sobre la gran brecha al frente, la de siempre, y la música susurrada, también la de siempre. Luego los albañiles que trabajan en la escuela de junto, asoman sus cabezas por encima de las bardas, dicen; mira el perro…y la niña. Bajo la lluvia. Paseando. Y son tan tristes y seguros. Nos duele el medio día, es cierto. Nadie como Romeo sabe la desgana, tener que arrastrarme por todo ese terreno baldío frente al kinder. Quién más podría, amado Romeo, quién más. Como tú, con tu carita de tizne y el pequeño antifaz color miel. Aunque ya sabemos de sobra que el día no ha sido malo. Sólo somos nosotros, y la vida que no nos gusta. La gente que nunca me sonríe ni le sonrío. Le digo a mi madre que si en mis días buenos no les veo la cara siquiera, cómo cree que son los peores. Por ahora, Romeo me observa desde el desnivel de la puerta, esperando. Le deprime mi soledad, yo pienso. Y si escuchamos Mozart se pone rock Star, y si elijo a Callas a lo mejor de pronto se duerme. Todo es incierto.
Ya sabes. Estaba la luz apagada, y te esperé, como en realidad espero pocas cosas. Tú no sabías a esa hora supongo. Tenías esa droga tuya, arriba, de arriba hacia abajo. Y tú arriba y ella, él arriba, o ella abajo. Yo no lo sé. Aquí aun es verano, ¿cuándo dijiste que era allá verano? No lo recuerdo. Ahora sé que para tu cumpleaños estaré ausente, entonces, tal vez…despacito entre los días con olor a madrugada; recuerdes el “búscame, espérame, te quiero mañana”. Yo te esperé, de verdad que te esperé. Aun estando la luz prendida te esperé. Me dolía la cabeza, sudaba un poco. No significa que ya no tenga ese amor guardado, el otro, el que sí me grita. Pero el tuyo, flagelado; apenas existente. Como cuando las tormentas y el arco iris ya existe, existe de verdad. Le duelen los ojos a mi cara. Son dos focos recién subastados, pálidos, mortecinos. Incrédulos e indulgentes a tu estío. No me representas mucho, pero ya sabes, estaba la luz apagada y yo sin ropa, con algunas dudas amoratadas sobre el abdomen. Yo te esperé, con mi sangre te esperé, casi desnuda. Con la luz apagada. Y tienes suerte, que me haya dado tiempo de escribirlo.
jueves, 4 de septiembre de 2008
Para siempre contigo
Pero contigo amor, para siempre, contigo.
Prosa a la Waltz de las horas gordas
martes, 2 de septiembre de 2008
De nada del amor
Vamos a hacer eso, pero no hablaremos de amor. De nada del amor. No buscarlo, no invocarlo, ni siquiera mencionarlo. Nada que tenga que ver con el amor. Vamos a ser pacientes. Tú, tomaras mi mano vacía y mi boca, para bebernos las posibilidades. Para ver si así, ya aprendo –yo nada más- como se hacen las cosas. Cómo se hace el amor. Porque veras, hay veces, que uno, premeditado, iluminado, loco, incapaz; dice: yo sé muy bien del amor. Yo amo, yo te amo. Y así, uno dice esas palabras. Pero no se sabe nada, en absoluto. Yo era – yo soy – de esas personas que se desnudan muy pronto. O a veces, todo lo contrario, me hilvano rostros, me hago rostros nuevos que arrastro y ofrezco sin vender nunca. Y pienso, yo pienso que estoy exhausta. Es importante aclararlo, notificarte desde ahora. Que vamos hacer todo eso que tú quieres, pero no hablaremos del amor. De nada del amor. Aunque confieso que podría ser débil. Me puede la poesía de Jaime Sabines, a veces, podrían vencerme las utopías de mí, y no de ti. Voy a fantasear a los parques, los cafés con olor a tango. Las revistas literarias. Lo que fuese medio ideal. Voy a fantasear incluso, a Chopin y sus falanges. A los coristas, mi llanto anunciado en los auditorios. El punto y aparte, después de haberte escrito un poema pésimo y muy largo. Ahora no sé. Imaginar hace daño. Por eso digo, me digo y te digo sin que sepas y a pesar, que no hablaremos del amor. Nunca, no te lo recetaré nunca. Ni en los sábados, o los domingos que alguna vez han sido nuestros. Pocas veces. Pero bastante nuestros. Yo, fingiré no estar volviéndome loca por la soledad de ti, tú, por favor, sigue siendo lo mismo. Confundido y mediocre. Que tanto bien me hace, para ayudarnos, para ayudarte…a que todo esto, no tenga ni un susurro, una manta caliente, que no tenga ni un color, ni una sonrisa. De nada. Y sobre todo, de nada del amor.
Foto: Lilya Corneli
lunes, 1 de septiembre de 2008
Nota
Ese asunto parecía muy sencillo. Yo me abría de piernas una vez a la semana, estaba feliz toda la semana. Y ya. Únicamente eso. Pero la vida no es muy así. Es decir, sí, una abre las piernas y cosas se arreglan, a veces, hasta nacen los hijos. A veces alguien puede pasar a través. Pueden entrar y quedarse, también, si te descuidas. No obstante, aquello es tan insano. Prolifero para el suicidio a los veinte años, denigrante, ellos dicen. Yo misma lo digo. Luego me baja la nada. Y observo que ya no, ya no vamos a proceder con eso. Voy a guardar mis cositas en la maleta otra vez. Y voy a levantar las carpas que ya estaba desdoblando. Parecía divino todo ese asunto. Sencillo. Pero otra vez me baja la nada, se me destroza el hueco. Me vuelvo así como que mi apellido artístico es Waltz, siempre no, ya…siempre no.
domingo, 31 de agosto de 2008
El sosiego
sábado, 30 de agosto de 2008
TODO SE ESTANCO. Era así, vacío, demacrado, inútil. Lo que fuera que sea eso, está estancado y vacuo. Moribundo. Es bello el viernes si hay tormenta, si por la noche me viene esa mujer desde arriba, cayendo. Y me dice que sus pestañas, no sé qué rayos. Sólo me habita el sonido de las aspas de ese ventilador, otra mujer, y otra…cantando. Este silencio de recamara soltera y nada más. Me puede el silbato del velador y, esa nada. Profunda. Y las certezas que jamás conoceremos. Los hombres, las mujeres. Esa evidencia de que todo es dudoso y cierto, estancado. Que no vamos más, ya no vamos. Me duele la cadera de moverme, lasciva, por las noches y no vienes. Me duele el pulmón derecho de todo el aire atiborrado de esperarte, cansada. La puerta rota, la mano rota, de tocar tan fuerte y tú no abres. Y la basura incandescente que llena los cuartos con tristes llamas que nadie vino a apagar, nunca. Me duelen los huesos con los que a lo mejor, todavía, te amo. Como te has de imaginar que amo yo. Y es, una pena.
Todo se estanco en una semana. Es como cuando llueve lento por días, pero seguro. Como esa bolsa que fuiste llenando de granos perfectos, dos por día, durante dos años. Un hoyo, eminente. Era así, hondo, preciso hacia el suelo. Hasta percusionista su rebote.
Y ya no lo quiero más. Te lo digo así, de la única forma en que pueden decirse estas aseveraciones: Ya no lo quiero más. Todo es una montaña de rocas amontonadas, donde ya no te busco. Ni tú me buscas. El amor mismo ya no nos busca. Es que él sabe de estas cuestiones. Sabe de las hojas debajo de las puertas en otoño, principios de invierno. Sabe de las cartas que nunca serán enviadas, y peor, que ya no fueron escritas. Y a él le duele, le duele sabernos con todo el pecho sangrando ya, por fin, ya, a la posibilidad de abrirle paso a nuestra vida nueva, que nunca viene. Y nadie correrá a salvarlo. Al menos no tú, ni yo. O todo eso estancado, de cuando somos, “juntos”.
Vacíos, demacrados, y de verdad, inútiles.
viernes, 29 de agosto de 2008
Me es increíble soñar contigo. Era una cosa más o menos así, yo, con el aspecto hippie de siempre, los verdes…los rojos. La cintita en la cabeza. Me regalabas una sonrisa que se compra muy cara en esos tianguis de “no sé qué”. Yo preguntaba: ¿hey, de aquí para acá es tuyo? Y tú respondías: sí, de aquí para allá es mío. Y me gustabas, yo pienso que tú me gustabas y mucho. Luego yo trataba muy mal a una mujer, ella lloraba. Te buscaba por todo el aeropuerto. Arriba, debajo las escaleras. Por la cafetería, donde dice “Arrivals”. Había esas playas con arenas blancas atravesando el sueño. Un cabello largo, no sé si tuyo o mío. Alguna vez, jugaba con esos aparatos donde examinan el equipaje. Yo creo como ayer vi en televisión, a esos terroristas asustar a niños vietnamitas, tuve que soñar con otros terroristas, que nos asustaban a nosotros. A los otros nosotros, los del sueño. Los absurdos, los hermosos. Apenas dolientes. Al menos en los sueños nos vemos. Me sonríes al dos por uno. Con unos pómulos eternos, o algo así como una cara ficticia inalcanzable. Me gustaba mucho el color de tu piel, una cosa así, étnica, de que “somos latinos”. Ahora todo me asusta. Porque cuando desperté, tuve que estirar mi pequeño brazo. Desde las sabanas, hasta donde se encontraba el libro de Sabines. Tuve que leer a Sabines. Como si yo te lo leyera y a esa hora. “Me amaneces, dentro del corazón, calladamente”, decía. Como si Jaime Sabines supiera (o haya sabido), las quimeras que me ando inventando ahora.
Foto: Deviantart
lunes, 25 de agosto de 2008
¿Cuánto tiempo llevamos?
Has pensado, amor, mi amor…
cómo es el día, cuantas las horas
de donde allá y a la distancia de las horas,
de siempre entonces hasta la ausencia,
los días de hastío, multiplicados.
Veníamos tranquilos
con vasijas llenas de nuestra sangre,
sencilla, infantil, tan de antes…
Teníamos el corazón lleno de venas
por todas partes,
la mirada vacía de las cosas airosas
y el pecho lleno,
de un no sé qué vivo,
como un incendio que arde…
Corríamos de aquí para allá
con nuestro amor, joven sinfónico.
Éramos abismo de la gente,
furia encarnecida en nuestro llanto.
La sutileza desquebrajada en lo imposible.
No creíamos, entonces,
que invocar el pensamiento
dentro una brecha
era suficiente para el daño, irrefutable
y al hoy vencido,
no sé ni a cuantas horas de distancia
…………………………..está mi nombre.
Ni tu nombre,
ni un espacio calvo de tu nombre
yaciendo
………………….sobre mi mano.
Sólo conozco el día
y los abrazos que nunca nos damos,
tu sonrisa tibia que no me llena la boca,
la rutina tan fija al retraso de decir:
ya he llegado, amor, he llegado.
Yo he pensado en nosotros,
esto, nosotros
y el tiempo, los segundos y las horas.
Tan leves e indiferentes como una pluma,
tan simples como las ondas…
y que aún no alcanzan a llenar nuestros vientres hambrientos,
desnutridos, llenos y con hambre .
Somos tan lentos, amor
… ……………………apacibles.
Hermosos seres cambiantes.
Yo nos amo. De veras, nos amo.
Pero, ¿cuánto tiempo llevamos?
………………..Adentro, afuera.
Por encima y por abajo.
Sin nosotros, cansados,
de amarnos sólo a nosotros
y a nuestra avidez insaciable…
Y cuánto más nos escribimos
está historia exorbitante,
hasta dónde el grito de la ruina,
el quejo, el nulo instante que nos viene
… ¿Cuánto
……….tiempo
………………..llevamos, amor?
y hasta cuándo continuamos,
con este esqueleto de palabras,
que todavía nos sostiene…
viernes, 22 de agosto de 2008
V
jueves, 21 de agosto de 2008
IV
De allá, de tu sonrisa,
hasta el abdomen creciente
en mi cuerpo de pájara.
Por aquello a lo que llamamos
libertad de espíritu o de cuerpo,
por eso, de tener alas encarnadas,
hondo en el abismo de la espalda.
La idea de ser de ti, es
caminar atada a una hermosa cuerda
con jirones tuyos. Del ser tuyo al ser mío.
Como que no existe espacio;
ni esa piel que nos separa estorba
o que nos estorba separándonos.
No me molesta incluso,
la jaula que suponen
las paredes de tu cuerpo,
y los túneles, separados por tus muslos,
pasillos con una oscura profundidad,
vacua donde seguro tienes más cuerpos halando…
o encajados muy adentro.
miércoles, 20 de agosto de 2008
III
Cuando un tema de South San Gabriel,
me gusta demás y lo escuchamos,
como si estuviésemos vivas solo para eso,
y sólo para eso.
Después de caminar toda la tarde
y el cielo es tan de humo
sobre esas calles empedradas
con cercas verdes por la hiedra.
Después, de haberme presentado a sus amigos
y el “disculpa si no te toca,
es que es muy maniática”.
“Adiós Jazmín”. Adiós y ya.
Ah…es grato pensar que descanso
después de un largo día
y en sus piernas.
Y llorar nada más
por que podemos hacerlo,
ahora podemos hacerlo
y vernos la cara,
hinchada de tanto desear
que el resto de la vida no se termine nunca
…una llora en momentos como esos
por que esta vida dure, se llora,
por que el cuerpo está tan lleno de luz…
que no soportas pensar ni un instante
cómo sería soltarla de una vez…
y de hecho, que todo esto fuera cierto.
lunes, 18 de agosto de 2008
II
Gusto de pasar la tarde viajando en un automóvil corriente.
Cuando aún el sol, y a miles de kilómetros, se duerme o muere,
clandestino.
Y el ambiente se torna de un color amarillo verdoso,
bajan esas cortinas de metal en las tiendas,
alguien transporta varias cajas con ropa.
Y yo, distraída, cierro mis ojos justo en medio de la calle,
para afirmar que mis tardes
………siguen siendo, absolutamente tuyas.
domingo, 17 de agosto de 2008
I
viernes, 15 de agosto de 2008
Un día de estos vas a entender...
Pretty woman, look my way
Pretty woman, say you'll stay with me
Cause I need you, I'll treat you right
Come with me baby
Be mine tonight ...
miércoles, 13 de agosto de 2008
Coherencia
Me pregunto ahora por qué no te doy todo el amor que te tengo. Pienso un poco en que, no te lo doy por que así está bien, si te lo doy morirías y yo contigo. Me he atado de pies y manos para no devorarte cuando te encuentro, cuando te veo, cuando te siento presente en mis pasos. Sobrevolando las horas sin sueño, incluso los instantes de fiebre…y aquella inflamación de labios y sudor a media noche. Me pregunto, cómo es que no te digo con aspecto cansado, que pienso en ti cuando leo una novela sobre la guerra civil española. Que pienso en ti cuando despierto y todavía, me fluyes desde las entrañas esperando un derrame de versos difuntos que caben bien en los oídos. Que pienso en ti, cuando muerdo una uva y todo su jugo viaja caudaloso a través de mi lengua, y pienso entonces que es tu lengua y me esclavizo un momento a tu boca, como si tu boca me besara de veras. Entonces me detengo, tengo como un asma improvisada que nunca he tenido, trago saliva y quizá lloro un poco, por qué amanecer aquí nunca ha sido bello o muy “café y cigarrillos”. Mientras sigo haciéndome preguntas y no me respondo. Parece una duda insondable siempre por la vida y sus personas, y sus momentos de infamia. Me imagino leyendo sin fin hasta que escuches, comprendiendo, que no hay nada más aquí que aquellos trazos moribundos, extasiados por tener una forma de tres dimensiones y que alguien como tú, o como yo, les acaricie la esquina que les duele e incomoda… Ah…a ratos es fácil saber por qué no te doy todo el amor que te tengo. Si pienso y me detengo al son de un Saxofón cualquiera, al sonido saliente de una habitación vacía y nada más….por que no eres. No eres aquello que se sueña cierto día muy preocupado. Tuve ese día, cuándo. Las tardes venían forradas de un terciopelo viejo y oloroso a encarcelamiento prolongado. Y desaparecíamos. Tuvimos un segundo para pensar en el sí o en el no. Tuvimos un segundo nada mas, para decidir, de allá para acá, todo esto. No sabíamos, digo que no sabíamos en realidad. Ahora me veo con una bolsa de SOHO esperando en la parada del autobús azul -llorando un poco -pensando en todas las maneras en que pudimos hacerlo mejor. Cómo arrancarse la cara, esa cara ajustada tremendamente deforme. Me veo, de nuevo ahí esperando, cuando se me dobla mucho el cuerpo, este cuerpo pequeño siempre a la derecha, desde la cintura hasta donde alcance llegar el mismo cuerpo. Nunca es mucho. Nunca es demasiado como ese amor que no te doy ni te daré nunca. Por que es sencillo, aquí jamás se hace un espacio para lo que ya no viene, aunque se le piensa. Se le ve desde una ladera congelada, y se lucha contra la gravedad de lo que sigue. Aun. Aquí nunca serás como un refugio, la casa vieja de algún pueblo lejano, ni serás el amor. Serás nada más un punto frágil en el mapa de mi torso. Donde a veces clavábamos el destino y la estancia. Yo, te invocaba desde la ventana de autobús, tarareando la voz de Tom Waits y no pensando exactamente en ti, por que Tom Waits le pertenece a otra persona. Pero te invocaba mientras revisaba la bolsa de SOHO y olía lentamente ese morral de Sarajevo, sin embargo era todo tan igual. Tú serás, el lapso caótico de una tarde, o de las mañanas cuando en toalla y con lentes viejos, te escribo. Mi llanto, mi alegría, todo lo que pude dar que no te doy. Un diminuto escozor en mi boca que delata que eres tú, nada más tú. Un dormitorio hueco de susurros de los “te amo…cómo te amo”. La mujer que espere siempre. Y este dolor profundo que nace, cuando lo sé, cuando me doy cuenta, que no lo eres.
domingo, 10 de agosto de 2008
Estoy, abandonándome.
Estoy, abandonándome. Te abandono. Pienso en un escrito que te he hecho donde digo “estoy enferma de ella”. A veces es todo muy así. Muy miércoles, jueves y viernes por la noche. Todavía más el viernes. A las seis de la tarde, ensayo para el día de la graduación, y que mierda. Ni siquiera me ven en la fila y cuando de repente sale una maraña con pelo ya saben que estas ahí. Ahí de la única forma en que puedes estarlo, medio, y con ella. Medio ahí y simplemente afuera sentada por última vez en ese estacionamiento. Estoy abandonando todo y tengo un mes con dos semanas para hacerlo. Por ahora vamos en dos autos diferentes a cenar a sitios, que si bien no son buenos restaurantes, tienen unos bonitos faroles dentro y todo mundo anda uniformado, te habla muy de “señorita, qué desea”. Donde, algunas mujeres suenan como si fueran las dueñas de Tampico o al menos de
Sé de lo bellos que son los amigos. Ya en el 4º bar de la noche, el mejor, todos bromean acerca de mis jodidos pechos, que si los presto, los acomodo o los muevo al son del reloj y del baile. Pero son tan bellos, los amigos son tan bellos a esa hora. Se paran tan caballeros, y te invitan a bailar por que jamás irías tú a invitar a alguien, ni tampoco le dirías que sí al de la mesa de junto. Pero igual, nadie va. Y es que he de ser muy fea. Rodrigo debe mentir mucho o estar muy al pedo cuando dice: si me das un beso, te compro tus cigarros. Y es tan rápido mandarlo muy lejos, a pensar mejor lo que dijo. Él está bromeando, lo sé. Ha de ser hermoso cuando miente. No sé yo.
Estoy abandonándome, lo siento, por qué ya como a las cinco nos paramos en cualquier puesto pequeño a pedir de favor me dejen entrar a su baño, claro, Rodrigo lo hace por mi. Después, vuelve a restregarme lo que pierdo rechazando ese beso. Lo bueno que no confío en nadie, ni él tampoco. Y Marcos me pregunta súbitamente por quién lloré el sábado pasado, que él haría cualquier cosa por mí. No le he dicho nada. Con él aún me falta valor o simplemente para todo, a las seis de la mañana y por las calles de está ciudad, no hay ganas para ese “todo” que podría hacerse. Aunque ya te han llevado a comer a Tortas “YOYA” y somos fugitivos de los tipos que manejaban un Jetta. Al pasar frente a la laguna, viendo el amanecer…no sabía dónde me había dejado, no sabía…
jueves, 7 de agosto de 2008
Ah...ahora que recuerdo...
martes, 5 de agosto de 2008
Yo no puedo, justo ahora.
domingo, 3 de agosto de 2008
Tanto alcohol moderado
Vamos a ver… Sí, la cosa está así. He descubierto de pronto que “tipo así” me he vuelto alcohólica y ya no me está gustando. Digo, por que todo mundo espera eso de mí… y eso es tan aburrido. El otro día mientras daban Una mente brillante, el chico genio amigo del personaje de Crowe, explica que la “cruda” no es más que un estado donde, en realidad, es como cuando vas a morirte. Luego la resaca matutina mereció un respeto especial. Hice entonces, la cara de Amelie Poulain después de tomar aquellas fotos toda la tarde, mientras mira los desastres provocados en el televisor….el choque, un incendio, el caída de un avión. Sólo Amelie lo entendería…si…Ah sí, la resaca matutina o más bien, de esas a las 12:00 p.m. cuando aún estoy más arriba que abajo. Cuando aún resuena en mi cabeza lo simple que pareces cuando estás muy drogada. Y lo inútil que me hago yo, nada más, por llamarte. Y aún no me levantaba del piso. Ya para cuando llegó Marcos, él sabía que la cosa había estado feroz. Que si toda la botella de Vodka, que si a lo mejor la rubia llevó un hombre, por que ya sabe, que yo por ahí no le pego. Que si ya confesé por fin que eres tú lo que me mata. Si cuando llamé, ella sólo dijo: cuando tú quieras contarme…lo harás. Y que me abrace, así…con el “ya…ya…llora, anda llora”. Es increíble cómo, cómo, cuando estás al pedo te observas desde afuera en una escena muy corriente, diciendo ¿esa soy yo?, esa que llora ahí, ¿soy yo? o...are you talking to me? Oh sí, te ves desde afuera y lloras. La rubia es en ese instante la cosa más adorable que existe sobre la faz de la tierra. Y no pregunta nada, ni dice mucho, si acaso: le hubieras dicho nada más “¡pues chinga tu madre!” y bueno, yo no lo haría. Que a lo mucho digo carajo, o “puta madre”, pero que con la tuya no me meto. Aunque somos tan México. Y me encanta, yo no me voy a ningún lado. A ti te ofrecen el mundo para habitarlo, pero yo, aquí me quedo. Me quedo aquí con mi descubrimiento del alcoholismo, y de cómo el cine me gobierna la vida. Al menos es domingo, por que hoy veo cine japonés a las diez de la noche y de pronto, quizá, me olvide del alcohol, de que no he comido, de que a lo mejor mañana en la universidad me dará un poco de vergüenza ver a la rubia. Ya que, cuando yo reciba un mensaje en el móvil y haga esa típica sonrisa muy Waltz, ella me dirá despacito;
“dile chinga tu madre…respóndele...chinga tu madre”. Y bueno, yo no puedo.
viernes, 1 de agosto de 2008
Cuando a veces pienso



